Ciudadanos que hacen de políticos

Cuatro guipuzcoanos relatan su experiencia en procesos de participación. La sociedad civil quiere que su opinión sea tenida en cuenta y no acabe en la papelera de las instituciones

ÁLVARO VICENTE AVICENTE@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
Ciudadanos que hacen de políticos

El alejamiento de los ciudadanos de la realidad política ha llevado a las diferentes instituciones a impulsar procesos de participación. Ayuntamientos guipuzcoanos y sobre todo la Diputación foral tienen la convicción de que las políticas públicas son mucho más eficaces y tienen una mayor legitimidad cuando los ciudadanos participan en ellas. Pero, ¿hasta qué punto toman decisiones los ciudadanos? ¿Dónde está el límite? ¿Es más una estrategia de marketing político? Cuatro guipuzcoanos de diferentes ámbitos habituados a tomar parte en jornadas o procesos de participación ciudadana ofrecen sus impresiones convencidos de que se están dando pasos pero también seguros de que todavía resta trabajo por hacer.

Mamen Urteaga, de 40 años, «llevaba tiempo interesada en profundizar algo más en eso tan en boga como es la participación ciudadana». Se define como una persona «muy activa» preocupada por lo que ocurre a su alrededor y en concreto en su pueblo de Zumaia. No pertenece a ninguna asociación. Trabaja en San Sebastián y se mueve en transporte público, «excepto algún día puntual que opta por el vehículo privado».

Una charla del obispo Setién sobre 'Democracia participativa' le terminó de convencer. Ahí se puso en contacto con los responsables de la Diputación y terminó inscrita en un cursillo de formación de tres días en Zarautz que organizaban a la par Diputación y Baketik. Aquello resultó «tan enriquecedor» que desde entonces toma parte en todo lo que tenga que ver con la participación ciudadana. ¿Por qué? «Es la mejor manera de hacerles ver a los políticos que también pueden contar con los ciudadanos», asegura orgullosa.

Proyectos en los que se ha tenido en cuenta la voz de los guipuzcoanos hay unos cuantos. Urteaga hace referencia a uno aprobado esta semana: la definición del trazado de la GI-631 (tramo Azkoitia-Urretxu) impulsado por la Diputación y en el que han intervenido 44 vecinos de Antzuola, Azkoitia, Bergara, Urretxu y Zumarraga. Entre todos, y con la ayuda de expertos, han podido valorar las propuestas del ente foral para esta carretera de 13 kilómetros y llegar a soluciones alternativas que, aunque no son vinculantes, deberán ser acogidas por la Diputación como propuestas o recomendaciones. «Y es que el diálogo es el mejor camino para todo, también para hacer país», defiende Urteaga.

Ibai Iriarte, coordinador en Gipuzkoa del Consejo de la Juventud, aporta «siempre con ánimo constructivo» otras reflexiones. Él también valora muy positivamente el convencimiento por parte del Gobierno foral por impulsar estudios participativos, aunque echa en falta una «mayor coordinación» entre los distintos procesos. Iriarte considera que en los últimos tiempos «cualquier tema» sea o no de carácter general se aborda desde la misma perspectiva. «Es un tema recurrente de los políticos. Quizás puede existir una fórmula de marketing más que un interés real».

En absoluto coincide con Lucía Garbayo, presidenta del Foro Ciudadano Irunés y miembro del Consejo del Mayor de la Diputación. Defiende que, «al menos en Irun», se les escucha y se les tiene en cuenta sin que exista detrás un ánimo por ganar votos. «Tenemos argumentos que ofrecer y al ayuntamiento le interesa saber lo que opinan sus ciudadanos. El consistorio de Irun es un claro ejemplo de participación ciudadana por su apertura y respeto». Y los ejemplos son palpables. El último, la construcción de un skate park en Irun.

Su alcalde Santano ha subrayado esta semana el carácter consensuado de una obra que está a días de ser inaugurada. Mencionó la presencia de todos los grupos políticos municipales en la mesa de trabajo que desarrolló el proyecto, pero incidió, sobre todo, en que se trata de un ejemplo de participación ciudadana, en este caso de los más jóvenes. Fueron los propios chavales los que tuvieron la oportunidad de intervenir en el diseño del skate park. «Es que tenemos un alcalde que tiene abierta la puerta a los ciudadanos. Es un claro ejemplo de participación», asegura Garbayo.

