Caballero completó la hazaña

El nadador donostiarra llegó anoche a San Sebastián tras una travesía de más de 27 horas desde Bilbao, en la que tuvo que enfrentarse a la gran distancia, las corrientes y los cambios de viento

IÑAKI IZQUIERDO| SAN SEBASTIÁN.
Caballero, con la txapela y el ramo de flores /LUSA El nadador donostiarra llega al Náutico. /LUSA/
Caballero, con la txapela y el ramo de flores /LUSA El nadador donostiarra llega al Náutico. /LUSA

DV. El sol no se quedó para esperarle. Pero todos sus amigos y familiares sí. Jaime Caballero completó la proeza de unir a nado Bilbao y Donostia y llegó a las escaleras del Club Náutico de San Sebastián cuando estaban a punto de dar las diez y media de la noche. Un nutrido y ruidoso comité de bienvenida le dedicó una cerrada ovación cuando puso pie a tierra y levantó los puños al aire en señal de victoria. Fue un triunfo incontestable, desde luego.

Caballero había salido de Punta Galea, en Getxo, poco después de las siete de la tarde del miércoles. Por delante, la noche y cien kilómetros de mar. Nunca nadie había intentado algo así, pero ahora ya hay un récord que batir: unas 27 horas y media, a falta de la homologación definitiva por parte de los jueces federativos que acompañaron a Caballero en su travesía y que darán fe de su marca.

Aparentemente, terminó entero. «Estoy bien. Lo único, que al ponerme de pie me tambaleaba un poco. Pero estoy muy bien». Dos miembros de la Cruz Roja le sometieron a una rápida revisión nada más salir del agua y confirmaron que no había más problemas que el lógico cansancio.

«Ha sido duro»

Caballero estaba agotado pero entero, y no tardó en ponerse a relatar su aventura: «Ha sido duro, porque de Getaria hasta aquí me he pasado diez horas. Justo allí ha cambiado el viento, ha rolado a este, y entonces había ola corta y con mucha corriente. Y cuando he llegado aquí a la bahía ya estaba bajando la marea y no te quiero ni contar lo que me ha costado, pero bueno, ya estoy aquí».

Sólo Jaime Caballero sabe lo que sufrió para completar la travesía, pero su recorrido desde que apareció por detrás de Igeldo hasta el Náutico fue ilustrativo del sufrimiento que afrontó. Era aún de día cuando se vieron los tres barcos y la zodiac que le acompañaban. Tardó más de una hora en llegar a su destino. Su avance transmitía sufrimiento hasta el Paseo Nuevo, donde le esperaban los primeros amigos provistos de prismáticos. La noche se le echó encima en puntas, luchando contra la marea para dejar atrás la isla de Santa Clara.

La recta final, ya de noche y dentro de la bahía, pareció más sencilla para los que les esperaban en tierra, pero Jaime Caballero explicó que también fue durísima. «Lo peor ha sido el principio y el final. Al principio el mar estaba bien, pero había corrientes y no avanzaba. Todo el rato veía la referencia en el mismo sitio y al ver que no te acercas sufres mucho en esos momentos. Al final estaba cansado, pero estoy muy contento porque ésta era mi ilusión y lo he conseguido».

Ruidoso recibimiento

Muchos turistas se asomaban desde el espigón del muelle para ver qué pasaba. El nuevo mirador junto al Náutico también estaba lleno de gente animando a Jaime Caballero, que enseguida fue consciente de que ésta no había sido una travesía solitaria como las demás. Agradeció a todos su presencia: «Con este recibimiento me he emocionado. Así da gusto».

El nadador se puso en pie y lanzó sus puños al cielo en señal de victoria y enseguida subió por las escaleras del Náutico hacia la terraza. Le ayudaron, pero no pareció que necesitase esa ayuda porque estaba bastante entero. Descorcharon una botella de champán, le dieron un ramo de flores y le colocaron una txapela.

Sus allegados no quisieron dejar pasar la ocasión para destacar también el trabajo de Txapete y Nico Olazabal, los pilotos del Náutico que le acompañaron y asistieron durante toda la travesía. Sus padres, otros familiares y muchos amigos se reunieron para dar la bienvenida y felicitar al nadador donostiarra.

Caía la noche sobre la bahía de La Concha, pero nadie echó de menos al sol. La hazaña de Jaime Caballero brillaba con luz propia.