Diario Vasco

Madrid, 9 jun (EFE).- Desde hace más de 200 años, la poesía en Polonia siempre ha sido símbolo de la identidad nacional. Con dos premios Nobel muertos, Czeslaw Milosz y Wislawa Szymborska, y otro grande, Zbigniew Herbert, también fallecido, el panorama hoy es el de "una poesía muy diversa y sin ningún líder", según Marcin Kurek.

Y es que Polonia es el país protagonista este año de la Feria del Libro de Madrid, donde el poeta Marcin Kurek (Swiebodzin, 1970) ha presentado su poemario "El sur", publicado en español por Bartleby Editores.

Un libro considerado "el gran poema de la modernidad" por el traductor Xavier Farré, autor del prólogo, y galardonado en 2010 con el premio de la Fundación Koscielski, una de las más prestigiosas de Polonia, que está formado por un solo poema largo, en el que su protagonista cree que está en sus últimos momentos de vida después de saber que ha bebido de una botella de agua con una rama de adelfa, una de las plantas más venenosas.

Desde ese momento comienza un poema río con un viaje a su interior que le lleva al autor por Europa, España incluida, en un descenso a los infiernos en cuya trayectoria también se entera de la muerte de los poetas Milosz y Herbert.

"En Polonia siempre ha habido una tradición con el poema largo, desde la poesía romántica del siglo XIX, y eso identifica mucho a mi país, pero para mí ha sido un reto, es más parecido a escribir una novela, no se trabaja como el poema corto y se sigue una pauta más teatral, más musical", subraya a Efe Kurek.

Para seguir estos meandros poéticos de Kurek, muy en diálogo con grandes poemas como "Tierra baldía", de T.S. Eliot, el lector también tiene que entrar en la autoficción, en la verdad, en la experiencia del autor personaje, en las verdades de sus mentiras, donde mezcla vivencias con sueños.

Kurek, en este largo viaje que emprende, se entera de la muerte de Milosz y Herbert, pero aclara rápidamente que con este hecho no tiene "ninguna intención de matar al padre o a los padres, como han dicho algunos", sino que sucede porque han sido dos de los más grandes poetas y de vital importancia en su vida".

"Ahora quedan poetas de 50 o menores de 50 -aclara-, pero no hay ningún líder. Hay muchos poetas jóvenes, más haciendo novelas, pero el tiempo para la poesía es otro. Un tiempo influenciado por la tecnología, por internet, donde hay mucha oferta y donde nada pasa por ningún filtro, ni por un editor o por un agente, y, claro, hay mucho, pero muchas cosas que no son buenas".

"Hace veinte años la poesía dominante era muy difícil, nada complaciente con el lector. Ahora todo se ha convertido en una especie de juego", matiza este hispanista, profesor universitario que enseña literatura latinoamericana, traducción y escritura creativa.

Kurek piensa que este juego o esa experimentación más frívola tiene que ver con una especie de "deseo por recuperar las vanguardias históricas que Polonia no tuvo en los años 30 porque nunca hubo esa burguesía necesaria".

Polonia está este año presente tras la designación de la ciudad de Wroclaw como capital europea de la cultura y capital mundial del libro por la Unesco.