Comienza la ‘reconstrucción’ de la nao que será embajadora de Donostia 2016

El ballenero San Juan, hundido en Canadá en 1565, es una leyenda de la navegación

MITXEL EZQUIAGA , DV. SAN SEBASTIÁN
Comienza la ‘reconstrucción’ de la nao que será embajadora de Donostia 2016

La aventura ha comenzado. En los bosques de la Sakana navarra se talan ya los robles de los que saldrá la madera necesaria para reconstruir la nao San Juan, el ballenero paisatarra que se hundió en 1565 en Labrador, en la costa de Canadá, y es una leyenda de la arqueología marina, hasta el punto de que su imagen sirve de símbolo para el Patrimonio Cultural Subacuático de la Unesco.

A partir de junio, en el astillero Ondartxo de Pasaia, empezará la construcción de la nave con las mismas técnicas artesanales de hace 450 años. Será un largo proceso musealizado: los visitantes podrán seguir paso a paso el avance de los trabajos. En 2016 la nao estará lista para navegar y se convertirá en embajadora de la capitalidad cultural donostiarra.

«El San Juan navegará, también, con el sistema tradicional que se usaba en la época, sin el apoyo de los medios técnicos actuales», explica Xabier Agote, presidente de la asociación de cultura marítima Albaola, promotora de esta iniciativa que se ha convertido ya en uno de las piezas esenciales de San Sebastián 2016. ¿Por qué? «Porque mira al pasado para lanzarnos al futuro, porque es un proyecto que revitalizará toda la zona de Pasaia y porque, recuperando señas históricas del País Vasco, saldrá al contacto con el mundo», coinciden Eva Salaberria, coordinadora gerente de la oficina de la capitalidad, y Jon Maia, asesor de Donostia 2016.

El viejo astillero de Ondartxo, ya casi en la salida al mar de la bahía pasaitarra, es el epicentro de este proyecto a medio camino entre el romanticismo y las dimensiones titánicas. Convertido desde 2010 en centro de cultura marítima, Ondartxo será la factoría artesanal donde se construya el barco ante la mirada del público que quiera sumarse al proceso. Viejos oficios serán puestos nuevamente en valor para fabricar las velas, las cuerdas y, por supuesto, el esqueleto de madera de una nave que tiene nada menos que 22 metros de largo.

El San Juan fue construido en 1563 en la bahía de Pasaia. «Eran los años en que el País Vasco era la mayor potencia del mundo en navegación, y territorios como Gipuzkoa vivían volcados en el mar», recuerda Agote. El ballenero, de 200 toneladas, podía transportar casi mil toneles de aceite de ballena («el preciado petróleo de la época», como recuerda Maia), se componía de tres mástiles y tres cubiertas, tenía capacidad para transportar 60 marineros y cinco barcas balleneras y sus estructuras principales eran de roble.

Hundido, pero sin víctimas

En la primavera de 1565 el ballenero partió de Pasaia y, tras surcar durante dos meses el Atlántico («es el tiempo medio que se tardaba entonces desde el País Vasco hasta América del Norte») el San Juan atracó en una bahía de Terranova que los vascos llamaban Butus o Buytes, y hoy es conocida como Red Bay, en Labrador. Era un lugar frecuentado por los marineros vascos: hasta el siglo XVII reunía cada año a una decena de balleneros y 1.500 hombres.

En octubre de ese 1565 una fuerte tormenta causó su hundimiento, cuando se encontraba anclado en la bahía y con mil toneles en el interior. Al parecer no hubo víctimas, y la tripulación pudo volver a casa en otros balleneros.

Todo tiene carácter épico en esta historia, remarcan Agote y Jon Maia. Una investigación en el Archivo Histórico de Oñati arrojó a la luz unos documentos que servirían en 1978 para encontrar los restos del ballenero en Red Bay, a una profundidad de unos diez metros. La agencia del gobierno canadiense que gestiona su patrimonio histórico, Parks Canada, puso en marcha entonces un estudio que ha durado tres décadas, y que se considera «la mayor investigación científica sobre un barco jamás realizada», según los técnicos de Albaola. En 1985 el barco ya fue portada de la revista National Geographic.

Curiosamente, tras salvar algunos objetos de mayor valor que están hoy expuestos en el Museo de los Balleneros Vascos en Canadá, los restos fueron devueltos al mar «porque es donde mejor iba a seguir siendo conservado».

Robles de la Sakana

Con esos planos y todo el material investigado la gente de Albaola se dispone a reconstruir la nao. Los primeros pasos están en marcha: en la Sakana navarra ya se están talando los 200 robles precisos para hacer la estructura de madera del barco. «Para una zona acostumbrada a destinar 2.000 robles al año a otros usos esto es solo una pequeña parte, y además nos están suministrando la madera sin coste para implicarse también en el proyecto de la capitalidad», cuenta Jon Maia. «Todo va acompañado de un plan sostenible de reforestación».

Para junio estará dispuesta la estructura que cubrirá el astillero de Ondartxo y empezará el trabajo ahí. Unas veinte personas, recuperando el viejo oficio de carpintero de ribera, se ocuparán de la tarea. Habrá cordeleros, herreros, confeccionadores de velas... «Y todo, repitiendo la manera de trabajar del siglo XVI: hasta la pintura se hará con brea natural, como entonces», dice Agote. «El barco es solo la punta de la pirámide: lo importante es el trabajo de fondo de recuperación de la época».

Si todo marcha según lo previsto el barco empezará a navegar en 2016, y se convertirá entonces en embajador de la capitalidad cultural donostiarra. Aún queda por fijar la singladura, aunque se da por supuesto que la nao recorrerá las costas europeas y acabará viajando hasta Canadá, repitiendo el recorrido de hace 450 años.

El presupuesto concreto del proyecto está todavía por perfilar. «Es una iniciativa que reúne muchos de los objetivos de la capitalidad», cuenta Eva Salaberria. «Ese barco es un hito en la cultura marítima internacional y en el patrimonio vasco, el proceso de construcción será una atracción turística que dinamizará la bahía de Pasaia y nos pondrá en contacto con el mundo».