La madre de Nagore Laffage coincide por primera vez con el asesino de su hija

En una emotiva declaración, Asun Casasola ensalzó las cualidades humanas de su hija. Confía en que tras el proceso, ella, su marido y su hijo puedan normalizar sus vidas

JAVIER PEÑALBAPAMPLONA.
Asun Casasola, antes de prestar declaración. /MIKEL FRAILE/
Asun Casasola, antes de prestar declaración. /MIKEL FRAILE

DV. Su declaración no llegó a la media hora. Fue intensa y llena de emotividad. Asun Casasola, madre de Nagore Laffage, relató al tribunal que desde el lunes juzga en Pamplona al presunto asesino de su hija, que José Diego Yllanes no sólo se llevó la vida de su «niña», sino que destruyó toda una familia. «Desde hace dieciséis meses no vivo. En casa todos estamos mal. Txomin, mi marido, no habla, mi hijo Javier tampoco y además está más contestón. Espero que este proceso sirva, además de para hacer justicia, para que volvamos a ser una familia. Sin Nagore, pero una familia».

Asun Casasola quería que el jurado, todas las personas presentes en la sala de vistas y la sociedad en general supieran quién era Nagore, una joven que hoy hubiese tenido 21 años, que nació en Donostia, que hasta los seis años vivió en Errenteria y luego en Irun. Una niña que desde los 5 a los 17 años practicó gimnasia rítmica, que lo tuvo que dejar por un problema en las piernas, que estudió en la Anunciata y que cuando tuvo que elegir cuál iba a ser su profesión pensó en ser enfermera.

Asun Casasola quiso también que todos conocieran que Nagore era una chica con mucha vitalidad, alegre, llena de ilusiones, con toda la vida por delante, cariñosa, abierta, sociable, con infinidad de amigos.

«Comía al padre a besos»

La madre explicó que la relación que tenía con su hija era excelente, «pero no de amiga. Yo era su madre. Ella buscaba siempre el apoyo de su padre. A Txomin le estaba todo el día comiendo a caricias, siempre estaba dándole besos. Obtenía de él todo lo que deseaba. Y ahí estaba yo, la madre, para hacer precisamente de eso, de madre, y enfrentarme a ella cuando era necesario». Añadió también que con su hermano tenía una especial complicidad.

Asun Casasola definió a su hija como una mujer de principios, con carácter, «que no violenta ni agresiva» matizó. «Hacía lo que consideraba que era justo. En ese sentido tenía las ideas claras. Para nada era una niña de broncas ni de peleas. No conozco a nadie que diga eso de mi hija. Era además madura, independiente». Y explicó que no era habitual consumidora de alcohol, una práctica que detestaba especialmente.

Los hechos

La madre habló de los viajes que realizaba con su hija y algunas amigas al extranjero y de los «domingos de pijama», aquellos en los que los cuatro miembros de la familia no salían de casa en todo el día y se entretenían conversando o jugando entre ellos.

La madre de Nagore explicó al tribunal cómo tuvo conocimiento de la trágica muerte de su hija. «Era el 8 de julio. Serían las cinco de la tarde. Yo estaba en casa. Había regresado de trabajar a las dos y media y eché una pequeña siesta. De pronto, tocaron el timbre. Por la mirilla vi que eran dos hombres a los que no conocía y no les abrí la puerta. Ellos insistieron. Más tarde llamaron por teléfono. Era la Ertzaintza. Me preguntaron si era la madre de Nagore. Les dije que sí y respondieron que tenía que acudir a la comisaría. Por el tono que emplearon me puse ya mala. Llamé a mi hermana que vive en el mismo portal, en el segundo, y le conté lo sucedido, Bajé a su casa llorando: 'algo le ha pasado a Nagore'», le dije.

Asun Casasola recordó que su hermana trató de restar trascendencia al hecho. Ambas se personaron en las dependencias policiales. «Me llevaron a un despacho. Yo todavía no me había enterado de que en Pamplona había aparecido una niña muerta. Fue entonces cuando lo supe. Me explicaron que había un alto porcentaje de posibilidades de que la víctima fuese Nagore. Les dije que no podía ser, que era imposible, que mi hija estaba realizando prácticas en Oncología en la Clínica Universitaria. Sin embargo, cuando me preguntaron si Nagore se había cortado el pelo, si se comía las uñas y si tenía una marca en un determinado lugar. Ahí, me derrumbé. Era ella».

Acompañada de su hermana y el marido de ésta se desplazó a la capital navarra. «Yo iba histérica, llamando a toda la gente y diciéndoles que habían matado a mi hija. Mi hermana comentaba que no, que no iba a ser Nagore. Un policía foral nos esperó en el peaje de la autopista y nos llevó al Instituto Anatómico».

Asun Casasola no vio a su hija sin vida. El reconocimiento del cadáver fue efectuado por su hermana. «Cuando salió me dijo: tú no puedes entrar ahí. Tienes que recodar a Nagore como era. Fue espantosamente horrible».

La madre explicó que hoy es el día en el que todavía no ha podido ver las imágenes de la autopsia, si bien reconoció que había escuchado la grabación en la que su hija pide auxilio al 112. «No hay duda de que es ella», afirmó.

Aquella dramática tarde del 8 de julio, la madre de Nagore terminó en el piso donde residía su hija. Estuvo hablando con las otras niñas. «Ellas no sabían nada. Yo les comenté que la Policía sólo me había dicho que el autor era un chico de 27 años de Pamplona, un chaval normal. Y fueron las amigas las que concluyeron que era Yllanes, el doctor Yllanes».

Recuperar a la familia

Asun Casasola relató al jurado que la muerte de su hija había destrozado a su familia. «Hace dieciséis meses que no veo a mi niña. No soy capaz de dormir, no sé ni como aguanto. Desde entonces estoy en tratamiento psiquiátrico. Yo espero que después de que esto termine, que pueda volver a juntar a mi familia. Cada uno estamos como podemos».

«Espero que este proceso sirva para hacer justicia. Y luego pueda seguir viviendo. Necesito pasar página, que esto acabe de una vez y afrontar el periodo de duelo».

La defensa del acusado no formuló preguntas a la madre de Nagore y aprovechó su intervención para expresar «el profundo pesar y lamentar de todo corazón lo ocurrido». Sus palabras transmitían sinceridad.

El juicio continuará hoy con la declaración de más testigos y la práctica de varias pruebas periciales, entre ellas de la autopsia realizada al cadáver de la joven irunesa.