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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Ciclismo

VUELTA CICLISTA AL PAÍS VASCO

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DV. La Virgen de Dorleta es la patrona de los ciclistas. Pero a pocos kilómetros de Leintz-Gatzaga, en Eibar, sin salir de la cuenca del río Deba, hay otra virgen sin la que es imposible entender la historia del ciclismo vasco. Junto al Santuario de la Virgen de Arrate han desfilado figuras de la talla de Bahamontes, Poulidor, Anquetil, Roche, Indurain, Rijs, Joseba Beloki...
La historia de la Subida a Arrate es extensa y brillante. Desde que Pedro Zugasti se impuso en su cumbre en 1941, en el estreno de la carrera, su historia no ha parado de crecer. Nació para dar ambiente al Día del Finalista que el Club Deportivo organizaba en las campas para entregar medallas a los montañeros destacados de la temporada. Zugasti tardó 25 minutos y 1 segundo en cubrir los 7,350 kiilómetros que separaban la calle Paseo San Andrés del Santuario.
La década de los 50 trajo una época gloriosa para la prueba, sobre todo con las cinco victorias consecutivas de Federico Martín Bahamontes, el mejor escalador de la historia para muchos y auténtico rey de Arrate.
La carrera, que era en línea, evolucionó y en 1965 adquirió otro formato. Celebraba su 25 aniversario y los organizadores decidieron que constara de dos carreras, una en línea y otra en contrarreloj. Julio Jiménez batió a Bahamontes en el cómputo.
La fiesta se completó con pruebas para aficionados, juveniles y veteranos, además de la denominada Vuelta a Kanpazar, de 114 kilómetros y ganada por el gran Jacques Anquetil. Fue un fin de semana para el recuerdo.
Línea más crono
Gustó la nueva fórmula -línea más contrarreloj- que se mantuvo hasta 1975. Ahora bien, entre 1969 y 1973 se aprovechó la disputa de la Subida a Arrate para organizar paralelamente un Criterium de Montaña con final al lado del santuario que se llevó a cabo durante cinco años con triunfos de Eduardo Castelló (1969), Txomin Perurena (1970), Luis Ocaña (1971), Jesús Esperanza (1972) y Luis Ocaña (1973).
También en esa época acogió Arrate finales de etapa tanto de la Vuelta al País Vasco como de la Vuelta a España. Eibar y Arrate eran puntos claves.
Ya entonces la Subida a Arrate no se limitaba al campo profesional. También fue escenario de carreras para aficionados, juveniles y veteranos. Nombres como los de Julián Gorospe, Jokin Mujika, Pello Ruiz Cabestany e Iñaki Gastón, entre otros, se dieron a conocer en las rampas de Urko, camino de coronar Ixua.
Juanito Txoko, alma mater de la carrera durante una temporada larga, dimitió en 1976 y Eibar se quedó sin su Subida ese año. La recuperaron en 1977 para disputarse en línea esa edición y la siguiente, pero se ausentó del calendario en 1979 y 1980.
Era imposible que desapareciera y los eibarreses resucitaron la Subida a Arrate en 1981 con la antigua fórmula de una ascensión en línea y otra en contrarreloj. En 1982 Marino Lejarreta estableció el récord que aún perdura en las tablas: 18:55. Lo consiguió en 1982, en la edición que se adjudicó Ángel Arroyo. El berriztarra, entonces en las filas del Teka, había ganado la carrera en línea y no tomó la salida al día siguiente.
Equipos y corredores comentaron a los organizadores la posibilidad de cambiar el formato. Preferían una carrera en línea larga, con varios puertos, en lugar de una ascensión en frío. Su petición encontró eco y una respuesta positiva que se concretó en 1985. La organización diseñó un recorrido de 168 kilómetros con final, cómo no, en la cima de Arrate. Ganó Iñaki Gastón. El vizcaíno repitió al año siguiente, la primera vez que ETB1 retransmitió en directo la prueba. Otro hito.
Bicicleta Eibarresa
La evolución no se detuvo ahí. Eibar resucitó la Bicicleta Eibarresa en 1987. La ciudad armera volvía a tener su vuelta, primero de tres días (1987-1988) y después de cinco.
Eso sí, no perdieron la Subida a Arrate, instalada como última etapa de la Bicicleta Eibarresa, que con el paso de los años cambió su denominación para convertirse en Euskal Bizikleta.
Con sus fechas entre finales de mayo y comienzos de junio, la Euskal Bizikleta fue durante varias ediciones el punto de encuentro entre los ciclistas que llegaban fuertes del Giro de Italia y los que encaminaban su preparación para el Tour de Francia. Un cruce de caminos.
Franco Chioccioli y Eugeni Berzin, por ejemplo, pertenecían al primer grupo. Miguel Indurain, Bjarne Rijs, Fernando Escartín y Joseba Beloki, al segundo.
La fusión de la Vuelta al País Vasco con la Euskal Bizikleta no ha traído consigo la desaparición de Arrate. Todo lo contrario, debe servir para revitalizar esa mítica Subida, que vivirá esta tarde un nuevo capítulo, tan brillante como los anteriores.
Arrate, también llamado Ixua o Usartza según se tome una ruta u otra cuando se está a punto de coronar, tiene 4,2 kilómetros de ascensión con una pendiente media del 9,76%. Apenas ofrece espacio para recuperar ya que la carretera mantiene los porcentajes sin descanso. Alcanza su punto de mayor dureza dentro del tercer kilómetro, con un 11%.
Arrate, siempre Arrate.
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