Mondragón y la Gipuzkoa española

La invasión francesa de 1794 dividió a Gipuzkoa en dos: la San Sebastián burguesa y mercantil que quiso romper con Castilla, y la Gipuzkoa rural y española de Mondragón

KEPA OLIDEN
'A Mondragón. Route de Burgos', de Bacler d'Albe y G. Engelmann. Detalle de la primera mitad del siglo XIX. Nótese la presencia de tres ahorcados en el árbol./
'A Mondragón. Route de Burgos', de Bacler d'Albe y G. Engelmann. Detalle de la primera mitad del siglo XIX. Nótese la presencia de tres ahorcados en el árbol.

ARRASATE. DV. Las Juntas Generales de Gipuzkoa celebradas en Getaria en agosto 1794 vieron en la invasión de los convencionales franceses la ocasión de romper con la corona de Castilla y recuperar su independencia anterior al pacto suscrito en el año 1.200.

Al amparo de la República Francesa, la Gipuzkoa urbana, mercantil y liberal encabezada por San Sebastián quiso así dar por finiquitado un pacto foral que el Estado incumplía flagrantemente mediante disposiciones arancelarias y gravámenes que la estrangulaban económicamente.

Privada del comercio con las colonias y ahogada por la política arancelaria estatal, la burguesía liberal fuerista no opuso ninguna resistencia a la invasión de los convencionales franceses, con los que además compartían numerosas afinidades ideológicas. Pero la irrupción de las fuerzas galas puso de relieve la fractura social existente en Gipuzkoa entre esta burguesía liberal ilustrada y la nobleza rural integrista, radicalmente opuesta a toda idea progresista, y defensora a ultranza de la integridad de los Fueros -los burgueses querían modificar aspectos como el de la aduana con Castilla- y de la fidelidad a la corona española.

Investigadores como el bergarés José Antonio Zabala Unzurrunzaga han visto en esta dicotomía el germen de la futura división entre liberales y carlistas.

Línea Tolosa-Oria

Tras la irrupción de los franceses Gipuzkoa queda geográficamente divida por la línea de Tolosa-Oria. Y si las Juntas Generales de Getaria se convierten en el símbolo de los «afrancesados» que abogan por la independencia de Gipuzkoa, Mondragón lo es de la Gipuzkoa fiel a España y combatiente contra el invasor francés.

En respuesta a la asamblea celebrada en Getaria con la asistencia de 46 junteros de otros tantos pueblos, a iniciativa del notario de Mondragón José María Echaguíbel y Orbe se convocaba Junta Particular en la villa el 1 de septiembre de 1794. Como señala el historiador bergarés José Antonio Zabala en su trabajo , a la misma acudieron 18 villas que no suscribieron las propuestas de Getaria, cuyo tenor se resumía en los siguientes cinco puntos: 1º respeto al libre culto de la religión católica; 2º que se guarden los Fueros, buenos y usos y costumbres; 3º que sea la provincia independiente como lo fue hasta el año 1.200; 4º que no se le obligue a tomar las armas en la actual guerra (Guerra de la Convención. España declaró la Guerra a Francia en 1793 como consecuencia del guillotinamiento del rey galo Luis XVI); 5º que sea garante el pueblo francés de estos acuerdos.

Gipuzkoa francesa

Los militares franceses no sólo no respetaron los términos relativos a la seguridad e integridad de los guipuzcoanos, sino que dieron un ultimátum de 24 horas a las Juntas Generales para que resolvieran si querían o no que Gipuzkoa se integrara en la República Francesa. En caso negativo, el territorio sería tratado como país conquistado. En su respuesta del 22 de agosto dicen contar con plenos poderes para separar a Gipuzkoa de la monarquía española, pero no así para incorporar la provincia a la nación francesa.

Las autoridades ocupantes francesas reaccionaron con enojo: Gipuzkoa sería regida como país conquistado (con pena de muerte para cualquier forma de oposición al ocupante), y los 46 junteros de Getaria fueron detenidos y encarcelados en Baiona.

Finalmente, el jefe del ejército francés, general Moncey, haciendo gala de aptitudes más diplomáticas, restituyó las instituciones de la provincia.

Diputación a Guerra

Mientras tanto, la Diputación a Guerra constituida en Mondragón decidió oponerse con todos los medios al invasor francés. Rubricaron el acuerdo las villas de Mondragón, Oñati, Bergara, Aretxabaleta, Eskoriatza, Gatzaga, Antzuola, Elgeta, Urretxu, Zumarraga, Itsasondo, Gabiria, Legazpia, Ormaiztegi, Segura, Zegama y Elgoibar.

La junta fiel a la Corona española decretó el alistamiento y organizaron la defensa de la línea del Deba. Esta defensa ralentizaría el avance francés, e incluso la rechazaría en ocasiones.

La Milicia Foral mantuvo numerosas escaramuzas pero no pudo evitar la ocupación y saqueo de Bergara el 28 de noviembre de 1794. Pero un centenar de milicianos forales lograron reconquistar la villa. Los comandaba el bergarés Gabriel de Mendizábal, que en la siguiente guerra con Francia (Guerra de la Independencia 1808-1814) sería un ilustre general.

La Gipuzkoa enemiga del francés, pese a su adhesión incondicional a la corona, no recibió ninguna ayuda del Ejército Real.

En 1795 se acelera el ritmo de la ofensiva gala, que desbarata todo el sistema defensivo español y foral, y Araba y Bizkaia caen en manos del general Moncey.

Pánico en Madrid

«El pánico de la Corte ante la eventualidad de los franceses en Pancorbo, en el umbral mismo de la meseta castellana, es inenarrable», explica José Antonio Zabala. Sólo la Paz de Basilea, firmada el 22 de julio de 1795, salvó la situación. Al final los franceses renunciaron a Gipuzkoa, a la que querían incorporada a la República, y la única cesión territorial para calmar las reclamaciones francesas se redujo a la Isla caribeña de Santo Domingo.

Las intenciones que abrigaba Moncey, según aventura Zabala, no afectaban sólo a Gipuzkoa. «Estaba bien impuesto sobre las instituciones forales y sobre el carácter de los vascos, y según sus manifestaciones, pretendió la formación de una república integrada por Araba, Gipuzkoa y Bizkaia bajo la protección de Francia. Le sugiere esta idea la propuesta de la Junta de Getaria de separación de Gipuzkoa de la corona española, a la que se articularía territorialmente Araba y Bizkaia. Pero la Paz de Basilea abortó estas iniciativas», explica Zabala.

Las consecuencias, una vez firmado el armisticio, de las aspiraciones independentistas, fueron profundas y duraderas. La desafección de los guipuzcoanos trajo cola en España. Alcalá Galiano, responsabilizó directamente a la población, más allá de sus líderes políticos, de que «con el apego a sus privilegios que hace a las provincias vascongadas casi Estados independientes, infundiéndoles deseo de convertir su independencia en absoluta, persuadidos de que su provincia podría ser república libre y soberana, aunque pequeña, amparada por Francia, habían resuelto llevar a cabo su proyecto no haciendo resistencia al enemigo y para completar su obra se iban a reunir conforme a sus antiguos usos en Getaria».

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