San Adrián revela sus secretos

FELIX IBARGUTXI| SAN ADRIÁN.
San Adrián revela sus secretos

DV. La imagen más antigua que se conoce de Gipuzkoa es una en la que aparece el túnel de San Adrián, con un castillo en su interior. No es casualidad. En la Edad Media, aquel paso natural formaba parte de una vía de comunicación, la que unía Castilla con Francia. «Se pensaba que era un castillo pequeño, pero ha resultado ser una fortaleza, con una parte en el interior de la cueva y otras estructuras en las zonas exteriores, con una extensión de más de una hectárea, aproximadamente 1,12 kilómetros cuadrados», declaró ayer el director de las excavaciones, Alfredo Moraza.

La sociedad de ciencias Aranzadi es la encargada de realizar los trabajos arqueológicos. El pasado verano se llevó a cabo la primera campaña y la semana que viene empezará la segunda. Las tareas están sufragadas por la Diputación Foral de Gipuzkoa, con implicación de dos de sus departamentos: Desarrollo Rural y Cultura. En esa primera campaña se hizo «una radiografía del terreno», en palabras del director de la excavación, Alfredo Moraza. «Y los resultados han superado con creces las expectativas iniciales». El diputado general Olano, por su parte, dijo en la visita de ayer que el ente foral quiere «conservar y poner en valor este enclave».

La fortaleza estaba destinada a controlar esa vía de comunicación. Aparece citada ya en el siglo XIV y estuvo en funcionamiento hasta al menos finales del XVI. No se sabe todavía la fecha de construcción, aunque bien podría ser del siglo X, y este dato añade todavía más interés al tema, dado que apenas hay restos de esa época en Gipuzkoa.

San Adrián era una especie de N-1 en la Edad Media. No había otra alternativa para comunicar Castilla y Francia. Por allí tenían que pasar los reyes, las princesas, los obispos, los mercaderes y el pueblo llano. Y en la mayor parte de las épocas fue un paso con peaje. Si miramos el túnel desde la vertiente guipuzcoana, a la derecha existen unos peldaños excavados en la roca. Esa otra vía, según la tradición, sería la que usaban los que no querían pagar peaje en la cueva.

La guarnición de la fortaleza dió protección a lo largo de muchas épocas en las que los caminos estaban plagados de malhechores al acecho. Nada más salir de la cueva, en dirección hacia Álava, hay un túmulo prehistórico en el que según Moraza hubo instalada una picota. Allí se ejecutaba a los delincuentes, y los cadáveres permanecían largo tiempo, para dar ejemplo.

Esa fortaleza constaba de dos torres, una en el interior de la cueva, la otra -la torre del homenaje- en una oquedad anexa. Es posible que en lo más alto de la peña también hubiera algún tipo de edificación. Además, en los aledaños del túnel, había empalizadas, con cimentación de piedra, pero en su parte superior de madera.

Al margen del castillo, el túnel también ha resultado ser una caja de sorpresas, tras los primeros trabajos arqueológicos. Hace unos siglos, esa cavidad tuvo un aspecto muy diferente. «Así como hoy en día el paseante ve toda la cueva, antes vería la calzada y poco más, porque ese túnel estaba lleno de edificaciones a izquierda y derecha. Había ermita -la actual es muy reciente, del XIX-, fonda, almacén, depósito de agua, cementerio...», comentó Moraza.

Un mito poco creíble

La calzada discurría dentro del túnel por una cota casi tres metros inferior a la actual. En los últimos siglos se han producido grandes acumulaciones de piedras, que han modificado totalmente el aspecto del enclave. La entrada al túnel por el lado alavés tiene hoy unos dos metros de alto, y existe la leyenda, antigua, que ese fue el único punto en el que el emperador Carlos I estuvo obligado a inclinar la cabeza. Ese mito no deja de ser una gran mentira histórica según Moraza, dado que en esa época la boca sería bastante más amplia.

Esa leyenda fue alimentada por los descendientes del alcaide de la fortaleza de San Adrián, satisfechos de haberse impuesto de algun a manera a todo un emperador. Los duques de Montehermoso fueron quienes ostentaron, entre sus abundantes títulos, el de alcaide de esa fortaleza. «Llegaron a falsificar un documento que decía que la fortalerza había sido construida por ellos», dijo el arqueólogo.

La primitiva ermita, según parece, se erigió en honor a la Santísima Trinidad. De ahí que al túnel se le diera en euskera el nombre de Sandrati, vocablo que luego derivó en San Adrián. Esa ermita estaba enclavada justo enfrente de la actual y era de dimensiones más reducidas. Fue derribada en 1893 para edificar la que se ve hoy. Luego, en el siglo XIX, hubo también un cuartel de miqueletes. que en 1911 quedó reducido a cenizas a causa de un incendio, al igual que la posada anexa.

El próximo 19 de julio, domingo, la oficina de turismo de Zegama ofrecerá una visita guiada a este enclave. Se puede pedir más información en el teléfono 943-802187.

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