Cuarenta euros tirados por la borda

Un buen Oinatz Bengoetxea dejó en cuatro a la caricatura de Patxi Ruiz, muy mermado físicamente. El campeón sumó seis tantos de saque y jugó a su antojo

JOSEBA LEZETA| PAMPLONA.
Oinatz demostró golpe con la derecha. /J. SESMA/
Oinatz demostró golpe con la derecha. /J. SESMA

DV. Coincidimos con un pelotazale de Zestoa a la salida del frontón Labrit. Estaba muy enfadado: «No es de recibo pagar 40 euros para ver a Patxi Ruiz en estas condiciones, para ver un simulacro de partido como éste. Se han burlado de los espectadores. Sé que Patxi ha sufrido porque no tiene bien la espalda, porque apenas puede agacharse. Pero también he sufrido yo en la silla viéndole a él. Nuestro deporte no merece situaciones tan tristes como ésta».

Oinatz Bengoetxea inició la defensa de su título con una rotunda victoria por 22-4 ante Patxi Ruiz. O mejor dicho, ante la caricatura de Patxi Ruiz. El zaguero de Estella no existió. Quince días antes se produjo otro 22-4 en el Labrit, infligido por Irujo a Xala. Sin embargo, el de Ibero encontró aquel día mayor oposición que Oinatz en esta ocasión. Aunque el resultado fuera idéntico y el número de pelotazos, similar, así como el tiempo de juego.

Patxi Ruiz, que jugó con una faja, no podía meter la cintura, no podía agacharse para responder a las dejadas, apenas gozó dos o tres pelotazos y se vino abajo enseguida, tras comprobar que no tenía nada que hacer.

Estoy convencido de que su empresa, Asegarce, no le ha obligado a participar en el Manomanista. Esa responsabilidad le ha correspondido a él, que confesó no sentirse «arrepentido» de jugar.

Un ex manista profesional nos hizo la siguiente reflexión durante la semana: «Yo también estoy seguro de que la empresa no le ha obligado. Pero tras escucharle que no tiene bien la espalda, que le molesta el hombro, que jugará infiltrado... quizá debía haber tomado otra decisión: impedirle jugar y suspender el partido».

El espectador, pagano

Sucede cíclicamente en el Manomanista. Un pelotari salta a la cancha sin las condiciones físicas mínimas para el desarrollo de su profesión y el pagano es el de siempre: el espectador que ha pagado religiosamente su entrada. En este caso tiraron por la borda 40 euros. Los desperdiciaron porque sobre la cancha no se vio un partido digno de la competición reina de este deporte.

No es cuestión de buscar culpables, pero sí soluciones para que esto no se repita.

Oinatz Bengoetxea, serio y correcto de principio a fin, cumplió su tarea. No tomó ningún riesgo. Hubo que esperar al 20-4 para ver su primera entrada de aire al resto de saque de Patxi Ruiz. Hasta entonces había esperado al bote en cada una de las ocasiones.

Hay un dato que refleja con claridad el dominio que ejerció el lei-tzarra: sólo pegó siete sotamanos de derecha. Apenas necesitó utilizar su principal arma defensiva, ésa que la pasada edición le permitió tomar la iniciativa en multitud de ocasiones.

La mejor noticia para él, aparte de una victoria comodísima, fue la confirmación de que está con chispa en la derecha. Pegó mucho a pelota servida. Pudo parecer, tal y como ocurrió en el partido entre Irujo y Xala, que había excesivo material. Al margen de que fueran pelotas más o menos saltarinas, sigo pensando que es indispensable mayor oposición para valorar el material. Con el que vemos habitualmente en las canchas de mano, pelotaris de primera fila como éstos cogen altura en el frontis y ponen la pelota muy atrás, muy lejos.

Oinatz Bengoetxea ha dado el primer paso y espera en semifinales al vencedor de la eliminatoria que Gonzalez e Irujo disputarán esta tarde en Donostia.