La ermita de Loreto

JAVIER SADA
El Palacio Miramar se encuentra en la zona de Loreto-pea. /LOBO ALTUNA/
El Palacio Miramar se encuentra en la zona de Loreto-pea. /LOBO ALTUNA

Pasado y Presente de San Sebastián recordaba la semana pasada los ciento veinte años transcurridos desde la inauguración de la iglesia de San Sebastián el Antiguo en las proximidades de la calle Matía, después de haber sido trasladado el templo desde el actual parque de Miramar para poder construir el palacio que serviría como residencia a la reina María Cristina. Volvemos a la pequeña loma donde hasta 1888 se encontraba la primitiva iglesia, para recordar algunos de los edificios que en la misma existían. Una vez más, para hurgar en los orígenes de la misma, es necesario citar el famoso testamento de Sancho el Mayor, rey de Navarra, en el que como agradecimiento al Monasterio de Leyre, por ser el lugar donde fueron enterrados sus mayores, donaba al obispo, al abad y a los monjes que en él moraban y a los que en el futuro morarían... un monasterio que se dice de San Sebastián en los términos de Hernani... en la villa que los antiguos llamaron Izurun. Discutida la fecha del documento de la donación, aunque mayoritariamente aceptada la de 1014, será el comienzo de una larga historia que venía desde mucho tiempo atrás cuando ya en este año a la iglesia se la denominaba la antigua o el antiguo. Poco tiempo mantuvieron los de Leyre la donación, sabiéndose que en 1235 la cedieron a los cistercienses de Iranzu, quienes litigiaron con el obispo de Pamplona que la quería bajo su patronato, objetivo que consiguió en 1271.

El presbítero Ramón de Inzaragay nos recuerda que el lugar debía ser «yermo y despoblado», con algunas casas aisladas y, quizá, refugio necesario de viajeros o peregrinos medievales. Serapio Múgica aventura los orígenes de la iglesia comentando que «debió erigirse como santuario y hospedería de los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, entre los años 812 y 1014». Dependiente de la iglesia de Santa María, la de San Sebastián podía dar ocasionales consuelos espirituales a los vecinos más cercanos «que en principio serían los várdulos poseedores de los campos de la Artiga e Ibaeta» aunque será en el siglo XVI «cuando documentalmente comienza la historia del Antiguo» al fundarse el convento de las dominicas. Corría el año 1546 y junto al convento surgió un hospital, se construyó un cementerio y se levantaron casas que terminarían formando el núcleo de lo que sería el Antiguo de San Sebastián, diferenciándolo del Viejo San Sebastián. Las dominicas alcanzaron gran dominio de la vida de la ciudad.

1729...

Oficialmente no tiene nombre y quizá tampoco lo necesite, aunque el pueblo ya lo ha bautizado de varias formas, basándose más en la estética que en la historia. Es el pico que desde el palacio de Miramar desciende hasta las aguas de la Concha, popularmente conocido como el Pico del Loro o como el Pico del oro... Loreto-pea o el Pico de Loreto tiene más razones históricas para corresponder a la denominación de las rocas que lo conforman. Como ocurre en muchos capítulos de la historia de San Sebastián, el origen de la ermita dedicada en este lugar a la Virgen de Loreto y el porqué de la misma se pierden, por el momento, en el anonimato. Sobre la Virgen, cuya festividad se celebra el 10 de diciembre y que curiosamente es también conocida como la Virgen negra... (era llamada La Virgen negra la primitiva patrona de San Sebastián, cuya imagen guardaban los dominicos en San Telmo) se sabe que procede de Italia. Cuenta la tradición que la casa de Nazaret donde nació y vivió María, la madre de Jesús, fue trasladada por los ángeles hasta Dalmacia (Croacia) y después, en tiempos del Papa Celestino V, a Loreto (Italia) para evitar que fuera profanada por los sarracenos. El que los aviadores la eligieran como patrona podía habernos servido como excusa para justificar su presencia frente a Ondarreta, utilizada como aeródromo, pero la cita es tan solo una licencia literaria. Sí es conocido que la ermita de Nuestra Señora de Loreto, junto a la iglesia de San Sebastián, era utilizada como capilla del cementerio que existió en el lugar, y también se conoce que en el siglo XVIII su estado de conservación era lo suficientemente lamentable como para que la princesa de Esquilache se fijara en ella y el año 1729 cediera algunos de sus terrenos cercanos para que pudiera ser ampliada y restaurada. El escrito de la princesa decía que la ermita «está desmoronada y sita sobre una roca, continuamente azotada por el agua, contigua a la huerta que hemos concedido al vicario de la parroquia y mandamos a José Manuel de Jaureguiondo que dé cumplimiento».

PRÓXIMO DOMINGO Reunión en la Trinidad

1729...

La princesa de Esquilache facilitó medios para reformar y ampliar la ermita de Ntra. Sra. de Loreto

... 2009

Loreto-pea sigue siendo un nombre histórico a recuperar en perjuicio del impersonal Pico del Loro