«En Berlín más de la mitad de las canalizaciones se hacen ya sin zanjas»

Este ingeniero alemán participó ayer en la inauguración de las Jornadas Internacionales de tecnologías sin zanja de Donostia

MIGUEL GONZÁLEZ
Klaus Beyer, ayer en el Parque Tecnológico de Miramón. /LUSA/
Klaus Beyer, ayer en el Parque Tecnológico de Miramón. /LUSA

- ¿En qué consiste la tecnología sin zanja?

- Se trata de un procedimiento para construir, reemplazar o reparar todo tipo de tuberías de un diámetro normalmente inferior a 2,5 metros, como alcantarillados, acueductos, redes eléctricas, de comunicaciones, de gas natural... sin abrir zanjas. Eso sí, se excava un pequeño pozo de entrada y otro de salida para trabajar bajo tierra.

- ¿Desde cuándo llevan aplicando esta técnica en Berlín?

- Lo llevamos haciendo desde 1983. Para entender el impulso de esta técnica hay que decir que en aquella época el Ayuntamiento obligaba a pagar por cada kilómetro de tubería no utilizado y que tampoco se podía cavar una zanja debajo de los árboles, y la ciudad está lleno de ellos. Por eso se pensó emplear esta tecnología.

- ¿Cómo surgió la idea?

- En los ochenta había una gran rivalidad tecnológica entre Hamburgo y Berlín. En Hamburgo realizaron un contrato multimillonario para expandir esta técnica con una empresa japonesa, mientras que en Berlín el proceso fue más lento. Debido a las dos circunstancias que he citado antes, el ayuntamiento obligó a que todos los proyectos tuvieran que incluir dos ofertas: una con zanjas y otra sin zanjas. Aunque al principio los costes eran altos, ahora son baratos. De hecho, el 50% de las obras para canalizaciones subterráneas que se hacen en Berlín no emplean zanjas.

- ¿Qué futuro tiene la TSZ?

- Es inimaginable. Esta tecnología ha sufrido grandes cambios y sigue haciéndolo. En un principio había que excavar pozos cada 60 metros para desde ahí instalar o reparar las conducciones. Ahora esta distancia es de 300 metros, con lo que la agresión es bastante menor, con pequeños pozos intermedios para actuaciones puntuales. Esto supone un ahorro importante en los costes.

- ¿Cuáles son sus ventajas?

- Hay muchas, pero citaría principalmente tres. Primero, cuando abres una zanja, tienes que sacar muchas toneladas de tierra que no se pueden utilizar de nuevo para rellenarla. Eso implica un gasto enorme en transporte, con la consiguiente contaminación. Segundo, no hay un deterioro de la calzada, y por lo tanto, el tráfico no se ve afectado. No hay atascos, no hay tanta polución. Y tercero, que al ser menos agresiva, es mucho más barata. Se me ocurren varios más, pero estos serían los principales.

- ¿Cómo afectaba el muro a las canalizaciones internas de Berlín?

- Por ejemplo, la red de agua fue cortada desde el Este porque temían que se les envenenasen desde Occidente a través del agua del grifo. Una vez recuerdo que la conducción de aguas residuales sufrió una rotura cerca del muro. Como no podíamos acercarnos a él, teníamos que cerrar el paso desde la última llave. Pero desde el lado oriental seguían llegando vertidos. Era diciembre y no se consiguió el permiso para arreglarla hasta primavera. Con el invierno se congeló y el hedor que tuvieron que soportar las viviendas cercanas fue insoportable. Muchas veces había que buscar la intermediación de Francia o Gran Bretaña para que coordinar la reparación de una simple tubería.

- ¿...?

- Es más, en el lado oriental cerraron con barrotes el alcantarillado y por dentro metieron railes que impedían que nadie se fugara. Reconstruir y unir todas las conducciones en los noventa fue un reto que nos costó varios años.