Autopsia a Mister Marshall

El alavés Kepa Sojo publica un libro en el que analiza todos los pormenores que rodearon la gestación, rodaje y estreno de la mítica película de Luis García Berlanga

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Lolita Sevilla, Manolo Morán y Pepe Isbert encabezan la procesión local, entonando el célebre , en una de las más famosas escenas de la película./
Lolita Sevilla, Manolo Morán y Pepe Isbert encabezan la procesión local, entonando el célebre , en una de las más famosas escenas de la película.

DV. Un pueblo castellano travestido de andaluz, una estructura social paradigmática en una España rural y subdesarrollada, un discurso -«como alcalde vuestro que soy...»-, y un puñado de números musicales -con el «» al frente- constituyen el armazón de «la mejor película del cine español». Lo dice el profesor de la UPV y director de cine Kepa Sojo (Llodio, 1968), autor de (Ed. Notorious).

El libro ahora publicado recoge en esencia la tesis doctoral que mantuvo ocupado a Sojo entre 1991 y 2003. El autor, que compara la cinta de Luis García Berlanga con el de Picasso o de Gaudí, sostiene su afirmación en que «en los años cincuenta, la situación en España es difícil, se hace esta película, tiene un gran éxito en Cannes, da una imagen distinta del país en el exterior y narra muy bien los acontecimientos que tuvieron lugar aquí durante esa década en torno al Plan Marshall. En cierta manera, hay un antes y un después de esta película en el cine español».

La película pasa por ser una gran comedia, lo cual no quita para que esté poblada de personajes más o menos mezquinos. «Es gente mediocre que se busca la vida -considera Kepa Sojo-. El alcalde y la oligarquía quieren aprovecharse de la llegada de los americanos para hacer el negocio, montando el recibimiento, pero en el fondo son tan infelices como la gente normal del pueblo. Es una pequeña oligarquía rural y caciquil que había en los pueblos de España en los años 50, que Berlanga critica de una manera muy clara. Los poderes fácticos: el cura, el médico, la maestra y el alcalde».

La película se estrenó el 4 de abril de 1953 en el Cine Italiano de Madrid. «El gran público la ve como una comedia divertida, pero hay otra lectura subyacente y crítica, que fue detectada por la gente de la clandestinidad, comunistas, anarquistas e incluso falangistas, que estaban muy desencantados y que en parte fueron también artífices de la película».

A partir de ahí, la cinta salta al Festival de Cannes, de donde sale con un premio bajo el brazo y envuelta en una polémica provocada por el presidente del jurado, el actor estadounidense Edward G. Robinson, que amenaza con dimitir si no se suprime un plano final en el que una banderita española y otra de EE UU corren por una acequia. ««Edward G. Robinson estuvo en la época del acusado de comunista y finalmente se libró, encomendándose al Comité de Actividades Anti-Americanas, ante el cual, tenía que ganar puntos para lavar su imagen». Por otra parte, el empeño de parte del equipo de la película en jugar en uno de los casinos de la localidad francesa con falsos billetes promocionales en los que aparecían Lolita Sevilla, Manolo Morán y Pepe Isbert dio con sus huesos en los calabozos, sin que la cosa pasara a mayores.

Precisamente, sobre la actriz Lolita Sevilla pesa la sospecha de que su presencia en el filme fue una imposición de la productora. Según Kepa Sojo, «era una chavala que estaba empezando a despuntar y la ficharon para tres nuevos títulos. Cuando estaban haciendo la película, se les ocurrió la idea de travestir un pueblo castellano -Guadalix de la Sierra, en donde hoy en día se graba o- en uno andaluz -Villar del Río- y que hubiera canciones folclóricas. Y ahí metieron a Lolita Sevilla, de la cual -añade el profesor de la UPV-, «nunca más se supo, al margen de cuatro o cinco películas, que pasaron al olvido y que no se ven ni en ». El autor del libro explica que «la película es concebida como un musical. De hecho, la canción ha pasado a la historia como uno de los iconos del cine español».

Vista hoy en día, se antoja inaudito que lograra eludir las exigencias de la censura. «Los censores no fueron lo suficientemente inteligentes como para ver toda la carga que tenía la película. Cincuenta o sesenta años más tarde nos damos cuenta de la trascendencia que ha tenido o de la crítica que llevaba oculta. Sin embargo, en aquel momento, había algunas películas como ésta, como que pasaron la censura y otras, como , del propio Berlanga, que no pasaron el corte y fueron censuradas». Sojo considera que «una vez que la película tira para adelante y sale premiada de Cannes, el régimen la tolera para demostrar que no es malo, ni censura».

Con motivo del cincuenta aniversario del rodaje, Guadalix de la Sierra celebró en 2002 una proyección de la película a la que también asistió Kepa Sojo. «Y fue muy emocionante porque la gente decía, señalando la pantalla: ¡ese eres tú! ¡Ése otro tú!».

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