La reina de Inglaterra

El 27 de marzo llegó a San Sebastián la reina Victoria I de Inglaterra y Emperatriz de las Indias.Su visita al palacio de Ayete es recordada en una columna homenaje existente en los jardines.

JAVIER SADA
La calle Zubieta en 1889, cuando llegó la reina de Inglaterra y en la actualidad. /LOBO ALTUNA/
La calle Zubieta en 1889, cuando llegó la reina de Inglaterra y en la actualidad. /LOBO ALTUNA

No era marzo el mes más habitual para las visitas reales, pero hace ahora ciento veinte años San Sebastián recibió a una de las grandes figuras de la monarquía europea: a la reina Victoria I de Inglaterra.

Apenas con diez años Alejandrina Victoria ya estaba destinada a ser la reina de los ingleses, pues dicha edad tenía cuando en un mismo año fallecieron su padre y su abuelo, sin que sus tíos tuvieran descendencia. Fue coronada en 1838 en la abadía de Westminster, y dos años más tarde casó con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo. La tragedia volvió de nuevo a su vida cuando otra vez en un mismo año, 1861, murieron su madre y su marido, haciendo que siempre vistiera de negro. Su gestión como reina, alcanzando importante desarrollo económico sin equivalente en el mundo y dominando territorios como India, Australia, parte de Canadá, casi la mitad de Africa... la condujo a la cumbre del mundo y de la historia.

Con estas señas de identidad se anunció su llegada a San Sebastián el día 27 de marzo de 1889. A las 10.59 llegó a Irún el tren enviado para trasladar a San Sebastián a la comitiva regia, viajando en el mismo el ministro de Estado, marqués de la Vega de Armijo, marqués de Casa Irujo, conde de Sepúlveda y el embajador inglés Sir Clare Ford.

El tren real británico, compuesto por seis coches salón y cuatro de primera, hizo su entrada en la Estación a las 12.25. Acompañaban a SS. AA. RR. la princesa Beatriz, princesa Federica de Hannover, príncipe Enrique de Battemberg, condes, barones, duques... el médico de la reina y una comitiva de indios «que llamaron grandemente la atención por sus caprichosos y orientales trajes».

Hecho el cambio de andén y cumplido el protocolo de los saludos, tomaron el tren que les conduciría hasta San Sebastián. El convoy español salió con doce minutos de retraso, pero el maquinista recibió órdenes de acelerar para llegar a San Sebastián a la hora prevista. Tanta fue la velocidad alcanzada que el embajador inglés dijo que «parecía estar en Escocia, que son los que más corren de toda Inglaterra».

En el Salón de Descanso de la Estación del Norte esperaba la reina María Cristina, venida a San Sebastián por este motivo; el Presidente del Consejo de Ministros, Sagasta, autoridades civiles y militares...

1889...

La Reina Regente vestía traje negro con abrigo de terciopelo bordado de azabache, y la reina Victoria llevaba abrigo negro corto de seda rayada y pieles negras con capota del mismo color y plumas. Cuando el tren hizo su entrada, la música del Regimiento de Africa tocó la Marcha Real Inglesa.

Todos besados y saludados se formó la comitiva que conduciría a todos hasta el Palacio de Ayete. Los disparos de la artillería anunciaron la salida del cortejo formado por diez carruajes oficiales y otros muchos donde viajaban servidores, representantes de la prensa extranjera y particulares llegados de distintos países.

La gente del pueblo y las personas de distinción se agrupaban en las aceras con el mismo objetivo de ver la regia comitiva y al paso de las soberanas desde los balcones se arrojaban flores y se soltaban palomas que atadas al cuello lucían largas cintas de colores.

Los soldados cubrían la carrera, los miqueletes la parte correspondiente a la Avenida y la entrada al Palacio de Ayete, y por doquier se habían instalado arcos triunfales.

Al llegar a los jardines la Banda de Africa interpretó el , se izó el pendón real inglés y a continuación se sirvió la comida. A las tres y media, tras recorrer las calles céntricas, llegaron las reinas y los príncipes de Battemberg al Ayuntamiento donde, por razones de tiempo, no se llegaron a esparcir sobre las alfombras de la escalera principal el millón de violetas traídas desde Niza para tal fin.

La Corporación Municipal y otras autoridades les acompañaron hasta el Salón del Trono y más tarde salieron al balcón central para presenciar el baile del aurresku «por parejas de aldeanos con trajes blancos y adornos encarnados del país». Veintiún cañonazos anunciaron la partida de la reina Victoria I.

S.M.B. la reina de Inglaterra y Emperatriz de las Indias «no podrá menos de ir completamente satisfecha del brillante, entusiasta y cariñoso recibimiento con que le ha distinguido el pueblo», dijo la prensa local.

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