Aquí huele a muerto

CARLOS ELORZA
Aizpea, con parte de su plantel./
Aizpea, con parte de su plantel.

Arranca con seis de los protagonistas llorando a moco tendido. Pero sus llantos no se deben a ninguna desgracia que los aflija. Enseguida vemos que se trata del efecto de la cebolla picada. Lo sabemos porque ya hemos leído la sinopsis. Pero aunque no lo hubiéramos hecho, tampoco nos sorprendería. Porque el chiste de la cebolla picada como causa de las lágrimas es un recurso demasiado fácil. Pero esta escena sirve como símbolo de lo que es . Porque de la misma forma que una cebolla puede ser una artimaña efectiva para conseguir una lágrima fácil, la película recurre a toda clase de trucos, tretas y tramas para tratar de conseguir la risa fácil del espectador. Aunque pocas veces lo consiga.

Sigamos con la sinopsis. Afirma que «junta un montón de situaciones inverosímiles en un sencillo guión». Y tiene razón. Pero la acumulación de situaciones inverosímiles no tiene por qué ser algo bueno. Y está rellenita de planos, escenas y secuencias que parecen, lucen y suenan falsos. No sólo porque nos cueste creernos que las asistentas bolivianas hablen entre ellas en un perfecto euskara batua. Sino porque es demasiado evidente que en todo el conjunto y en todo momento se ha primado la supuesta comicidad de las situaciones frente a su verosimilitud. Porque el objetivo de las idas y venidas con la escuela de cocina, el inspector, el muerto, el tesoro, las amonas, sus cuidadoras, la nieta cañón y los cameos es provocar la risa fácil del espectador en lugar de trabar una historia coherente, consistente y con sentido. Y la película da vueltas y revueltas sobre las mismas situaciones y sobre los mismos escenarios hasta resultar cansina y monótona.

tiene un aire demasiado televisivo. En su guión, en sus interpretaciones, en su planificación. Parece estar concebida teniendo más en consideración sus futuros pases en la pantalla pequeña que su estreno en los cines comerciales. Se olvida de la fuerza de la imagen. Porque a veces se echa de menos el contraplano necesario, otras un primer plano, otras un movimiento de cámara...

Por momentos parece que le gustaría ser la versión de una comedia Ealing. Ligera y satírica a la vez. Con sus personajes con carácter, con sus situaciones absurdas. Pero le falta chispa, inspiración, originalidad. Le falta frescura e imaginación y le sobra marco incomparable. Y parece un refrito de tópicos, de clichés y lugares comunes. Porque no hay nada en que no hayamos visto antes en otras películas o series de televisión. Desde el arranque con la cebolla picada hasta ese final a lo