Martutene y Basauri siguen a la cabeza de cárceles más masificadas

El aumento de la población reclusa hace que el número de internos llegue a triplicar su capacidad

OCTAVIO IGEA| SAN SEBASTIÁN.
Reclusos del penal de Basauri siguen un concierto de música. / EFE/
Reclusos del penal de Basauri siguen un concierto de música. / EFE

DV. Las cárceles españolas se encuentran al borde del colapso. Los reclusos desbordan todas y cada una de las prisiones y hay pocos visos de que la situación vaya a mejorar. Al contrario, empeora. Según el último informe del sindicato de prisiones Acaip, el sistema penitenciario acoge a 75.000 reos cuando apenas tiene capacidad para poco más de la mitad.

Durante 2008 fueron encarceladas tantas personas como en los dos años precedentes juntos, lo que ha supuesto el mayor aumento de internos de los últimos treinta años. La superpoblación supera el doble de la capacidad en una veintena de penales. Las cárceles vascas de Martutene y Basauri tienen el dudoso honor de ser dos de los tres centros más saturados del país, al dar cabida a más del triple de presos de los que permite su capacidad, 410 y 385 respectivamente. La otra prisión es la de Ceuta.

El número de internamientos sigue sin hallar techo. En lo que va de año se están contabilizando 18 nuevos presos al día, cuando en el trienio 2004-07 apenas se superaba la media docena diaria. El incremento de la población en España y la reforma del Código Penal, que ha endurecido las penas por terrorismo y pederastia, por ejemplo, y que prevé cárcel para conductores temerarios y piratas informáticos, pueden explicar la tendencia al alza, advierte el informe. No sólo entran más presos, sino que tardan más en salir, ya que la reforma legislativa ha eliminado las redenciones por estudio, trabajo y casi cualquier otra circunstancia. Pero el crecimiento de la población reclusa no ha ido acompañado de un aumento similar en el número de calabozos. Por mucho que la ley obligue a que cada interno «se aloje en celdas individuales».

«Tenemos leyes avanzadas, somos la envidia de la Unión Europea, pero los medios son escasos», denuncia José Miguel Guzmán, responsable nacional de Instituciones Penitenciarias de Comisiones Obreras.

No hay más que echar una ojeada a la cabeza de la lista. Martutene acoje a 410 presos en 103 celdas (398% por encima de su capacidad), la prisión de Ceuta a 305 en 80 (un 381%más) y la de Basauri a 385 en 115 calabozos (un 334% más). La lista de las cinco prisiones con mayor índice de hacinamiento la completan Murcia (303%) e Ibiza (298%). «La clase política legisla por demanda popular y no puede ser. Todas las sanciones no pueden llevar a una persona a la cárcel», opina Guzmán.

Nuevas cárceles

La saturación de los penales también preocupa al Ministerio del Interior, aunque trate de restar importancia a las cifras que manejan los sindicatos. El pasado mes de octubre, la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, negó que en las prisiones españolas haya hacinamiento, pero calificó la tendencia al alza de la población reclusa como «uno de los mayores retos de la democracia». Para atajarlo, anunció la ampliación del .

En el marco de este proyecto se han construido ya cuatro nuevos penales, se prevé inaugurar otros seis y renovar o reubicar cinco más, entre ellos los de Martutene y Nanclares de Oca. Se estima que cuando finalicen los trabajos España contará con 8.029 celdas nuevas, una cifra «muy alejada», en todo caso, de las necesidades actuales. «Y ni siquiera se va a cumplir si se mantienen los plazos actuales de construcción», lamentan los sindicatos. En el caso de la prisión alavesa, las obras del nuevo centro -que tendrá capacidad para 850 reclusos- comenzarán antes del verano, aunque han concitado la oposición de la Diputación foral, que ve ilegalidades en su tramitación.

Más inseguridad

Mientras, el día a día en las cárceles se complica. Los centros penitenciarios tampoco son ajenos a la inmigración. El pasado año, uno de cada dos nuevos presos era extranjero y su número total, casi 26.000, supone ya un tercio de los internos. A los «roces lógicos» que provoca el hacinamiento se unen las diferencias culturales, lo que se ha traducido en «un aumento de la inseguridad».

Según los cálculos de CC OO, la superpoblación requeriría la contratación de 13.000 nuevos funcionarios para mejorar la seguridad. «Ahora mismo nos jugamos el pellejo y muchos reclusos viven en situaciones lamentables. La privación de libertad debe ser la única pena y no llevar otras accesorias como la de tener que compartir una celda de diez metros cuadrados en la que no tienes ni intimidad para ir al baño», advierte Guzmán.

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