Adiós a las monjas Concepcionistas

ALBERTO ECHALUCE
IPURUA. El convento ocupa un amplia superficie de terreno junto al polideportivo y el anexo de Ipurua./FÉLIX MORQUECHO/
IPURUA. El convento ocupa un amplia superficie de terreno junto al polideportivo y el anexo de Ipurua./FÉLIX MORQUECHO

EIBAR. DV. Las monjas Concepcionistas tienen previsto dejar Eibar la próxima semana después de haber prestado sus servicios a lo largo de 500 años. La avanzada edad de las monjas y los problemas de salud de algunas de ellas, han llevado a su salida del convento de Ipurua para desempeñar su labor dentro de la misma comunidad, pero a partir de ahora en San Sebastián.

Las Concepcionistas, monjas de clausura, constituyen la orden más antigua que ha desempeñado su labor religiosa en Eibar. El ex alcalde Antxon Yraolagoitia destacó la «importante contribución de las monjas Concepcionistas al progreso de Eibar en la venta de terrenos para la construcción del polideportivo y el anexo de Ipurua. Siempre ayudaron a que se construyera el polideportivo, pese a ser una orden destinada a apoyar a los pobres. Por ello, todos los permisos se tuvieron que solicitar a Roma».

En la legislatura de Yraolagoitia, en la década de los setenta, se adquirieron 5.000 metros cuadrados de sus terrenos para el polideportivo, con un pago municipal de cinco millones de pesetas, al que siguieron, más tarde, otros terrenos más para el anexo de Ipurua.

Desde la parroquia de San Andrés se confirmó que «la marcha de las monjas tendrá lugar la próxima semana», pero, no obstante, se tiene previsto organizar una despedida oficial en Eibar, en la fechas que determinen las superioras y el Obispado.

Despedida con el obispo

«Tal y como se hizo con el aniversario de La Salle o con la salida de las Mercedarias, también vamos a organizar un acto religioso con presencia con las monjas Concepcionistas que han permanecido en los últimos años», señalan. Una vez que se lleve a cabo la salida de las monjas se procederá a la clausura de la capilla. Paralelamente, se tratará de determinar la fecha de la despedida oficial, en la que estará presente el obispo, Juan María Uriarte, despedida que servirá para dar a conocer a todos la importante labor realizada por estas monjas en Eibar .

Las primeras noticias que se disponen del convento datan de la existencia de esta orden en el palacio de Isasi, hoy Markeskua, y que esta orden era costeada por el marqué Martín López de Isasi y su mujer Domenja de Orbea. Se fundó el convento en 1593, según se indica en la , con una dote de 1.000 ducados y con la obligación de que permanecieran en el convento cinco monjas.

Los marqueses de Isasi

La primera comunidad estuvo unida al Palacio de los Isasi y después se construyó un convento en Ipurua, donde han desempeñado su labor. Otro convento, el de las Asuncionistas, ubicado en el alto de Isasi, desapareció en la década de los cincuenta. «Mientras que otras órdenes religiosas se han ido suplantando sucesivamente, en el caso de las Concepcionistas han permanecido 500 años, en el objetivo común de dedicar su vida a Dios desde Eibar. Únicamente, en la postguerra se marcharon pero después regresaron», señalan desde la parroquia.

El convento nació bajo obediencia y gobierno de los prelados de la Orden de San Francisco. Posteriormente, Martín López de Isasi otorgó testamento a su hijo Antonio López de Isasi, para hacer las capitulaciones que conviniesen para el servicio del convento referido, recepción de monjas y nombramiento de capellanes, clérigos o frailes.

Para la edificación del convento se compró en 1595 una heredad a Andrés de Aguinaga, en la zona conocida como Argacha, que lindaba por la parte inferior con el camino real. Se compró también otra heredad junto a la ermita de Santa Inés, además de un manzanal que lindaba con la llamada huerta de Isasi.

Para su implantación se dispuso que la misa conventual se dedicase en sufragio de las almas de los fundadores y de sus sucesores, así como en favor del Padre Santo y de los Reyes de España. Así, se mandaron celebrar aniversarios por sus promotores, por Domenja de Orbea, que falleció después en 1595, y por Martín López de Isasi, fallecido en 1597.

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