El Holodomor de los ucranianos

La investigadora arrasatearra África Marteache ha indagado sobre la Gran Hambruna que en 1932-33 costó la vida a millones de campesinos ucranianos bajo el régimen soviético

KEPA OLIDEN
El Holodomor de los ucranianos

ARRASATE. DV. Coincidiendo con la conmemoración del 75 aniversario del genocidio por inanición de millones de ucranianos, la investigadora arrasatearra África Marteache indagó el año pasado en este trágico capítulo de la historia europea que ha pasado a la historia con el nombre de Holodomor (palabra que describe en ucraniano la muerte por inanición).

La profesora jubilada y autora de recopilaciones sobre la resistencia anti-nazi alemana durante el Tercer Reich, o la Guerra Cristera de persecución religiosa en el México de los años 20-30, escrutó en 2008 la calamitosa hambruna que costó la vida a entre 4 y 7 millones de campesinos ucranianos durante los años 1932 a 1933. No tardó en constatar que los «historiadores no se ponen de acuerdo» sobre la cifra de fallecidos. El propio Khruschev reconocía que «nadie los contó». Porque las víctimas del Holodomor -sostiene Marteache- no sucumbieron por efecto de las malas cosechas, como afirmaba Stalin, sino que pagaron con sus vidas la política de colectivización soviética.

Como explica África Marteache, tras el derrumbe de los grandes imperios Ruso y Austrohúngaro (en 1917 y 1918 respectivamente), la Ucrania central y oriental quedó en manos de la recién instaurada URSS, mientras que la occidental, que había sido parte del Imperio Austrohúngaro, quedó dividida entre Polonia, Checoslovaquia y Rumanía. En el área de Windsor (Canadá) hay un monumento conmemorativo de este triste evento que consiste en una gran placa de mármol con el mapa actual de Ucrania. Allí se ven claramente los (provincias) afectadas por la hambruna y, mientras los centrales y orientales se ven cubiertos de cruces marcando los lugares donde ésta se dejó sentir, los occidentales están totalmente en blanco porque, al estar fuera del control soviético, en ellos no hubo muertes por hambre. Stalin dijo que fueron sucesivos años de malas cosechas los que mataron a los kulaks (campesinos) ucranianos y no la política de colectivización. Si fuera así «habría muertos en todas partes puesto que las malas cosechas no entienden de fronteras artificiales». «Hubo malas cosechas, es verdad, -explica Marteache- pero él no sólo colectivizó los campos, sino que les quitó las cosechas ya recolectadas y los animales y les retiró los documentos que podrían haberles permitido la emigración. Así toda Ucrania quedó convertida en un inmenso campo de concentración sin salida alguna». Por la famosa ley de «Las cinco espigas» las mujeres y niños que recogían las espigas caídas en los campos eran tiroteados sin compasión.

Duelo periodístico

El genocidio por inanición de los campesinos ucranianos, acontecido tras las herméticas fronteras soviéticas, trascendió gracias a la labor periodística de hombres como Gareth Jones (1905-1935), un reportero galés que escribía para The Guardian y que hizo suya la causa de los ucranianos. El fue el primero en denunciar la hambruna que «llenaba los campos y calles de Ucrania de miles -tal vez millones de muertos- insepultos y devorados por las ratas».

Los reportajes de Jones chocaban frontalmente con los de su colega estadounidense Walter Duranty (1885-1957), corresponsal en Moscú del acreditado New York Times. Laureado con el premio Pulitzer en 1932, Duranty era un peso pesado del mundo periodístico internacional. Desde su podio de triunfador, alababa a Stalin y a la colectivización, decía que la «mentalidad asiática» de aquella gente «necesitaba de un dictador» y que las bajas que se estaban produciendo «no eran alarmantes». La opinión pública no sabía a quién creer, pero un premio como el Puli-tzer y la veteranía de Duranty pesaban mucho.

Pero la historia acabó poniendo a cada uno en su lugar. Como reseña Marteache, al día de hoy Gareth Jones es un héroe para los ucranianos porque fue el único testigo de la verdad. Entre los grupos de la diáspora canadiense y norteamericana su nombre es venerado.

La mano del NKVD

Gareth Jones murió asesinado en Mongolia a punto de cumplir los 30 años. Expulsado de las URSS por sus denuncias periodísticas, Jones se había embarcado en una vuelta al mundo cuando fue secuestrado por bandidos en compañía de un colega alemán. A este le soltaron a los dos días, pero 16 días más tarde hallaron a Jones muerto a tiros en una acción tras la que muchos vieron la mano vengadora del NKVD (servicio secreto soviético, antecesor del KGB)

En cuanto a Duranty, Marteache señala hay una campaña en marcha para que se le revoque el Pulitzer, «puesto que los historiadores han demostrado hasta la saciedad que el Holodomor existió y fue incluso peor que los alarmantes artículos de Jones». Sin embargo la Junta Pulitzer se niega una y otra vez a revocar dicho premio. Una comisión ucraniana fue la última en hacer la solicitud el 29 de abril de 2003.