Diario Vasco

Empezar la semana con una máxima

Sevilla, 8 nov (EFE).- El escritor Jesús Cotta, profesor de enseñanza media, ha publicado bajo el título de "Cometario" (Isla de Siltolá) sus aforismos, un género al que ha aficionado a sus alumnos, ya que cada lunes les escribe en la pizarra una máxima de un clásico y, cuando se le olvida, ellos se la reclaman.

"Desde que empecé mi trabajo como profesor, hace ya veintitrés años, inauguro cada semana de clase escribiendo en la pizarra una máxima o frase célebre, que siempre procuro que sea esperanzadora, iluminadora, que abra caminos en vez de cerrarlos; a los adolescentes les encantan las máximas cargadas de mensaje", ha explicado Cotta a Efe.

La afición es tal que, ha asegurado el escritor y profesor, "algunos incluso se han llegado a tatuar algunas de esas frases, de lo mucho que les han gustado".

"Ellos han alimentado sin saberlo esta afición mía a escribir aforismos y me han confirmado en mi propósito de que, por muy buena que sea una idea mía para un aforismo, no lo puedo dar a la luz si un adolescente no lo puede lucir con orgullo y sin vergüenza mía en un tatuaje", ha añadido.

Autor de "Rosas de Plomo", el reeditado ensayo sobre la amistad entre el poeta Federico García Lorca y el fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, Cotta ha asegurado que tiene "el defecto de no soportar el pensamiento fácil y tópico".

Por ese motivo, sus aforismos buscan "todo lo contrario de esas tontadas del tipo 'Sé tú mismo', 'Lo importante es ser auténtico y fiel a ti mismo' o 'No me arrepiento de nada'".

Aunque ha advertido que tampoco está dispuesto "a disparar contra cualquier cosa con tal de lograr una frase ingeniosa a toda costa; siempre me ha disgustado la gente que pone su agudeza y su ironía al servicio de pasiones innobles o para ridiculizar a la gente o para estropearnos las alegrías, las esperanzas y las ilusiones".

"Mis aforismos tienen vocación de estrella para la mano del niño perdido en el bosque", dice.

Así, no ha buscado "un libro de frases ingeniosas, sino una guía filosófica de lemas íntimos, con mucho de espiritualidad y nada de autoayuda; ojalá que al menos uno de mis cometas guíe a alguien en la noche de su vida y que al menos una de mis cometas alegre sus días".

La del potencial tatuaje es una de las pruebas a las que somete a sus aforismos antes de darlos por buenos, la otra prueba la denomina "de la secta": "Si una secta adopta un aforismo mío como máxima y deja de ser peligrosa, el aforismo vale la pena; y si un adolescente se lo puede tatuar en el brazo y, cuando sea mayor, se lo puede enseñar con orgullo a su hijo, también".

Cotta ha considerado que "el gran peligro del aforista" es "dejarse engatusar por los fuegos de artificio de los juegos de palabras, por las combinaciones ingeniosas, por el morbo del francotirador, caiga quien caiga".

Y para facilitar su lectura a los más exigentes, los ha clasificado por temas, según sus propios intereses -la poesía, la muerte, el cuerpo, Eros, la verdad, la mentira, el dolor, la alegría- como si se tratara de "islas agrupadas en archipiélagos".

El título de "Cometario" se debe a que, como escritor, Cotta dice sentirse "como si estuviera en la misteriosa Nube de Oort, de donde vienen los cometas", y porque cree que sus aforismos son "como esas cometas que los vientos más alegres elevan y los niños llevan por campos abiertos y soleados: unos cometas para guiar en la noche y unas cometas para celebrar la luz y la vida".

Cotta se ha atrevido a espigar unos cuantos de su libro: "Con amor el sacrificio cuesta menos, pero vale más"; "Finja o no el poeta, el poema no puede ser fingido"; "Sobre mi cabeza, solo el cielo; a mis pies, toda la Tierra"; "La inspiración no se merece ni se trabaja. Te llama si estás ahí" y "Escribe borracho y corrige sobrio".