El Hotel Londres y de Inglaterra

En la Brecha, puede fijarse en torno a los ciento cincuenta años la existencia del Hotel de Londres. El hotel llegó a su actual emplazamiento después de pasar unos años por la Avenida de la Libertad

JAVIER SADA
La fachada del Hotel de Londres ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de los años. /DV/
La fachada del Hotel de Londres ha sufrido muchas modificaciones a lo largo de los años. /DV

Reconstruida la ciudad en 1813 no sólo se respetó, corrigiendo, la traza anterior sino que también se procuró respetar la distribución de su vecindario dependiendo de la clase social a la que pertenecía. Desde antiguo la aristocracia donostiarra moró en torno a la calle Mayor, desplazándose hacia la Brecha en función de su poder adquisitivo, siendo así que, en cuestión de hospedajes, el de mayor rango se abrió, precisamente, en dicha calle Mayor con el nombre de Parador Real.

Pertenecía a Fausto Corral y el nombre estaba en relación con algunos de sus ilustres huéspedes, pues no en vano se alojaron en él desde el infante Francisco de Paula, hermano de Fernando VII, hasta Francisco de Asís, que más tarde se casaría con Isabel II, y desde la duquesa de Berry hasta el matrimonio formado por Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo. Las posadas, fondas o mesones más al alcance de la mayoría fueron abriéndose allá donde eran solicitadas, es decir, cerca del lugar en el que las diligencias terminaban su recorrido y los huéspedes podían precisar alojamiento: la actual plaza de Sarriegui.

Allí fue donde Martín Lopetedi, en 1821, abrió su primera posada a la que fueron siguiendo otras como las de Escurra, Beraza, Victoria, propiedad esta última del dueño del servicio de diligencias e Isabel cuyo propietario, Andrea Pérez, también estaba relacionado con el transporte de viajeros, o la que cerca de lo que hoy es la calle Aldamar abrió Eduardo Dupouy dándole el nombre de Londres.

Pero, derribadas las murallas, pronto se vieron posibilidades fuera de las mismas, terreno hasta entonces vedado a la construcción, y, ante la falta de hoteles y la mucha demanda que de ellos había, comenzaron a surgir nuevos establecimientos en el ensanche, siendo lugares privilegiados los cercanos a Oquendo, «con vistas al mar». Estaba claro que el futuro, como hemos visto ha ocurrido las últimas décadas a algunos gremios, estaba en salir de la zona donde se había estado desde siempre. «Renovarse o morir».

Eduardo Dupouy fue de los que supo renovarse antes que morir en la añoranza del «porque siempre ha sido así» y se trasladó a uno de los solares más céntricos, y costosos de los que hasta la fecha existían: ni más ni menos que a la Avenida de la Libertad haciendo esquina con la calle Guetaria que, aunque cierto era se trataba todavía de un espacio con pocos edificios contiguos, parecía de segura revalorización.

1859...

Juan Mari Peña en su estudio realizado hace un par de décadas recordaba que a sus tres pisos debía añadir bajo y bodega, contando con la magnífica terraza de la Avenida y las ocho escaleras que, por la parte de la calle Guetaria, permitían el acceso al interior del hotel. La trasera del edificio «daba al mar» o, para mejor decir, al río Urumea que dominaba toda la actual Área Romántica, convirtiendo a la hoy calle San Marcial en paseo marítimo que bordeaba las aguas.

En aquella casa, que después de reconstruida sería el Hotel Du Palais, se permaneció hasta 1902 año en el que, de nuevo buscando horizontes más propicios, se decidió trasladar el negocio hasta el paseo de la Concha. El lugar elegido resultaba un privilegio entre los privilegios del momento, ya fuera por su emplazamiento o por su historia. Se trataba del solar que propiedad del Estado en 1865 fue vendido a Jacobo Félix León. Uno de los hechos más recordados de este edificio es que el año 1868 en él pasó su última noche, camino del destierro, Isabel II. Al año siguiente el magnífico edificio fue alquilado para casino, Casino Cursaal, al barón Fossard de Lillebonne, que junto a la ruleta abrió un pequeño hotel que si primero se llamó Cursaal luego fue denominado Inglés.

El año 1901 Balda y Matheu vendieron la casa a Carlos Manes y Bordes y es en este momento cuando hizo su aparición Eduardo Dupouy con la idea de trasladar a la Concha su Hotel de Londres, cosa que hizo en 1902. Queriendo respetar el origen del nombre del viejo hotel Inglés añadió la denominación al suyo, resultando «Hotel de Londres y de Inglaterra». En aquel momento el hotel tenía tres plantas para atender a los huéspedes, una cuarta para servicios propios y la planta baja o noble donde se recibía a la clientela. El año 1912 se derribó la parte del cerro de San Bartolomé que llegaba hasta Urbieta y fue necesario modificar la estructura del hotel que en esa esquina formaba ángulo recto. La obra resultante proporcionó al lugar la curvatura que conocemos en la actualidad.

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