Mascotas medicinales

El Centro de Día ha puesto en marcha una terapia que busca mejorar el estado de los usuarios de este centro por medio del trato con animales

AITOR ZABALAELGOIBAR.
La perra  juguetea con su cuidadora en el Centro de Día. /AITOR/
La perra juguetea con su cuidadora en el Centro de Día. /AITOR

DV. La actividad del Centro de Día se ha visto alterada estas últimas semanas por la presencia de , una perra golden retriever de dos años de edad que participa junto a su preparadora, Maider Petralanda, en el programa de animalterapia puesto en marcha por el servicio de Bienestar Social del Ayuntamiento.

Maider, componente del colectivo Lauanka, y acuden los lunes y los miércoles al Centro de Día para completar sendas sesiones de 45 minutos con el objetivo de que la perra y los ancianos interactúen entre sí. En las sesiones, los usuarios del Centro de Día se dividen en dos grupos en función de su deterioro cognitivo y va pasando de uno a otro para realizar diferentes actividades en las que el contacto físico es fundamental. «Acarician a la perra, la cepillan, la palpan,. El objetivo es que tengan contacto físico con el animal, algo que, a nuestro modo de ver, echan a faltar las personas en esta situación», señala Maider. Este contacto es clave para subir la autoestima de los beneficiarios de la animalterapia. «A los niños se les toca mucho, se les acaricia, se les besa, pero los mayores con dificultades cognitivas o de movilidad muchas veces sólo sienten el tacto humano cuando hay que asearlos. Llegados a cierto punto»-subrayó-«pierden ese contacto físico con otras personas, y el perro se lo ofrece, sin importarle su estado y sin pedir nada a cambio, lo que redunda en su mejora emocional».

La elección de un perro de la raza golden retriever para este proyecto no es casual ya que, al igual que los labradores, gozan del carácter adecuado para este tipo de terapias. «Son animales muy dóciles, alegres y juguetones. Además, tienen a su favor un aspecto físico agradable, con un pelo largo y suave y una mirada dulce que invita a acariciarlos y a jugar con ellos». Estas características, además, se han visto potenciadas en un programa de entrenamiento de dos meses en Madrid, a cargo de un adiestrador especializado en preparar animales para terapias como la que se lleva a cabo en Elgoibar

Efectividad real

La Fundación Bizitzen está detrás del programa de animalterapia. Esta iniciativa se prolongará por espacio de tres meses, y, en ese tiempo, los usuarios del Centro de Día disfrutarán de 18 sesiones con .

Bizitzen atiende también el Centro de Día de Deba y dos centros más en Bizkaia. La psicóloga Virginia Lizarraga es la responsable de esta iniciativa y la encargada de explicar también en qué consiste la animalterapia. «Esta terapia no consigue beneficios por si misma, sino que refuerza los beneficios de otros tratamiento terapéuticos». Estas ventajas tienen una trascendencia fundamental en el apartado emocional. «Hablamos de personas que cuentan con deficiencias de tipo psíquico motivadas por la edad o la enfermedad, y la relación con los animales les ayuda a expresar sentimientos. Como todos los humanos, estas personas tienen dificultades para tocar y ser tocados, pero esa barrera se pierde cuando se trata de perros. Ellos aceptan a la persona tal y como es, lo que da lugar a un intercambio de gestos de cariño que hace que persona y animal se sientan bien».

La iniciativa de Elgoibar se encuadra en un estudio con el que se quiere constatar de manera científica las ventajas de utilizar animales en el tratamiento de personas con deficiencias psíquicas. Lizarraga está convencida de las ventajas de estas terapias, pero reconoce que falta un estudio exhaustivo que determine la certeza o no de este convencimiento. «Hay residencias en las que se usan canarios y perros para motivar a los residentes, pero todavía no se ha he hecho una valoración sobre el estado de las personas tratadas antes y después de su relación con los animales. Falta un análisis real y nosotros lo vamos a realizar».

Para este estudio, se ha tomado como punto de partida a usuarios de los centros de día que atienden. «Hemos valorado a 127 personas y hemos hecho dos grupos: por un lado, los que tendrán trato con los animales y, por el otro, el grupo de control, compuesto por las personas que permanecerán ajenas a ellos. Cuando concluya el programa veremos qué cambios se han producido en las personas que han convivido con los animales en las diferentes sesiones, atendiendo a variables como su capacidad de relacionarse, la ansiedad o la depresión», subrayó la psicóloga de Bizitzen.