Zorionak, amona Sabina

Celebró ayer su 104 cumpleaños. Pero, ¿cuál es el secreto para llegar a esa edad? Las inmensas ganas de vivir que esta vecina de Errenteria derrocha

M.L.OARSOALDEA.
Sabina sopla las velas de su tarta de cumpleaños. A la derecha junto a su hermana Margarita.  /ARIZMENDI/
Sabina sopla las velas de su tarta de cumpleaños. A la derecha junto a su hermana Margarita. /ARIZMENDI

DV. Sabina Castillo celebraba ayer su cumpleaños. Pocos hubieran podido adivinar a simple vista la edad de esta vecina de Oarsoaldea. Sólo las velas encendidas en una tarta delataban las tres cifras de las que presume. «Son 104 años», decía sin parecer creérselo ni ella. Pero se lo cree y es perfectamente consciente de su más de un siglo de existencia. Una mente lúcida y una memoria que no deja de sorprender a cuantos la rodean le permiten repasar los capítulos de una existencia que comenzó a gestarse en el pueblo burgalés de Ontomín.

Allí nació Sabina un 6 de octubre de 1905. Siendo aún muy joven, se trasladó a vivir a Bilbao, donde comenzó a trabajar cuidando de los niños de una familia acomodada. Más tarde desembarcó en Errenteria, dispuesta a seguir ganándose la vida con la misma labor y como empleada de la antigua fábrica de Niessen.

En la villa reside desde ya hace varias décadas. Ahora lo hace con su hermana Margarita, ocho años menor que ella, aunque no con tan buena salud. Ambas comparten piso y una familia numerosa formada por sobrinos, nietos y biznietos. Todos descendientes de Margarita, pues Sabina está soltera y nunca tuvo hijos.

Ninguno de sus allegados quiso perderse su 104 cumpleaños, en el que no faltó una buena ración de tarta y sorbete de champán, como a ella le gusta. Muchos se preguntarán por su secreto para llegar a una edad tan elevada y con tan buena salud. La clave parece estar en sus ganas de vivir, como dice su sobrina Nekane. «No quiere morirse por nada del mundo. Antes decía que quería aguantar para ver la comunión de mi hijo y éste ya ha cumplido los 26 años y hasta se ha casado. Tiene la cabeza perfecta y se vale por sí sola. Lo único que le falla es el oído y que tampoco le gusta salir a la calle», asegura.

El suyo no es el único caso de longevidad en Errenteria. «Puede que sea la única de la comarca con esa edad, aunque su doctora nos habló hace tiempo de un señor, también en este municipio, con la misma edad. Hay muchas personas que rondan los 100 años por la zona», comenta Nekane.

Dos operaciones

Hace cuatro años su aniversario también salió en las páginas de este periódico. Representantes del Ayuntamiento de Errenteria, la Diputación Foral de Gipuzkoa y Kutxa festejaron su centenario visitándola en su hogar, en el que atesora infinidad de recuerdos en forma de fotografías.

Un año después, hubo de ser operada. Su corazón precisaba de un marcapasos y la familia temió por su estado, pero lo superó e incluso volvió a someterse a una nueva intervención quirúrgica con 102 años para eliminar las cataratas que apenas le dejaban ver. «Ahora ya no necesita ni gafas», dice Nekane. Ella y Juani, su cuidadora, se encargan de acompañar a Sabina y Margarita a lo largo del día. Pero sólo acompañarlas. «A Sabina no le gusta que le hagan ni la cama. Es tan autosuficiente...», confiesan.

Llega el momento de soplar las velas, la cumpleañera no espera ni un segundo y las apaga sin darle siquiera tiempo al fotógrafo de captar la escena. Le proponemos repetir y acepta encantada. Esta vez sí que hay suerte. Nos despedimos de Sabina, quien promete esperarnos para inmortalizar nuevamente la escena dentro de doce meses.

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