José Luis Rebordinos: «El rigor y la diversión no están reñidos»

El nuevo director del Festival de Cine nos cuenta todos los aspectos del ‘puzzle’

RICARDO ALDARONDOSAN SEBASTIÁN
José Luis Rebordinos: «El rigor y la diversión no están reñidos»

Su primer y principal objetivo, cuando entró como director en enero, fue transmitir ilusión y entusiasmo alrededor del Festival de Cine de San Sebastián, y parece que ha creado una considerable expectativa para la 59 edición, un puzzle que ha ido construyendo con su equipo durante estos meses, y que desgrana en esta entrevista realizada conjuntamente con Javier Peña, Alberto Moyano, Maite Echeburúa y Teresa Flaño.

¿Cómo ha encontrado el Festival en su estructura, es una maquinaria engrasada o necesita ajustes?

En un 70-80% el Zinemaldia es una maquinaria muy profesional que puede funcionar sea quien sea el director. El otro 20-30% me gustaría modificarlo, porque cada director entiende el Festival de una manera, y porque los tiempos cambian muy rápido. En los próximos tres o cuatro años hay que acometer cambios, pero la maquinaria profesional funciona muy bien. Cuando preguntas a la gente del cine de todo el mundo por lo positivo y lo negativo del Festival, todos dicen que es un Festival muy profesional, y eso es algo muy bueno que he recibido de la anterior dirección.

La Sección Oficial suele estar muy orientada al cine dramático y social, con alguna comedia de vez en cuando. ¿Piensa abrir la selección más a otros géneros, como el año pasado con I Saw the Devil?

Este año hemos buscado un pequeño cambio. Yo soy uno de los responsables, como miembro del comité de selección y dirección, de que en los últimos años la programación haya sido un poco más dura. Un festival es un puzzle, y lo importante es que las piezas encajen bien. San Sebastián tiene que intentar que en su Sección Oficial exista una parte, sobre todo en las galas de la noche, donde el público mayoritario guipuzocano tenga un cine más comercial, más apto para distintos tipos de público. Las sesiones de tarde del Kursaal nos permiten jugar más con un cine que busca otras formas de narrar, y ahí puede haber un público más receptivo a propuestas diferentes. No es tanto apostar por un género u otro, como repartir adecuadamente la programación. Este es un buen año de cine, se ha visto en Cannes o ahora en Venecia, y eso nos ha beneficiado para poder tener lujos como Terence Davies en competición, o la película Rampart, o tener a Arturo Ripstein y Kim Ki-duk en premiere mundial.

¿Da envidia un festival como Venecia, con su paseo de estrellas y las buenas críticas que están teniendo las películas?

Yo me alegro de que Venecia tenga una buena edición, eso nos beneficia a todos. Personalmente no hago ninguna comparación ni con Venecia ni con ningún tipo de festival. Hay que romper con eso. Desde hace un tiempo tenemos un extraño complejo de compararnos con los más grandes. Yo no tengo ningún problema en decir que Venecia y Berlín son festivales más grandes que San Sebastián, si es que es una obviedad, para empezar porque tienen el doble de presupuesto. Dejemos de alimentar ese complejo de inferioridad y seamos consciente de lo que es San Sebastián, un festival más pequeño que sigue en la categoría más importante de la FIAPF, y estamos ahí, un peldaño por debajo de Venecia o Berlín, pero jugando en su categoría.Y tenemos que hacer el mejor festival posible con los medios que tenemos. Somos un festival de 7 millones de euros, no podemos hacer uno de 18 millones.

¿No está perdida esa batalla de la comparación?

Pero es que sí estamos en ese circuito, con nuestros medios, y muy orgullosos de ello. Si dotamos en los próximos años a San Sebastián de una personalidad fuerte, con unas señas de identidad, podemos conseguir que se nos compare menos. San Sebastián, o consigue tener en los próximos años más prensa internacional y desarrollar el sector de la industria, o será un maravilloso y precioso festival local. Tener más prensa internacional es difícil, porque ahí sí que estamos en una pinza terrible, pero trabajar la parte de la industria es viable. San Sebastián sí tiene algo en lo que puede ser el mejor: el cine latinoamericano y su conexión con Europa. Tenemos que reforzar que San Sebastián sea la puerta de Latinoamérica, hacer que a toda la industria del cine latino y europeo, porque queremos hacer ese encuentro, le interese venir a San Sebastián. Yeso no lo vamos a conseguir en uno o dos años, pero ya estamos trabajando en esa línea, con un proyecto bastante ambicioso, que necesita financiación, y vamos a ver si la conseguimos.

