Diario Vasco

Madrid, 12 sep (EFE).- En su exposición "Rosi Amor", que se inaugura mañana en el Museo Reina Sofía, el artista barcelonés David Bestué asigna diferentes materiales y técnicas escultóricas a los barrios madrileños de Las Tablas y Vallecas, y al Monasterio de El Escorial, para evocar cada uno de ellos.

Bestué ha explicado hoy durante la presentación de la muestra que su interés como escultor recae más en el material que en la forma, por lo que ha intentado contraponer en la primera parte de la exposición materiales "fríos" como el metacrilato, que se corresponde con el barrio de Las Tablas, con materiales más orgánicos que encajan con su visión de la zona de Vallecas.

Para el artista, los barrios "empresariales" de Las Tablas y Sanchinarro, que se representan en el prólogo de la exposición, son lugares que "simbolizan el poder" y cuyos edificios de oficinas "desprovistos de estética" encuentran su correspondencia en péndulos y planchas de metacrilato cortado con láser, formas modernas y materiales "desprovistos de afecto".

En la segunda sala, Bestué se aleja por completo de esa visión para mostrar sus "poemas de resina", objetos hecho a base de resina y materiales pulverizados que van desde el plátano, hasta la sangre, pasando por un fragmento de la estación de trenes de Atocha, materiales relacionados de alguna u otra forma con la zona de Vallecas, que el artista asocia con "lo popular".

"Me importa la materia porque es la pervivencia del pasado traída al presente por cualquier objeto. En los 'poemas de resina' lo que hago es licuar la materia, pulverizarla. Al moler un objeto atomizo su sustancia para que adquiera un nuevo cuerpo", explica el artista.

Con esta materia transformada, el artista busca también "evocar lugares y momentos", para generar "un estado de ánimo particular" en el público, que puede ver, por ejemplo, una manzana hecha de ceniza recogida tras los atentados del 11-S de Nueva York, sobre un taburete con partículas del muro de Berlín, materiales reconvertidos en moldes que Bestué consiguió en Vallecas.

La parte final de la exposición está dedicada al Monasterio del Escorial y se ubica en la Sala de Bóvedas, a la que se llega descendiendo por unas escaleras que "recuerdan simbólicamente" el acceso a la cripta del Panteón de los Reyes del monasterio, señala el artista, que buscaba "dar un tono solemne, que recordara a la historia de España".

En ese espacio presenta objetos de diferentes épocas para representar dos visiones de tiempo; "el cíclico", que muestra en una sucesión de barras metálicas de años diferentes ordenados de manera cronológica, y el "centrífugo", compuesto por elementos arquitectónicos de varios periodos artísticos desordenados en un mecanismo de reloj.

"Son formas carentes de contenido, cáscaras del pasado que se pueden manipular porque están muertas", señala el escultor sobre los objetos que reúne en la Sala de Bóvedas, que remiten "a una España del Imperio, de lo católico, lo pesado y lo duro".

La sala contigua alberga, por último, un "resumen de la exposición", que contiene elementos cortados con láser, como en la primera sala, otros "poemas de resina", como en la segunda, y objetos de épocas pasadas, como en la tercera, dispuestos como en "un patio andaluz en el que puedes sentarte a estar tranquilo", concluye el artista.