«Hubo un momento en el que mi cuerpo dijo basta»

Edurne Pasaban reconoce que lo pasó muy mal y afirma con sinceridad y emoción que «pensé rendirme».

JUAN MANUEL SOTILLOS| SAN SEBASTIÁN.
Edurne Pasaban, que aparece junto a sus compañeros, ya está de regreso. /AL FILO/
Edurne Pasaban, que aparece junto a sus compañeros, ya está de regreso. /AL FILO

DV. «Hubo un momento en el que mi cuerpo dijo basta». Las palabras de Edurne Pasaban resumen muy bien el sufrimiento acumulado por la alpinista guipuzcoana en los últimos días en el Kangchenjunga.

El día de la cima para la expedición de , el pasado lunes, fue muy largo, larguísimo. Así empezaba a contarlo Edurne Pasaban en una entrevista ofrecida a «Sufrimos mucho en el descenso. Hasta el campo IV todo fue bastante bien, aunque fueron 24 horas sin parar desde que salimos de la tienda hasta que regresamos».

El martes por la mañana, tras dormir en el campo IV a 7.800 metros, iniciaron el descenso al campo III. Edurne Pasaban no terminó de recuperarse bien la noche anterior, pero igualmente inició el descenso con sus compañeros. El esfuerzo empezó entonces a superar a una Edurne, que acumulaba el cansancio extremo del día anterior.

Así lo explicaba la propia Edurne. «Fueron momentos muy duros, incluso hubo un momento en el que mi cuerpo dijo basta».

Edurne, lo ha venido demostrando a lo largo de toda su impresionante trayectoria himalayística, es fuerte, muy fuerte, pero ayer reconocía que el Kangchenjunga casi le vence: «Soy una persona fuerte, pero estuve a punto de rendirme».

El descenso del Kangchenjunga es difícil y complicado por lo abrupto del terreno y en algunos tramos los alpinistas se meten por unos laberintos de hielo, nieve y roca que se hacen más complicados si las fuerzas no acompañan.

Edurne Pasaban no estaba en las mejores condiciones para bajar. Por ello le faltó muy poco para tirar la toalla: «Cuando salí del campo IV y bajaba al III, en un momento dado, de repente, tiré la mochila y dije ¡basta ya! ¡no puedo más!». Según relataba ella misma, llegó a decir a sus compañeros de cuerda: «Dejadme aquí. Quiero quedarme aquí». Y les insistía: «No me mováis de aquí. No puedo dar un paso más».

Quizás Juanito Oiarzabal revivió en ese momento lo que le pasó a él cuando bajaba de la cumbre del Kangchenjunga en 1996. Juanito se abandonó a su suerte, pero allí estaban los hermanos Iñurrategi; Félix, desaparecido en el Gasherbrum II en 2000, y Alberto. Hoy Juanito sigue vivo.

La historia se repetía en el trágico descenso de Edurne. Y por ello repetía: «Gracias a mi equipo estoy viva. Gracias a su ayuda estoy en Kathmandú. Si hubiera sido por mí, me hubiera quedado en el Kangchenjunga».

Arrastrada

«Fue el agotamiento. Llega un momento en el que ni te das cuenta pero dices que ya basta». Edurne siguió bajando: «Me bajaron a rastras, literalmente a rastras. Me bajaban a turnos entre dos sherpas y entre Ferrán y Álex, ayudándome en algunos sitios muy complicados para rappelar. Fue complicadísimo, pero ahora me pregunto: ¿tú eres tonta, no puedes sacar fuerzas para ayudarles a que te saquen de allí? Pues no. No tenía fuerzas».

Propuesta para el premio

Edurne Pasaban, junto a las otras dos alpinistas que intentan hacerse con la lista de los catorce ochomiles de la tierra, la austro-alemana Gerlinde Kaltenbrunner, que consiguió su cumbre número doce en la cima del Lhotse anteayer, empatando con Edurne, y la italiana Nives Meroi, que tiene once y que intentaba como Edurne también el Kangchenjunga del que definitivamente parece ser se retira, han sido propuestas para el premio Príncipe de Asturias de los Deportes, cuyo fallo se conocerá el 2 de septiembre.

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