¿Pero no es frustrante pensar que podrían conseguir cosas más importantes con más medios?

No exactamente, entre otras cosas porque San Sebastián no podría asumir las estrellas que van a Venecia, para empezar no tenemos hoteles suficientes. Cada una de esas estrellas pueden llevar hasta 40 personas detrás. Para nosotros es un gran puntazo tener Intruders en la inauguración, porque detrás está Universal de Estados Unidos, es una operación con mucha gente alrededor. Pero solo tenemos un hotel de cinco estrellas. San Sebastián tiene que acompasar muy bien lo que puede tener. De hecho, un fin de semana como el primero de esta edición, con Intruders, el premio Donostia a Glenn Close y los equipos de las películas de Sarah Polley y Enrique Urbizu, ya nos da problemas para acomodar a todos. Creemos que tenemos un inicio fulgurante y una programación potente y muy variada. En todo caso nos puede faltar un segundo premio Donostia o una figura muy fuerte para la clausura, pero por lo demás el Zinemaldia está al límite de lo que puede ofrecer. El modelo de Festival que tenemos en San Sebastián está bien, aunque siempre nos falta un poquito. Estaría bien tener 10 millones de presupuesto.

El año pasado algunas voces proclamaban que el Festival de Málaga tenía que ser el escaparate del cine español, y este año nos encontramos más cine español que nunca en el Zinemaldia. ¿Es casualidad?

San Sebastián tiene que ser un lugar cómodo para la industria del cine español, los grandes productores tienen que venir aquí, con película o sin ella, por lo que supone para ellos, pero también para que todo el que viene de fuera sepa que aquí se va a encontrar a la industria del cine español. Este año la producción está resultando especialmente diversificada y muy interesante. Algunos se alarman porque otros festivales se van a quedar sin cine español, pero no es así. San Sebastián es el festival más importante de España y tiene que ser el más importante para el cine español. Málaga también es importante, pero afortunadamente las fechas de uno y otro permiten que haya películas para ambos.

¿Hay intención de ofrecer más actividades en la calle?

A mí me gustaría trasladar el festival a la calle lo máximo posible. Este año va a haber más vallas publicitarias, una carpa de más de cien metros para los niños en la plaza Oquendo, y alguna otra actividad que está por desvelar... Teníamos una idea muy bonita para crear ambientación en los barrios, pero era muy cara y no hemos conseguido patrocinador. Ampliar proyecciones es complicado, y tampoco quedan muchas salas. El año que viene incorporemos el Trueba, que ha quedado estupendo y es un lujazo para San Sebastián.

En mayo dijeron que querían conseguir un Zinemaldia divertido. ¿Cree que lo han logrado?

Creo que va a ser más alegre que el del año pasado. Nos hemos empeñado en que cada pequeño aspecto del festival sea mejor, aunque sea una pizquita. La propia programación va a respirar de otra manera, hay fiestas de inauguración y clausura, hay gente intentando montar otras fiestas... Defiendo que el rigor y la diversión no están reñidos. Vivimos una crisis muy dura, hay gente que lo está pasando muy mal de verdad, pero es una trampa terrible decir «cómo se puede gastar dinero en el Festival con la que está cayendo». El Zinemaldia genera riqueza. Hay que comunicar algo que a veces no se entiende:la gente del Festival está trabajando, y atiende a gente que viene a trabajar. El señor que viene de Madrid o de Los Angeles está trabajando, y gracias a que viene al Festival se llenan los hoteles, los restaurantes, los taxis, se genera trabajo, se generariqueza. Ylos que trabajamos en el Festival no somos modelos, ya quisiera uno, somos profesionales que tenemos un salario y hacemos un trabajo, aunque estamos encantados de hacerlo. La alfombra roja es parte de ese trabajo, porque es una forma de vender un concepto de festival, de espectáculo. Ypara que la gente se lo pase bien, que aunque las cosas estén mal hay que intentar pasárselo lo mejor posible, eso siempre. Tiene que haber un cine que plantee un debate sobre los temas que preocupan a la sociedad actual. Pero también un cine divertido, de ocio. En un Festival hay sitio para todo.

