Padres perdidos en la red

Recurren a detectives para conocer las ‘cibercompañías’ de sus hijos

NEREA AZURMENDISAN SEBASTIÁN
Gran parte del trabajo de los detectives como Arantza Busto transcurre delante de un ordenador. :: Aygües/
Gran parte del trabajo de los detectives como Arantza Busto transcurre delante de un ordenador. :: Aygües

Mañana, Día Internacional de Internet Segura, arreciarán los mensajes sobre los riesgos que entraña la red para los más jóvenes, y las declaraciones oficiales o oficiosas se sumarán a todas las que se han hecho hasta la fecha. Porque se han realizado infinidad de campañas de información, concienciación y sensibilización; han sentado cátedra al respecto educadores, psicólogos, sociólogos, policías, jueces.... Y, por supuesto, se han publicado muchos libros e infinidad de artículos y se han redactado cientos de estudios, informes, encuestas y estadísticas.

Por falta de información, por lo tanto, no será, pero también en esta materia la realidad es terca, y se manifiesta en datos como los que, por enésima vez, han trascendido en las últimas semanas. Datos que dicen que, por ejemplo, el 63% de los adolescentes europeos de 14 a 17 años ha contactado a través de internet con gente a la que no conocía de nada. O que el 21,9% de chicas y chicos de esa edad con bastante más frecuencia ellas que ellos han sido objeto de acoso en la red.

Ayer mismo, en el II Congreso Joven y en Red que reunió en Madrid a adolescentes y expertos se dio a conocer un estudio realizado por diversas universidades europeas y la asociación Protégeles cuya web protegeles.com es un valioso recurso para todo el que se sienta concernido por esta cuestión, que revela que el 13,3% de los adolescentes españoles han sufrido algún tipo de acoso cibernético y, lo que no es menos preocupante, que el 47,8% de las víctimas tienden a reproducir esos comportamientos y «a asumir el maltrato como forma de relación válida».

Los propios jóvenes reconocen que la cautela y la prudencia no son sus puntos fuertes y admiten que «por norma general son poco discriminativos a la hora de aceptar amigos y que un número elevado de estos amigos aumenta las posibilidades de sufrir experiencias desagradables». No son los únicos: una encuesta de Microsoft ha desvelado que el 84% de internautas españoles no se protegen suficientemente cuando navegan.

Miedo e impotencia

Esos datos, como otros que ponían de manifiesto hace unos meses que el 68% el porcentaje se había duplicado en tres años de los adolescentes vascos accede a las redes sociales a diario, seguirán dando lugar a campañas, charlas, artículos, libros, hipótesis y tesis. Pero no serán esos sus únicos efectos. Seguirán alentando los temores de padres y madres, a menudo desbordados por la situación. Y, de rebote, seguirán haciéndose un hueco en las agendas de los detectives privados, a quienes los padres perdidos en la red demandan cada vez con más frecuencia ayuda para adentrarse en un territorio que para sus hijos e hijas es una segunda casa, cuando no la primera, pero para ellos es tierra incógnita.

Quien tiene más de una tarea de esas características en su agenda es Arantza Busto, de Investigaciones Privadas Nor. Forma parte del creciente colectivo de mujeres el 30% de los detectives en activo, según datos de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, presidida por una mujer que se abren paso en una profesión tradicionalmente vinculada a habilidades masculinas, que también está cambiando y abriéndose a nuevos perfiles.

Hace ya años que el seguimiento a hijos, figura en la carta de servicios habituales de este tipo de empresas, compartiendo menú con, por ejemplo, cuestiones relacionadas con absentismo laboral, control de bajas, supuestas infidelidades y, en general, todo aquello que tenga que ver con sospechas que los ciudadanos particulares no pueden resolver por sus propios medios y no siempre parecen lo suficientemente relevantes como para ser puestas en conocimiento de las autoridades.

La incertidumbre y el miedo son, invariablemente, los factores que impulsan a un padre o a una madre a recurrir a un detective para que les aclare con quién y/o en qué andan sus hijos e hijas. El hecho de que desde hace unos años una parte significativa de la vida de los más jóvenes sea virtual ha añadido un tercer factor a los dos anteriores: la impotencia derivada de reconocerse incapaces de adentrarse en ese nuevo espacio. «La preocupación ha existido siempre. También antes cuando nos llamaban por teléfono y la madre cogía el supletorio para enterarse de con quién hablábamos...», recuerda la detective.

Pero esos ejercicios detectivescos domésticos ya no bastan, «porque con las redes sociales los contactos no se limitan a la gente de referencia, del barrio, del colegio o del equipo que en el mundo físico es relativamente fácil de controlar». Los seguimientos de hijos puros y duros se siguen demandando «sobre todo por parte de padres que están preocupados por cuestiones relacionadas con el consumo de drogas», pero lo que aumenta es el número de progenitores que temen tanto o más a las amenazas que proceden del mundo virtual, donde nada es forzosamente lo que parece y la ingenuidad se puede pagar muy cara.

«Somos el último recurso»

Arantza Busto, que es requerida para ambas tareas, relativiza las cosas y, basándose en su experiencia, no cree que haya tantas razones objetivas para la alarma. «Las preocupaciones no siempre suelen estar fundadas, a menudo se magnifican las cosas. Como casi todos los casos son iguales, una de las cosas que suele quedar clara es que no hay tanta diferencia entre lo que hacen en la calle y lo que hacen en la red. Al final, la vida virtual es una extensión de la vida real», asegura. En lo que respecta a la calle, «hay que estar tranquilos, se hace más o menos lo que se hacía hace veinte años», afirma. Reconoce, eso sí, que se mueve más droga y entre gente más joven, «sobre todo hachís», una sustancia cuyo consumo se ha convertido en algo aparentemente rutinario entre los adolescentes.

Tanto en lo que respecta a las dudas referidas al mundo real como en las que tienen que ver con el virtual, tiene muy claro que «los detectives somos el último recurso. Para cuando salta la liebre, las familias llevan por lo general años preocupadas. Les cuesta dar el paso. Les anima siempre alguien cercano, y muy pocas veces vienen los padres, casi siempre son las madres las que lo hacen. Es un trance delicado, porque te tienen que contar cosas muy íntimas, pero generalmente el resultado es satisfactorio, acaban contentos».

Otro aspecto tranquilizador de su trabajo es reconocer que, por lo menos la red social que más utilizan los adolescentes, Tuenti, «es bastante segura». Esta red, que tiene una penetración del 60,2% entre los adolescentes de entre 14 y 19 años, diez puntos por encima de Facebook, es considerada por Protégeles la red más segura de cuantas se utilizan en la actualidad cuya prioridad es, como reconoce la propia compañía, «proporcionar a nuestros usuarios en un entorno on-line un círculo de relaciones reales con los que son sus contactos y sus amigos de verdad».

Con todo, «la ingenuidad de los quince o veinte años» puede jugar y juega malas pasadas. Arantza asegura, no obstante, que la ingenuidad ante el teclado y los chascos correspondientes no son exclusiva de los jóvenes. Y, muy consciente de que «nosotros generalmente lo que hacemos es confirmar o desechar sospechas que las familias tenían mucho antes de dar el paso», tanto en este caso como en todos los demás recomienda «no dejar que las cosas se enquisten y acudir al detective con más naturalidad, entendiendo que somos un servicio más. Así se ahorraría mucho tiempo, mucho dinero y mucha angustia innecesaria».

Fotos

Vídeos