Fallece el escritor Pablo Antoñana, Premio Príncipe de Viana 1996

Navarra y sus gentes son el eje central de su obra narrativa y ensayística. Debutó en la literatura con un relato que ganó el Ciudad de San Sebastián en 1961

FÉLIX MARAÑASAN SEBASTIÁN.
Pablo Antoñana. /M. MUNARRIZ/
Pablo Antoñana. /M. MUNARRIZ

DV. El escritor navarro Pablo Antoñana (Viana, 1924), autor de una excelente obra narrativa y ensayística, donde canta y recorre la vida y memoria de las gentes de su tierra, falleció ayer en su casa de Pamplona. El escritor, que recibió el Premio Príncipe de Viana de la Cultura en 1996, llevaba recluido en hospitalización y domicilio desde diciembre, en que ingresó para una operación de corazón, que le retuvo en la UCI durante más de tres meses. Tras este periodo, en los últimos días se le activó un cáncer, del que había sido tratado tiempo atrás. Sus restos serán incinerados hoy, y se prepara un acto civil para el próximo miércoles en la capital navarra, con el objeto de tributarle un homenaje.

Amortajado junto a su txapela -«instrumento que no me adorna, sino que me conduce», según su humorada- y con un ejemplar del último libro, (2008), con su muerte desaparece uno de los grandes cantores contemporáneos de Navarra. Tras Navarro Villoslada -que nació en la misma casa que Antoñana-, Campión o Félix Urabayen, nadie ha retratado hasta aquí con esa fuerza vidas, paisajes, sombras y misterio de Navarra. Antoñana está así en la nómina de escritores como José María Iribarren, Leoncio Urabayen o Manuel Iribarren, además de los narradores citados anteriormente.

Antoñana nació a la literatura en 1961, año en que su relato , recibió el premio Ciudad de San Sebastián de Cuentos, fecha importante en su carrera, porque en ese mismo año gana el Premio Sésamo de novela, por , y, sobre todo, por haber sido finalista en el Premio Nadal, con, una novela que permaneció inédita hasta 1995, en que fue publicada por Pamiela, editorial que, junto con la donostiarra Bermingham, ha publicado la mayor parte de su obra. , que cuenta en esencia la vida dramática de los emigrantes portugueses en su traspaso del Bidasoa, no se publicó en su día por determinación de la Censura oficial.

Tuvo siempre Antoñana también un amor especial por la ciudad de San Sebastián, en donde recuerda haber vivido y palpado los movimientos, violentos, de algunas gentes en las puertas de la catedral del Buen Pastor, el 18 de julio de 1936. En esta ciudad veraneó, en otras ocasiones, a la manera de Iribarren. Fue precisamente la guerra, y las guerras civiles del siglo XIX, uno de los ejes de las preocupaciones e incursiones de Antoñana, tanto en lo narrativo, como en la miscelánea, o en sus ensayos, tales como Noticias de la II Guerra Carlista (1990).

En su caminar literario, San Sebastián volvería a ser protagonista, pues en 1972, Antoñana recibió el premio Guipúzcoa de novela, con . La obra, dedicada a la memoria de su madre, Blanca Chasco, que le contaba las historias en la vieja casa de Viana, donde el espectro de Navarro Villoslada estaba presente, no se publicaría hasta 1975, en que la revista donostiarra edita la novela. En dicho relato establece Antoñana, como en otros relatos posteriores, los límites de su República Independiente de Ioar, donde conformó un mundo de imaginación, ensueño y realidad histórica, donde se desarrolla su literatura. Una especie de república federal, no atajada por la perfidia que el escritor había palpado en su discurrir por el mundo rural.

Antoñana, licenciado en Derecho y Magisterio, ejerció como secretario en ayuntamientos de Tierraestella, a cuyo escenario dedicó muchos artículos y estampas, como las recogidas en su libro (1998). Aprendió inglés y francés, para leer, viajar y ejercer de hombre de todo el universo.

Un espíritu indomable

En octubre de 2001, el Centro Cultural Koldo Mitxelena organizó un ciclo de conferencias, con el título sobre la figura del escritor, que estuvo presente en las mismas, y se expresó emocionado por el hecho que, con tal motivo, se tradujeran al euskera por vez primera un conjunto de sus cuentos, traducidos por José Luis Padrón, y publicados con el título de . Antoñana, que aprendió el euskera en la edad madura, valoraba mucho este hecho, como la traducción hecha por la banda Hits & Fits, de Urretxu-Zumárraga, de su relato . Con motivo de las jornadas donostiarras, Antoñana dio a conocer un texto, , en el que repasó su vida en la literatura, y su lucha constante con las ideas y las palabras. Su pensamiento literario está en su libro (1996), y el conjunto de su obra narrativa ha sido publicado por Pamiela.

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