La crítica tiene un peso importante a la hora de valorar el Festival, aunque a veces se contradicen entre ellos. ¿Se le tiene en mente al hacer la selección?

Todos los del equipo de selección somos locos del cine y, lo primero, buscamos lo que nos gusta. Tenemos que contentar al público, y también a la crítica, que a su vez está diversificada entre la local, la nacional y la internacional. Y sus puntos de vista pueden ser muy distintos, no porque una tenga razón y otra no, que aquí lo que es bueno o malo es muy relativo, sino porque los referentes de cada una de ellas son muy diferentes. La película de Kim Ki-duk puede parecer una marcianada a algunos, pero para la prensa internacional, tenerla en premiere mundial es una de las grandes victorias de San Sebastián. Hay que buscar ese equilibrio.

¿Cómo se está relacionando con la Diputación y el Ayuntamiento con los cambios políticos?

En los dos consejos de administración que hemos tenido hemos encontrado un apoyo absoluto al modelo de festival en el que estamos. Han sido reuniones muy agradables por parte de las cuatro instituciones, igual que antes. Estoy absolutamente tranquilo como director del Festival porque las consignas son las mismas que las que teníamos antes.

¿Cómo ven desde el Zinemaldia la manifestación convocada para el sábado aprovechando la repercusión internacional del Festival?

Me parece que es parte de la normalidad democrática de un país. Somos un escaparate internacional muy poderoso y entiendo que las gentes, sean de esta manifestación o de otra completamente distinta, puedan ver que es un buen momento para tener un altavoz, siempre que haya un respeto por parte de la manifestación hacia el Festival, y estoy convencido de que lo va a haber. Somos un país que vive una situación muy compleja, fundamentalmente porque hay un grupo asesino que se llama ETA y que ha transformado la vida de este país durante las últimas décadas. Afortunadamente parece que esto se está terminando y tenemos que empezar a ser capaces de convivir con las distintas formas de entender la vida, con normalidad.

Está promoviendo descuentos para la juventud. ¿El público joven se retrae de ir al Zinemaldia?

Los jóvenes empiezan a consumir el audiovisual de diferentes maneras. Tenemos que hacer una labor pedagógica para devolverlos a las salas de cine. El público de 18 a 25 no es el mayoritario y hay que reaccionar. Preferimos perder dinero ofreciendo un 50% de descuento para jóvenes, porque es una inversión para el público del futuro. Además hacemos sorteos de entradas para las fiestas de inauguración y clausura, tenemos una sesión de Velódromo con Verbo a ritmo de hip-hop, con graffiteros, y el Duque de protagonistas, o una versión de Los tres mosqueteros que es un pedazo de espectáculo.

Y también se está metiendo en las redes sociales.

Hemos abierto blogs, el otro día me apunté a twitter, lo cual me resultó muy estresante, pero me temo que voy a acabar enganchado. Me da un poco de miedo la pérdida de intimidad, pero seguiremos aumentando la presencia en las redes.

¿A quienes veremos en la alfombra roja?

En la inauguración, Clive Owen, Pilar López de Ayala, Daniel Brühl, Carice Van Houten y Juan Carlos Fresnadillo. Al día siguiente, José Coronado y todo el equipo de No habrá paz para los malvados. El domingo Glenn Close y Sarah Polley. Al final del Festival, Antonio Banderas, y en la clausura el equipo de Intouchables, que es una película deliciosa. Todos los directores de la Sección Oficial, con Julie Delpy, Terence Davies y Kim Ki-duk entre ellos. Y, entre otros, Glenn Close, la viuda de George Harrison, Olivia Harrison, los directores Walter Hill y James Gray, Agnés Varda y los hijos de Jacques Demy... A veces los actores no pueden venir porque están rodando en estos momentos, es el caso de Rachel Weisz, Michelle Williams y Salma Hayek.