Los arquitectos despiden a Peña Ganchegui

Familiares, amigos y compañeros dieron el último adiós en Mutriku al arquitecto fallecido. «Ha sido uno de los máximos referentes de la arquitectura vasca»

ALBERTO MOYANO| SAN SEBASTIÁN.
Polémica torre de Zarautz. /MIKEL/
Polémica torre de Zarautz. /MIKEL

DV. Amigos, alumnos, colaboradores y compañeros de trabajo lamentaron ayer el fallecimiento del arquitecto Luis Peña Ganchegui, al que despidieron en el funeral celebrado por la tarde en la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción de Mutriku. Peña Ganchegui (Oñati, 1926), fallecido el jueves por la noche, «ha sido uno de los máximos referentes de la arquitectura vasca en los últimos sesenta años», según resumió el presidente del Colegio de Arquitectos de Gipuzkoa, Iñigo Lizundia.

Una de las personas con las que mantuvo una amistad más intensa y prolongada en el tiempo fue el ingeniero José María Elósegui, responsable del trabajo técnico en el emblemático de Eduardo Chillida. «Coincidí con Luis Peña -Luisito, para nosotros- en el Colegio de los Marianistas de San Sebastián porque somos de la promoción de 1944. En el mismo colegio, tuvimos mucha relación con los Chillida porque en nuestro curso estaba Iñako, hermano de Eduardo y de Gonzalo, que murió en accidente de moto. Posteriormente, Luis coincidió con Eduardo y Gonzalo en el Colegio Mayor de Madrid».

Complementarios

El ingeniero donostiarra también recuerda que «en las obras de , nuestras funciones fueron complementarias porque él trabajaba del mar hacia dentro y yo del mar hacia fuera. Además, su labor es mucho más artística en el sentido de que pone más de su parte que la mía, que es de servicio técnico». Durante los meses de trabajo, «las relaciones fueron normales porque aunque son dos obras que están pegadas completamente y son complementarias, la obra de Luis era el anfiteatro de la obra de Eduardo. Lo único en lo que tuvimos una relación común fue en los célebre agujeros, en los que Eduardo quería que saliese musicado el estribillo 'Askatasuna'. Al final, lo hizo el propio Luis y le salió muy bien, aunque lo que proponía Eduardo no parece posible».

En opinión de Elósegui, «la sordera le fue apartando un poco de todas las comidas que seguimos haciendo los de aquel curso. Creo que esa misma sordera hizo que no tuviera el lugar que verdaderamente le correspondía en el 30 aniversario de . Es una pena que no pudiera estar allí, un poco más presente».

Luis Chillida, que por la mañana se acercó hasta el domicilio familiar del arquitecto fallecido para trasladar en persona su pésame, considera «que aita admiraba mucho el trabajo que Luis había hecho en la Plaza de la Trinidad. Cuando pensaba en , recurrió a él porque tenía claro que ese tipo de proyectos no eran para acometer en solitario, sino que era muy importante tener integrada la parte arquitectónica. Salieron dos proyectos muy importantes: nuestro querido y la Plaza de los Fueros de Vitoria, con la que ahora se va a saldar una deuda, mediante su rehabilitación».

Chillida recuerda a Peña Ganchegui como «una persona exigente y peculiar en su forma de ser. Era arquitecto, pero veías que tenía algo detrás, que tiene un bagaje, una capacidad creativa y una forma de vivir la arquitectura».

El responsable de área de arquitectura de Tabakalera y antiguo alumno de Peña Ganchegui, Iñaki Galarraga, confesaba haber sido «muchas cosas junto con Luis Peña. Entre otras cosas, cofundadores de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián». Galarraga conoció a Peña «a través de Jorge Oteiza en el grupo Gaur. En 1965, tuvimos contactos en unos congresos en Tarragona, organizados por Oriol Bohigas, Federico Correa y Óscar Tusquets. Al terminar la carrera, vine a San Sebastián y me incorporé al estudio de Peña Ganchegui y Garay. Organizamos unas semanas culturales que desembocaron en la Escuela de Arquitectura del País Vasco».

A su juicio, «Luis Peña Ganchegui es uno de los referentes importantes de un personaje muy característico de la cacareada pluralidad vasca. Desde su disciplina, crea una impronta. Es un personaje característico de esa difícil manera de comprender la pluralidad vasca». Y sobre las actuales tendencias, asegura que el arquitecto fallecido «era contrario a la trivialización y banalización de la arquitectura, y por contra, era un gran creador tanto de cosas importantes como humildes».

«Un estilo propio»

Minutos antes de asistir al funeral, Iñigo Lizundia aseguraba que «su mayor virtud ha sido el intento de crear en su momento un estilo propio, alejándose de las corrientes internacionales. Quiso crear una arquitectura propia del lugar, huyendo de los folclorismos y de las arquitecturas más populistas. Por eso (Rafael) Moneo -conquien este periódico intentó contactar ayer, sin que fuera posible por encontrarse de viaje- dijo que Peña Ganchegui 'creo para el País Vasco una arquitectura culta y propia'». En cuanto a la faceta personal del fallecido, Lizundia considera que «era una persona entrañable, cercana y sencilla, alejada de la imagen de las actuales estrellas de la arquitectura».

Su predecesor en el cargo, Antón Pagola, recordaba que «como arquitecto, Peña Ganchegui lo fue de referencia en una época en la que, por un lado, hubo grandes nombres, pero por el otro, una arquitectura selectiva no era la opción más fácil. Peña Ganchegui eligió esa opción y toda su obra ha sido selectiva y de referencia». Pagola, además, considera que «desarrolló una sensibiildad especial hacia el paisaje y los espacios públicos». Su recuerdo es el de alguien «que no dejaba indiferente: o resultaba muy atractiva o lo contrario. Tenía una personalidad muy fuerte, que enganchaba, aunque podía ocurrir lo contrario. Era muy culto, pero no pedante ni erudito por acumulación. Y a la vez, estaba muy en contacto con la realidad de la naturaleza humana. Era un poco . Era sabio, no erudito», concluye.

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