José Tomás, entre la épica y la lírica

En la temporada que finaliza Tomás ha vuelto a ser una referencia en su forma de entender el toreo

J. D. A.SAN SEBASTIÁN.
Tomás sale a hombres de la Maestranza. /EFE/
Tomás sale a hombres de la Maestranza. /EFE

DV. Podía haber pasado cualquier cosa pero sucedió lo mejor de lo que cabía esperar. José Tomás cerraba su año con un apoteósico éxito en Barcelona donde cortaba cuatro orejas y salía en hombros de la Monumental con la senyera ondeándole sobre los hombros de los que habían arrancado, como mandan los cánones, los alamares. Era el cierre glorioso de una temporada que había comenzado con no menos éxitos. El torero salió a hombros en sus siete primeras comparecencias en 2009: Castellón (oreja y oreja), Valencia (oreja y oreja), Málaga (oreja y oreja), Jerez (cuatro orejas), Córdoba (tres orejas), Nimes (tres orejas) y Granada (tres orejas y rabo). A estos triunfos se le sumarían los conseguidos posteriormente en Badajoz (cuatro orejas), Huelva (cuatro orejas), Gijón (tres orejas), Málaga (tres orejas), Almería (dos orejas), Linares (cuatro orejas) y Murcia (dos orejas). Una fecha especialmente significativa fue la del 5 de julio, en la que, por primera vez en su carrera, se encerró con seis toros. Fue en la Plaza de toros Monumental de Barcelona y cortó un total de cinco orejas.

El Monstruo de Galapagar, al que algunos -apasionadamente- llaman , ha seguido midiendo sus actuaciones, que nunca superan la treintena desde su reaparición y ha acumulado, un año más elogios desbordados y críticas no menos apasionadas.

Si José Tomás fuera francés tendría una estatua, con rotonda ajardinada, en la mitad de los Campos Elíseos. Pero es de Madrid, capital de un país donde, en cuestión de toros, lo mismo se saca el palio a pasear que se reparten garrotazos hasta derribar al ídolo. Aquí o te mueres o no hay estatua ni lapida conmemorativa.

En la temporada que finaliza Tomás ha vuelto a ser un punto de referencia en su forma de entender e interpretar el toreo: quietud, hondura, valor y pisar espacios comprometidos que le han valido numerosas cogidas. A subrayar que éste año ha sido el primero en el que ha finalizado indemne la temporada.

No ha variado tampoco su distanciamiento con la Prensa -donde tiene muchos enemigos- y su enfrentamiento con muchos empresarios que no están dispuestos a pagar sus elevadísimos honorarios. Otra de las exigencias del torero a las empresas que también ha sido objeto de críticas es el no abrir ni cerrar cartel. Sólo ha estado anunciado en primer lugar a lo largo de su carrera en tres ocasiones: en Algeciras en 1999 y en dos mano a mano con El Juli (Ávila, 2007) y con Morante de la Puebla (El Puerto de Santa María, 2008). José Tomás no torea en la Feria del Pilar desde 1997, en la Feria de Bilbao desde 1998, en la de San Fermín desde 1999, y en Sevilla desde 2002. Desde el entorno del torero se ha puesto como razón su negativa a ser televisado que, junto a su ausencia de los grandes acontecimientos, también ha sido criticada. Se le ha acusado de no ejercer como una gran figura del toreo.

Al final, en Tomás, sigue habiendo más épica que lírica en un año en el que sólo se han medido al de Galapagar (con nota que a veces ha superado la obtenida por el madrileño) toreros como Castella, El Juli y Perera... y Ponce mal que pese a algunos.

Tomás vive feliz -supongo- en su galaxia particular mirando al mundo desde arriba y toreando cuando, donde y los toros que quiere. Recoge unos premios y devuelve otros y pasa olímpicamente de las consecuencias que genera su actitud. Desde esa óptica es también torero único. A Tomás sólo le queda anunciarse con Victorinos, Miuras o Palhas. No caerá esa breva, porque si cae no sería , sería Dios. Y eso es imposible.

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