Reunión en la Trinidad

De regreso a San Sebastián tras la destrucción del 31 de agosto, el Ayuntamiento se estableció en la calle de la TrinidadLa calle del 31 de Agosto recibió su actual denominación, abandonando la de Trinidad, el 13 de abril de 1897

JAVIER SADA
La destrucción de la ciudad fue el origen del ensanche, que se inició medio siglo después./
La destrucción de la ciudad fue el origen del ensanche, que se inició medio siglo después.

Hoy, 20 de septiembre, ya habían pasado veinte días desde los recordados hechos del 31 de agosto de 1813 que condujeron a la destrucción de la ciudad. A partir de la capitulación francesa algunos vecinos se reunieron en la casa solar de Aizpurua, en Zubieta, siendo uno de sus primeros acuerdos el nombrar un nuevo Ayuntamiento y oficializar el deseo de reconstruir San Sebastián regresando a la zona incendiada tan pronto como fuera posible.

La vuelta a casa se produjo en la mañana del día 10. La comitiva salió del barrio de Zubieta siendo encabezada «por los dos alcaldes y demás individuos del Ayuntamiento, asistidos por los vecinos que pudieron acompañarles». Llegaron a la Puerta de Tierra cuando todavía humeaban algunos edificios, había llamas en el convento de Santa Teresa y el humo de los escombros apenas dejaba entrever las pocas casas que habían quedado en pie. Entre cascotes, brasas y paredes destrozadas llegaron hasta la calle de la Trinidad cuya hilera de casas más próximas al monte se había librado del fuego por ser el lugar elegido como residencia por los mandos ingleses mientras permanecieran en San Sebastián.

Entre los propietarios que habían llegado desde Zubieta figuraba Bartolomé de Olózaga, que tenía dos casas en la calle Mayor, tres en Narrica y una en la de la Trinidad. Al contemplar la situación, Olózaga, que había sido Regidor en 1806, Jurado en 1810 y que sería alcalde en 1816, ofreció su casa de la calle Trinidad para que en ella pudiera reunirse el Ayuntamiento y comenzar su actividad siquiera con carácter provisional. La que más tarde sería número 40 de la calle del 31 de Agosto se convirtió de esta forma en la Casa Consistorial de San Sebastián. Más tarde se trasladó al número 20 de la misma calle en el que se disponía de más espacio.

Uno de los acuerdos tomados en la calle de la Trinidad fue el dirigirse al Comandante en funciones de la Plaza y pedirle colaboración recibiendo como respuesta que «prestaría toda clase de auxilios que le pidiesen en alivio de los habitantes» e invitando a que se le dirigiesen «todas las pretensiones en la inteligencia de que serían escuchadas con gusto». Otro de los graves problemas con los que se enfrentaron aquellos hombres que intentaban reconstruir la ciudad era el ver como muchos de sus convecinos regresaban a sus destruidas casas sin que pudieran ser debidamente asistidos, siendo así que el día 12 dirigieron un escrito a Wellington solicitando 2.000 raciones diarias, encargándose ellos de «buscar operarios que socorran a los infelices».

1813...

El Comandante portugués dio orden a la guardia de la Puerta de Tierra para que controlara el acceso a la población, impidiendo la entrada a todos aquellos que no fueran vecinos, siendo encomendado para identificarlos el alguacil José Antonio Jáuregui. Otra de las decisiones urgentes tomadas en estas reuniones municipales fue el llamar a los dos Mayorales que tenía la Ciudad para que localizaran a los seis Diputados que tenía la población, cada uno de ellos «acompañado de quince o veinte hombres con sus palas, azadas, cestas y demás útiles» a fin de dar por terminado el incendio de las Carmelitas Descalzas y liberar de escombros las calles principales.

Mucho fue el trajín de los propietarios que volvían a la ciudad y se encontraban con sus casas en ruinas, estableciéndose como podían entre lo que de ellas quedaba una vez haber sido autorizados por el alcalde y tras haber presentado su documento de propiedad. El grave problema legal que todo ello originaba motivó que los comisionados por el Ayuntamiento, señores José Joaquín Sagasti, Joaquín Luis Bermingham y José María Soroa y Soroa se dirigieran por escrito a Lord Wellington, duque de Ciudad Rodrigo, informándole de la pérdida de mucha información pública que dificultaba la normalización del vecindario e indicándole que para lo sucesivo debían asegurarse los derechos de los habitantes con un Libro Magistral.

Algo más conflictivo era el segundo punto del escrito donde se indicaba que como «el incendio y la ruina ha sido efecto de las tropas inglesas y portuguesas al mando de un general inglés... ha creído la Ciudad que es dicha potencia la que debe indemnizar los daños».

La primera respuesta de Wellington fue que había visto con dolor la destrucción pero que era un mal inevitable «por el bien general». La situación hizo que se tuviera que atacar y tomar la Plaza, así como el que se pegara fuego a la misma... Pero que debía reflexionarse pensando que gracias a tanta desgracia el enemigo se habían rendido y había sido posible ganar San Sebastián.

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