Diario Vasco

Túnez, 13 jul (EFE).- Las privatizaciones y la corrupción en la "Farmacia Central", la institución pública que posee el monopolio de la importación de medicamentos, amenazan con llevar a la ruina al sector sanitario público, el último en verse por sacudido por la aguda crisis económica que padece Túnez y las políticas de austeridad emprendidas por el Gobierno.

Así lo denunció a Efe el vicepresidente de la Organización Tunecina de Jóvenes Médicos (OTJM), Aymen Betaieb, quien insistió en la necesidad de que se tomen "medidas urgentes para salvar los hospitales públicos nacionales", que se encuentran al borde del colapso.

"La penuria afecta en todas las regiones y a todos los niveles, desde lo más básico como anestésicos locales, compresas y guantes estériles como aquellos medicamentos para tratar enfermedades graves", afirmó.

"La causa es la corrupción en la Farmacia Central y el robo en los hospitales. Existe un sistema de control, pero no es efectivo, de forma intencionada o no", señaló.

Contactados por Efe, ningún responsable de la Farmacia Central del Estado ni del Ministerio de Salud quiso hacer comentarios sobre un problema que ya ha generado pequeñas protestas populares en las calles.

Betaieb denunció, asimismo, una plan para "privatizar" la salud pública, tanto en los que se refiere a los servicios hospitalarios como en la formación de los residentes, y la falta de "interés" en la adopción de una ley que criminalice la violencia contra el personal médico, en aumento en los últimos años.

"Los hospitales cuentan con pocos o ningún agente de seguridad, por lo que son numerosos los ataques contra médicos, a lo que se suma las débiles sanciones", explicó.

"Hace un año pedimos al gobierno formar parte de un comité para la creación de esta ley pero desde entonces no hemos recibido ninguna respuesta ni sabemos qué ha sido de ella", se quejó el joven médico.

El problema salió a la luz a principios de 2018, cuando varios sindicatos del sector farmacéutico denunciaron la escasez de fármacos y que puso en duda la gestión de la Farmacia Central, vende a precio fijo, con independencia del precio del mercado.

Tras meses negando la situación, el ministro de Salud, Imed Hammami, admitió implícitamente la "penuria" al pedir calma a la ciudadanía y anunciar una inyección de 162 millones de euros para "necesidades urgentes".

Según los expertos, entre los factores de esta crisis se encuentra los continuos retrasos en el reembolso a los laboratorios extranjeros, principalmente europeos, que amenazan con incluir a Túnez en una "lista negra".

A la acumulación de las deudas se ha sumado la fuerte devaluación del dinar, que ha obligado a la Farmacia Central, a absorber el aumento del precio de los medicamentos importados por lo que su déficit pasó de 6 millones de euros a finales de 2016 a 68 millones un año después.

Una crisis que también afecta al sector privado: entre 200 y 300 medicamentos se encuentran agotados o en cantidades reducidas, incluidos antibióticos y antidepresivos, según denunció hoy a la agencia oficial TAP el Sindicato Tunecino de Propietarios de Farmacias Privadas.

Todo ello se conjuga en el marco de una aguda crisis económica general, resultado de una transición desde la dictadura que han sido exitosa en el aspecto político y frustrante en el plano de los derechos y la economía.

Siete años después de la revolución que dio origen a las ahora marchitas primaveras árabes, persisten los dos principales problemas económicos de la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali: el paro y la corrupción, endémica en el país.

A ello se sumaron los atentados yihadistas que en 2015 segaron la vida de 72 personas, 60 de ellas visitantes extranjeros, y hundieron el turismo, uno de los pilares de la frágil economía tunecina.

En 2017, el actual gobierno aceptó un préstamo por valor de 2.500 millones de euros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central a cambio de austeridad y recortes que ha desatado una ola de indignación y protestas en todo el país.

Y que mantienen al actual Ejecutivo en el alambre, presionado desde diferentes sectores por los sindicatos, motor de las protestas contra Ben Ali y todavía hoy muy influyentes en el país.