Gehitu, la historia de una lucha por los derechos de los homosexuales

Recibe el premio 'Gipuzkoa Derechos humanos' por su labor social. La Diputación reconoce su «trabajo continuo por la normalización del hecho homosexual en Gipuzkoa»

LIDE AGUIRRESAN SEBASTIÁN.
Gehitu, la historia de una lucha por los derechos de los homosexuales

La noticia corrió ayer como la pólvora en la sede de Gehitu, la asociación de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales del País Vasco. En el acogedor piso de San Sebastián donde se reúnen para alumbrar nuevas actividades que ahonden en la normalización del colectivo, los miembros y amigos de esta asociación no cabían en sí de alegría. Lo habían conseguido. Tras doce años de lucha para que se reconozcan los derechos de los homosexuales, lesbianas, transexuales y bisexuales tanto de Gipuzkoa como de Euskadi, ayer la Diputación les otorgó el premio 'Gipuzkoa Derechos Humanos', galardón que concede anualmente desde 2004 a aquellas personas o asociaciones que trabajen día a día por estos valores.

Un jurado compuesto por representantes de la institución foral, las tres universidades vascas y la persona premiada el año anterior con este mismo título, Mary Irazusta, directora de la Escuela de Trabajo Social de San Sebastián, decidió que se lo merecía entre los otros cuatro candidatos. Y así se lo hicieron público ayer Iñaki Galdos, el diputado de Deportes y Acción Exterior, y Juana Mari Astigarraga, la directora de Derechos Humanos, tras apuntar que Gehitu trabaja continuamente para lograr la «normalización del hecho homosexual» y reconocer su labor asistencial para brindar apoyo a las personas homosexuales y transexuales y a su entorno social y familiar.

Txaro Gómez y Josean Zapirain, copresidentes de la asociación, no terminaban de creérselo. «Nos hace mucha ilusión. Es un reconocimiento no sólo al Gehitu actual, sino al que nació hace doce años. A aquellos que se unieron por luchar por la normalización de las personas fuera cual fuera su orientación sexual. Es una asociación excepcional, que abarca además todo un arco de diversidad ideológica, étnica, cultural y política. Socios y socias de todo tipo de sensibilidades trabajan codo a codo con un proyecto común. Y esa normalidad la queremos aportar a Gipuzkoa. Es nuestro granito de arena», explicaba Zapirain.

A sus espaldas, una pizarra con varias columnas dibujadas; escritas dentro de ellas, las actividades en que están trabajando. Repleta. «Se trabaja mucho», admite Zapirain. «Pero aún queda mucho por hacer».

Cada vez más socios

En 1997, 30 amigos crearon Gehitu. Ahora ya son 300 sus socios, el 75% guipuzcoanos, el resto de otras comunidades. La acogida en la sociedad guipuzcoana ha sido poderosa. De hecho, proporcionalmente cuenta con más abonados que otras comunidades con mayor población, como Madrid o Bilbao. «Y 300 son los abonados, pero muchas personas acuden a Gehitu en busca de un lugar donde poder socializarse sin hacerse socio».

En esta línea, el coordinador de Gehitu, Sergio Íñiguez, percibe que cada vez «vienen más jóvenes, prácticamente adolescentes, en busca de orientación. Se sientan, charlan, toman algo, y se les ayuda».

La mayor juventud de quienes acuden a Gehitu es uno de los cambios que perciben en la asociación con respecto a los inicios, hace doce años. Pero sin duda, el hito en la historia de este grupo, el hecho que marcó un antes y un después, tiene una fecha inequívoca: 2005.

Un antes y un después

Entonces se legalizó el matrimonio homosexual y «comenzamos a existir», apostillan. También con la ley de identidad de género (2007). «Nos dio más presencia. El que esté legislado te da existencia, y fue un momento muy importante. Un antes y un después», comenta Txaro Gómez. «Tuvo un aspecto pedagógico importante sobre la sociedad, y se percibe un cambio desde entonces en los pequeños detalles del día a día», añade Zapirain.

Con estas premisas asumen también el premio que recogerán de manos de la Diputación el viernes de la semana que viene en el Kursaal de San Sebastián -6.000 euros y una obra del escultor Koldo Merino-. Zapirain y Gomez destacan, sobre todo el valor que tiene el apoyo de las instituciones. «Es una aval del trabajo que realizamos todos y es importante, porque tiene un efecto pedagógico en la sociedad».

Estar presentes en la educación es, ahora, uno de sus retos más importantes. Quieren «educar en valores» y lo hacen a través del programa HdH (Hablemos de Homosexualidad), con el que desde hace cuatro años orientan a educadores y a alumnos de primero y segundo de la ESO. Este año han tenido 40 intervenciones, o demandas de educadores, «lo que muestra el gran éxito del programa».

Y Zapirain recuerda un hecho «significativo». «En una entrevista en un periódico, una psicóloga ajena a Gehitu decía que cuando trabajan la diversidad afectivo sexual en los colegios pueden percibir con claridad por qué centros ha pasado Gehitu y por cuáles no. Cuando lees eso es un gran reconocimiento».

También trabajan la homofobia en el entorno laboral. «Aún esta presente en algunos sectores. Tanto en los que son más rurales como los militarizados, o, incluso, en el deporte».

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