El escritor e ingenioso articulista Ramón Zulaica fallece en Oiartzun

Estuvo en la Academia Errante, la revista 'Noray', el grupo TEU, las tertulias de Espelunca y otras iniciativas culturales Colaboró en DV y publicó una 'Guía caprichosa' de Donostia

FÉLIX MARAÑASAN SEBASTIÁN.
Ramón Zulaica. /ZAPIRAIN/
Ramón Zulaica. /ZAPIRAIN

DV. El escritor Ramón Zulaica falleció el pasado martes en Oiartzun, localidad donde ha residido gran parte de su vida, a la edad de ochenta años. Con su muerte, desaparece uno de los personajes más singulares de la vida cultural vasca del último medio siglo, y un miembro de esa generación informe, pero concreta, de narradores y cuentistas que surgió en San Sebastián en la década de los sesenta del pasado siglo, como José María Bellido, Julio Eyara, José María Mendiola, Fernando Bandrés, y otros, que, afortunadamente, perviven.

Ramón Zulaica, hijo de una familia de la burguesía donostiarra, y sobrino del padre Donostia, tuvo siempre a gala ser un hombre que luchó por vivir, si no de la literatura, sí en la literatura. Aunque su profesión, como Graduado Social, la ejerció al margen de la vida artística, sus libros, su vivencia y conocimiento del cine -estudió en la Escuela Oficial con los grandes cineastas españoles-, pero, sobre todo, pasión por la lectura y la escritura, conforman un retrato de un escritor lleno de imaginación, fábula y talento.

Su sentido del humor, así como su ingenio, lo demostró en miles de artículos -publicados en EL DIARIO VASCO-, uno de los más celebrados, el que con el título dedicó a contar la sesión de los miembros de la , en su visita al Palacio del Infantado, en Lazkao, dando cuenta de la conversación telefónica desarrollada entre Jorge Oteiza y Felipe II. Zulaica daba en el artículo todo tipo y lujo de detalles de la histórica conferencia telefónica. Precisamente Zulaica dedicó un estudio (), en el libro dedicado por la Academia Errante a la Generación del 98 (1963).

Un hombre crítico

Zulaica, que además de Cinematografía estudió teatro, dirigió también varios grupos de teatro de cámara y ensayo. Recibió varios premios de cuentos, como el (1955) y (1957). En los primeros años sesenta publicó en San Sebastián la novela , en la colección promovida por Agora.

Formó parte de , participó en la revista (San Sebastián, 1963) y en los actos de vivencia cultural que promovían las hermanas Ramos desde la cueva de Espelunca. Pero su obra literaria más constante fue publicándose en los periódicos, como EL DIARIO VASCO y , de Valladolid.

Zulaica fue siempre un hombre crítico, al que le gustó ir por libre, lo que algunos han interpretado como inconveniente para su quehacer literario, pero eso no le amedrentó en modo alguno, y la prueba es que, en su madurez, y con una muy quebrada salud, ha dado a conocer libros como (2007), publicado en autoedición, en donde hace excelentes aportaciones y consideraciones sobre la saga de intelectuales vascos que prende en dicha localidad guipuzcoana, con la presencia en la misma de Rafael Martínez de Baroxa en el siglo XIX. Desde luego, la ciudad que más quiso, Donostia, desaprovechó sus conocimientos cinematográficos, fotográficos y estéticos.

Desenfado y humor

Tenía, como su tío, el célebre músico, José Antonio Zulaica, una visión antropológica y etnográfica de la cultura, que le acercaban a las revisiones de vida en mundos distintos, como lo demuestra en su libro , que publicó en los cuadernos de Eusko Ikaskuntza, en 1995, con un prólogo de Juan Garmendia Larrañaga.

Del mismo modo, en su libro y también en el estudio dedicado a los Baroja en Oiartzun. Desde luego, mucho de esa visión encontramos, en su libro (Lur, 1979), escrito con desenfado, humor, y un gran acierto en la calibración del tópico.

Su libro , dedicado a esa fiera reducida, como solía decir, y por cuya existencia Zulaica tenía pasión, fue uno de los libros más celebrados del escritor, editado por la entonces Caja de Ahorros Provincial. No menor encanto tiene su estudio , donde da cuenta con una gracia y encanto narrativo sin igual cómo se convocaban los sobrinos en torno al músico por fecha tan señalada.

Amor a San Sebastián

Pero un amor muy especial de Zulaica fue San Sebastián. A esta ciudad dedicó su (Zarautz, 1963), joya literaria, en la que están todos los puntos que explican qué es la ciudad, contados a la manera de Aldecoa, cuando hizo su guía del País Vasco, que no pretendía una guía para orientar, sino para todo lo contrario: para que los visitantes se perdieran, realmente, dentro de la ciudad.

Zulaica, euskaldún, tenía amor también por la lengua vasca. Aunque todo sus libros los escribió en castellano, un conjunto de sus relatos, , fue traducido al euskera por Ramón Murua, y publicado con el título (Zarautz, 1967). Antes, había publicado su libro (Gómez, Pamplona, 1962, donde da cuenta de sus conocimientos y afecto por el país del que se enamoró, y de donde es su esposa, Pirkko Viljanen.

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