Disponibilidad

Iriarte sí comparte con Garbayo en que la participación ciudadana lo que busca es llevar la política a escala humana. Están convencidos de que refuerza los vínculos sociales y favorece la comprensión intercultural. También coinciden al señalar que para participar en cualquier proceso hace falta tiempo. No todos los agentes participantes tienen la misma disponibilidad. «Es cierto que hay que tener paciencia y tranquilidad -asegura Garbayo-. Un ayuntamiento es un mastodonte que necesita un empujón de vez en cuando. Ahí estamos nosotros y otros muchos, para empujar. La satisfacción es plena cuando compruebas que se tienen en cuenta nuestras opiniones».

Iriarte apunta algo tan sencillo como que las jornadas de participación se celebren los fines de semana y no entre semana. Y por pedir apunta a que «realmente» estén representados todos los agentes. Uriarte recuerda la última jornada organizada por la Diputación en el Palacio Miramar, la pasada semana. «Hablábamos de juventud y yo era el único joven de las cuarenta personas presentes. No había representación sindical y tampoco ningún miembro de la izquierda abertzale, a los que muchos jóvenes votarían como recogió la última encuesta encargada por la Diputación». A su juicio, encuentros como éste lo que hacen es «quemar una herramienta muy válida, distancian más que acercan». ¿Entonces? «Quizás no están muy claros los límites o no hay un interés real por ponerlos porque no interesa».

Entiende Iriarte que la participación es una forma de hacer política que debería ir más allá. «Habría que saber para qué se utiliza nuestra voz, cuáles son los límites y cuál el diseño de los procesos participativos». Claro, que no piensa lo mismo Garbayo. «El mero hecho de escuchar y acercar opiniones siempre es positivo», dice.

Ella habla de motivación. «Por hache o por be la gente mayor tiene miedo al compromiso y al qué dirán. Los ciudadanos tenemos la mayor capacidad que hayamos tenido nunca para influir en todo tipo de decisiones, pero es un potencial que no se despliega por completo, porque somos pocos los que nos implicamos. La gente es muy egoísta y piensa en lo suyo ante todo, y muy poco en lo de todos».

Desde los colegios

Esta irunesa, miembro activo en el Ayuntamiento de Irun de la Comisión de Bienestar Social y Relaciones con el Ciudadano, va más allá. «Lo mejor sería empezar en los colegios, que los niños vieran la participación como algo normal, dentro de lo que son sus deberes y derechos». Y pone el ejemplo de Inglaterra donde los jóvenes en edad escolar aprenden a participar jugando. Garbayo dice que la participación «bien llevada es apasionante». Opina lo mismo Uriarte. «Es una herramienta muy válida. Horizontalizar el poder y reconciliar lo político con la sociedad sólo puede ser positivo, pero no vale de nada participar un día y no saber muy bien para qué ni en qué se va a utilizar nuestra voz. Tengo la sensación de que nos dejan elegir el color de las paredes pero no el diseño de la casa, al menos en procesos de calado».

De calado o no, lo cierto es que sí hay ejemplos de participación ciudadana con éxito. El diseño de la plaza de Cataluña en el barrio de Gros de San Sebastián es uno de tantos. María Luisa Urzelai, de 66 años, participó en todo el proceso llevado adelante por el ayuntamiento, desde los primeros pasos hasta que se decidió por votación popular el proyecto. Algunos vecinos del barrio no comulgaron con el proyecto ganador. Votaron por mayoría los jubilados. ¿Los procesos de participación tienen lagunas? Urzelai defiende que no. «Siempre es un riesgo abrir a votación un proyecto, pero hubo tiempo suficiente para votar. Otra cosa es que los jóvenes decidieron no participar».

Urzelai trabajó en la Subdelegación de Industria en Madrid hasta no hace mucho y su experiencia laboral le llevó a preocuparse por la forma en la que se iba a realizar la excavación. «Si mediante el pica pica de las máquinas o con dinamita». Sabe de lo que habla. «No hizo falta sacarle los colores al político de turno; alguna otra vez sí lo hemos hecho». Los edificios colindantes no se resentirían. También ahí se les escuchó. Nada de dinamita.