Fragmentos de un aeropuerto

La bilbaína Begoña Zubero expone en Altxerri treinta fotografías del Tempelhof. Indaga en las relaciones entre arquitectura y poder a través de ese edificio hitleriano

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Fragmentos de un aeropuerto

«Posiblemente el edificio sea inocente, pero la arquitectura nunca lo es. Tempelhof fue construido para el futuro, en el más estricto ideario nazi», señala la editora Rosa Olivares en el prólogo al libro de fotografías que Begoña Zubero (Bilbao, 1962) ha dedicado al célebre aeropuerto berlinés. La galería donostiarra Altxerri inauguró ayer la muestra que reúne veinticinco fotografías en formato medio -700 euros cada una-y cinco más en gran tamaño y en formica -3.000 euros-, con el emblemático edificio como protagonista.

'Tempelhof' es una pieza que, según una idea de la propia Olivares, se desgaja de 'Existenz', un proyecto que llevó a Zubero de Italia a Alemania, de Polonia a Rusia y de ésta a Armenia, tras las huellas del poder en la arquitectura de los totalitarismos del siglo XX. «Me llamó Rosa para pedirme más material sobre el aeropuerto, que aparecía en un par de fotos de 'Existenz'. Le dije que no tenía gran cosa, pero me pidió ver las diapositivas y, en efecto, había material suficiente para un libro».

La fotógrafa bilbaína, que viajó a Berlín en 2005 y 2006, optó por blanco y negro y por prescindir de la figura humana. «El blanco y negro, como el color, es una herramienta que utilizas al servicio de lo que quieras contar. En este caso me pareció que se ajustaba mejor a mi idea de todo lo que representa un edificio como Tempelhof. Es un edificio que se ha fotografiado muchísimo y en todos los formatos, pero este blanco y negro en diapositiva le da un toque teatral que es lo que buscaba. En cuanto a la no aparición de personas, responde a mi decisión de no recurrir a la figura humana para hablar, precisamente, de la gente y del siglo XX». Estas dos características son comunes a todas las fotografías de la serie 'Existenz', con excepción de las imágenes tomadas en Varsovia, en las que sobre un fondo en blanco y negro aparecen personas en color.

Zubero afirma que su acercamiento a Tempelhof refleja «muy bien el proceso con el que me enfrento a un espacio: la reiteración, los cambios de foco... y aún siendo más clásica en apariencia, tiene un fondo más conceptual». Y aunque se trata de una arquitectura colosal, cuyo principal objetivo es jibarizar al individuo, en el caso de la fotógrafa bilbaína este efecto queda diluido en la mayoría de las imágenes, debido a la gran fragmentación que ha aplicado su objetivo. «Lo que he hecho ha sido evitar los grandes espacios, para centrarme en los más ocultos: las oficinas, los baños, la señalización... Me interesaba hacer de ese espacio tan enorme, un conjunto de detalles».

Tempelhof, hasta hace poco tiempo uno de los pocos aeropuertos enclavados en un centro urbano, ya era utilizado como aeropuerto en 1909, pero fue entre 1936 y 1941 cuando la terminal adquiere su aspecto actual, de la mano del arquitecto Ernst Sagebiel, que dio rienda suelta a la pasión del régimen por la piedra caliza y el mármol travertino. El resultado es un edificio colosal en forma de cuarto de circunferencia de más de un kilómetro de longitud.

Tras su cierre, han surgido diferentes propuestas para convertir el complejo en un parque temático o, en el caso de Daniel Baremboim, convertirlo en un auditorio, dada su excelente acústica. Este espacio también acoge últimamente exposiciones de galerías emergentes. Más difícil será que el terreno que actualmente ocupan las pistas se salven de las operaciones urbanísticas.