Cinco años sin Imanol

JOSEMARI ALEMÁN AMUNDARAIN

Pues sí, cinco años no son nada. Y en noviembre, veinte del . Mientras Sam Fuller y James Cameron se paseaban por Donostia, durante el 37 Zinemaldia, Gregorio Ordóñez denunciaba que HB había incluido en sus listas para las Elecciones Generales de octubre a presuntos etarras, pendientes de juicio y Xavier Albistur se defendía como podía de la presión a la que le sometía un joven Odón Elorza, que dos años más tarde revolucionaría la ciudad con su peculiar estilo de alcaldear. Mientras, , la peli de Antxon Ezeiza con guión de Koldo Izagirre, hacía irrespirable nuestro aire húmedo, e Imanol se adentraba, por tercer año consecutivo, en esa selva negra que es, a veces, el Goiherri, anunciando, en Ordizia, otro concierto en recuerdo de Yoyes. Era el 21 de septiembre de 1989. Poco más de un mes más tarde, tras un bolo en la Casa de Cultura de Intxaurrondo, aparecen dos pintadas: en una de ellas se manda al paredón a los arrepentidos y, en la otra, se amenaza explícitamente de muerte a Imanol. Dos años antes, en Oiartzun, le habían pinchado las ruedas y tuneado el capó de su viejo coche, con otras letanías. Aquello le asustó y nunca más cogió un volante.

La respuesta fue rápida y un grupo de amigos, con algunos concejales de Euskadiko Ezkerra, propusieron organizar un acto de apoyo al cantante y pensaron que lo mejor era un concierto. La noticia se extendió y aquellas amenazas que, por aquí, algunos tomaron como algo irrelevante (todo el mundo se ha sentido alguna vez amenazado, en este país en guerra), en otras geografías se hizo una lectura más descontextualizada y, allí donde ponía «Imanol, traidor, vas a morir», se interpretó por «Imanol, traidor, vas a morir». Es que el idioma español es así de lineal. Y fue como si alguien gritara «¡Fuego!». Los teléfonos del ayuntamiento no cesaban de recibir ad hesiones. El día dos de noviembre, acompañado de Anjel Lertxundi, Imanol anunciaba el acto , que se celebraría el domingo 5, a las ocho de la tarde, en el Polideportivo de Anoeta, argumentando que no deberíamos consentir ni una sola amenaza más por parte de ETA, a la que exigía que aclarase lo de las pintadas. Anunciaban la presencia de ocho cantantes españoles (Rosa León, Javier Krahe, Ricardo Solfa, Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, José Antonio Labordeta, Paco Ibáñez y Luis Pastor) y a Urko, único representante de los cantantes vascos. Algún periodista pidió opinión sobre ese particular y la contestación de Imanol fue una sonrisa amarga y resignada, con un comentario sobre la evidente presión que ejercen «esos que todos sabemos» sobre los discrepantes. Y remató con un cáustico «El miedo es libre», que fue el gran titular, y sentó como una patada en el trigémino a todos los músicos vascos. Al día siguiente, se sumaron Elisa Serna, Amaya Uranga, Pi de la Serra, Gorka Knör y Xavier Ribalta. Y se abrió un manifiesto de apoyo encabezado por Serrat, Victor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos, Lluis Llach y Moustaki, al que rápidamente se adhirieron Joxe Mari eta Mikel, Antton Valverde, Lourdes Iriondo, Xavier Lete y alguno más que luego se retiró. La víspera del concierto, algunos medios publicaban una lista de 160 personas relevantes que se adherían a la causa. Imanol pasó esos días, en su casa, entre perplejo y contrariado, y a la vez desbordado por la magnitud que estaba tomando aquella movida. Algunos amigos le ponían al corriente de las últimas adhesiones, pues él no se atrevía ni a coger el teléfono. Se dice que ETA envió a unos emisarios para convencerle de que parara aquello. Sus colegas le enviaron una carta 'privada' que él dijo no haber recibido. Algunos se borraron de las listas de adhesión al ver las dimensiones y el cariz que estaba tomando aquello.

Y llegó el día y la hora. Los participantes comieron, con el alcalde, en un restaurante cercano. Luego los ensayos, pruebas de sonido y todo eso. El responsable de seguridad tuvo que cerrar las puertas del polideportivo a las ocho y poco de la tarde, con cinco mil personas ya dentro. Muchísima gente se quedó en la calle y los organizadores no se lo podían creer. Podían haber preparado el Velódromo, pero nunca llegaron a imaginar aquella respuesta. Comentaron que fue el acto más concurrido, que se había celebrado en Donostia por la causa de las libertades. Además de los anunciados, actuaron varios bertsolaris (Andoni Egaña, Joxé Lizaso, Xabier Euzkitze, Azpillaga y Basabe) y los cantantes Iñaki Eizmendi, Pablo Guerrero y Enrique Morente. Se leyeron telegramas de CCOO, Juan María Bandrés, Luis Cobos, Teddy Bautista, Caro Baroja, Jorge Oteiza, Rafael Alberti, etc. Apareció una lista de 180 ex presos de ETA, en la que se autoinculpaban de ser traidores al pensamiento obligatorio de la banda terrorista. Y finalmente una de las presentadoras del acto, entregó a Imanol un taco de 150 hojas, llenas por ambas caras, de firmas de apoyo. El cantante agradeció todas las muestras de solidaridad, deseando que aquel acto sirviera de reflexión para que, en este país, no se produzcan más amenazas ni agresiones, y recordó a su amigo Xabier Lete, ingresado, esos días, por una grave enfermedad. La fiesta finalizó con un texto de Alberti, musicado por Paco Ibáñez, que se cantó a coro total, y que sobrecogió a algunos.

Al día siguiente, todos los músicos venidos de otras tierras, se volvieron a sus asuntos, felices de haber apoyado a un amigo humillado. Los medios mayoritarios, esos que mantienen informados al 80% de la población, dedicaron dos páginas al acontecimiento y publicaron, días más tarde, alguna carta al director. Imanol volvió, también a sus rutinas, tratando de digerir lo ocurrido, preocupado y molesto por la postura de sus colegas que no habían querido apoyarle. El otro sector de la prensa, apenas cubrió la noticia con unas veinte líneas, pero los días posteriores fueron publicando gran cantidad de extensísimos artículos en los que se insultaba y despreciaba a Imanol sin piedad. Firmas muy reconocidas le retrataban, con ironía y ferocidad, como un provocador oportunista y un bullas escandaloso. Al leerlos uno se pregunta qué es lo que molestó realmente a este sector y pienso que no gustó nada que Imanol saliese al balcón gritando y aireando intimidades. Aquel ruido, decían, pretendía despertar al monstruo español que nuevamente escupiría fuego contra la insurgencia vasca.

Un mes más tarde, se celebraba en Ataun, un homenaje a Joxemiel Barandiaran, con motivo de cumplir los cien años. Un festival de música en una carpa, al que se había invitado a nueve artistas, entre ellos a Imanol. Dos de los invitados se negaron a compartir escenario con él y ante la firmeza de la comisión organizadora, renunciaron a actuar, no sin antes presionar a los demás. Finalmente, unos por solidaridad con los disidentes y otros por no entrar en rollos extra musicales, también renunciaron. El festival se celebró en la iglesia, con la participación de Bitoriano Gandiaga, Antton Valverde e Imanol. Urko y Lete, no habían sido invitados, pero estuvieron allí.

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