Fallece Antonio Beristain, padre de la Criminología

Su muerte deja un hondo vacío en el ámbito de la Victimología, donde era máxima autoridad. Su última voluntad fue que sus cenizas reposasen en la tumba de Gómez Elosegui, el psicólogo de Martutene asesinado por ETA

JAVIER PEÑALBASAN SEBASTIÁN.
El profesor. Antonio Beristain, en su despacho. ::                             MIKEL FRAILE/
El profesor. Antonio Beristain, en su despacho. :: MIKEL FRAILE

Antonio Beristain, sacerdote jesuita, fundador y director del Instituto Vasco de Criminología, catedrático de Derecho Penal y uno de los 'padres' de la Criminología en España, falleció ayer en San Sebastián a los 85 años. El profesor Beristain permanecía ingresado en la Policlínica donostiarra, después de que la semana pasada sufriera una recaída en la irreversible dolencia que padecía. La muerte de Antonio Beristain, además de provocar una gran consternación, deja un hondo vacío en el ámbito universitario así como en el mundo de la Criminología. No en vano, era uno de los grandes impulsores de esta materia en España y se convirtió en una de las máximas autoridades mundiales. Fue uno de los profesores de la Universidad del País Vasco (UPV) más internacionales.

Antonio Beristain Ipiña dedicó su vida a la docencia. «Ha sido un maestro», recordaban ayer amigos y discípulos suyos. Comenzó su etapa educativa en 1958 en la Universidad de Deusto y posteriormente impartió clase en las de Valladolid, Madrid y Oviedo. En enero de 1973 se incorporó a la Universidad del País Vasco, donde dirigió el Departamento de Derecho Penal.

En la actualidad era profesor emérito de la UPV, director honorario del Instituto Vasco de Criminología y presidente del Consejo de Dirección del Centro Internacional de Investigación sobre la Delincuencia, la Marginalidad y las Relaciones Sociales.

Se especializó y trabajó sobre temas penales, victimológicos, criminológicos y penitenciarios en varias universidades europeas y americanas. Su obra fue pionera en el campo de la Victimología.

Gran prestigio

Era miembro de innumerables entidades y organismos relacionados con la investigación y estudio de la Criminología, entre ellos el Consejo de Dirección de la Sociedad Internacional de Criminología, la Sociedad Mexicana de Criminología o el Instituto de Derecho Penal Comparado de la Universidad Católica de La Plata (Argentina).

A lo largo de su dilatada carrera recibió gran número de galardones, entre ellos el premio Hermann Manheim. Se le concedió también el Premio Internacional Covite, otorgado por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco, el V Premio Fundación José Luis López de Lacalle y el de Derechos Humanos 2005 instituido por el Consejo General de la Abogacía Española, además del XII Premio Gregorio Ordóñez.

En 2001 se le impuso la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. El acto se desarrolló en San Sebastián y fue Joaquín Giménez, actual magistrado del Tribunal Supremo y amigo personal de Beristain, quien glosó la figura del homenajeado.

El juez definió el pensamiento del profesor fallecido como un referente y una luz en un tiempo de silencio. «Tu voz se ha levantado contra el crimen cotidiano, contra el miedo que cierra los ojos y enmudece las voces, contra la ambigüedad, contra las obscenas contextualizaciones y contra los que contemplan en silencio la vulneración del derecho a la vida, y no saben, o no quieren saber, que el silencio ante el crimen convierte al silente en cómplice», dijo entonces Joaquín Giménez.

Durante la entrega, Antonio Beristain dedicó la distinción a las víctimas «directas e indirectas de la delincuencia en general y de la organizada en particular. Nos duele que no puedan estar jamás entre nosotros. Cada día resulta más imposible olvidarlas. Han dado la vida para que otros vivan o para que vivan con dignidad», manifestó antes de recibir la condecoración.

Para entonces, el profesor llevaba tiempo repudiando y condenando en público no sólo los actos terroristas de ETA, sino también a quienes defendían o silenciaban sus acciones. Su posicionamiento le llevó a ser objetivo de la banda terrorista y se vio obligado a ir con escolta.

Sufrió como pocos cuando recibió la noticia del asesinato a manos de ETA de Javier Gómez Elosegui, psicólogo de la prisión de Martutene y docente en el IVAC que Beristain dirigía. Se sentía tan unido a él que su voluntad era que sus cenizas reposen en la tumba del funcionario asesinado.

Conflicto eclesiástico

Llegó a criticar incluso a la cúpula eclesiástica guipuzcoana. En 1998 firmó un documento de profesores y sacerdotes vascos denunciando la «grave hegemonía» del nacionalismo en la Iglesia vasca y el «uso perverso que se hace de la doctrina de la caridad y del perdón para amparar al fascismo de ETA y a sus cómplices políticos». Ante esto, y tras criticar en un artículo al entonces obispo de San Sebastián, José María Setién, acusándole de no manifestarse a favor de las víctimas de la violencia etarra, la máxima autoridad de su orden en el País Vasco le prohibió cualquier contacto con los medios de comunicación sin el permiso de sus superiores.

«Es cierto y no me dieron razón alguna de por qué debía hacerlo. Esta situación me ha causado perjuicios, pero también ventajas. Creo que hay un aspecto positivo en la victimación y en este sentido tengo que agradecérselo. Creo que cometieron conmigo una injusticia, porque no respetaron las normas elementales del proceso. No me escucharon a mi ni a quienes defendían mi postura», dijo Beristain en una entrevista en este periódico.

Se definió amante del País Vasco. «Es el país que más quiero. Estoy satisfecho, gozoso y orgulloso de él. Aquí están mis grandes canciones y mi grandes lágrimas. Es donde más disfruto y donde más sufro», manifestó.

Una de sus últimas apariciones en público fue en la apertura del curso académico del IVAC, donde pronunció la 'laudatio' de Miguel Alonso Belza que fue investido miembro de honor del centro.

Antonio Beristain se fue ayer sin haber cumplido uno de sus sueños. «Que desaparezcan las cárceles y se restauren totalmente los derechos de las víctimas».

El funeral se oficiará hoy, a las 7.30 de la tarde, en la iglesia de los jesuitas de la calle Andía, en Donostia.

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