¿Waterpolo en La Concha?

El Tximistarri, único club que ofrece la práctica del waterpolo en la ciudad, ha presentado un ambicioso proyecto, de cara al verano, para impulsar su práctica

OIER FANO DV.| SAN SEBASTIÁN.
Miembros del club Tximistarri posan antes de un entrenamiento a las órdenes de Ioseba Urrutia. /MICHELENA/
Miembros del club Tximistarri posan antes de un entrenamiento a las órdenes de Ioseba Urrutia. /MICHELENA

El Club Tximistarri monopoliza la práctica del waterpolo en la ciudad. Aglutina a dos centenares de deportistas en torno a esta práctica pero los exiguos medios con los que cuenta le impiden dar el espaldarazo definitivo, incluso ahora, cuando las cifras que maneja la Federación Guipuzcoana rozan el récord de fichas.

Ioseba Urrutia, entrenador, director técnico del club y miembro de la Junta, rezuma verdadera pasión por este deporte. Se define como un tipo «testaduro, tenaz» y por eso no se frenó cuando le rechazaron un proyecto de torneo, en el marco de la Semana Grande, en el Puerto, justo enfrente del museo naval.

Pero ahora maneja entre manos una idea mucho más ambiciosa y que podría dar a su club el impuslo definitivo para que Donostia cuente con un equipo en la máxima división estatal «alrededor de 2015 o 2016».

Urrutia y los suyos no pueden practicar waterpolo en verano por escasez de piscinas, y pretende colocar unas porterías hinchables en la playa de La Concha, durante el periodo estival, «para que todo el mundo juegue, incluso personas con minusvalías siempre que puedan nadar. La idea es que el campo se instale de 17 a 21 horas, siempre que el tiempo y las mareas lo permitan».

La idea empieza a germinar ahora, pero se originó con la llegada de Peter Planisek a la ciudad. Se trata de un joven italiano que vino de Erasmus. Practica el waterpolo y juega en la segunda división italiana. Como en su club, el Criese, le exigían seguir entrenando, se enroló en las filas del Tximistarri. Entrenaba todos los días, o bien con los senior o con los juveniles. Y se llevaba las manos a la cabeza al enterarse de que en verano no se podía practicar waterpolo ni darle un impulso. «¡El verano es la clave !», solía decir.

Urrutia acaba de entregar el proyecto al concejal de Playas, Alberto Rodríguez. «De momento le ha precido interesante», relata. El texto del Tximistarri pasará ahora por las manos de las instituciones, que deberán dar su visto bueno. El director técnico de los donostiarras es positivo. «Si se pretende impulsar deportes minoritarios hay que ser abierto de mente para aceptar proyectos alternativos, sobre todo por parte de disciplinas que cuentan con recursos exiguos y que deben suplir la escasez de dinero a base de ideas imaginativas».

Tximistarri se ha ofrecido a llevar el timón del servicio en la playa de La Concha. Serían necesarios la adquisición de dos porterías hinchables y el pago a un responsable que vele por el buen funcionamiento del proyecto. De todas formas, Urrutia y los suyos han propuesto varias alternativas de uso y puesta en marcha del proyecto.

«Quedan aspectos por pulir. Por ejemplo, la ubicación adecuada para las porterías. Creemos que lo ideal sería situarlas junto al gabarrón de La Concha, frente a los vestuarios públicos. A 15 metros de la zona de baño, para evitar la caída de balones a la zona de embarcaciones del lado del pasillo y a otros veinte metros del gabarrón».

La suerte está echada. En unas semanas Urrutia y los suyos recibirán una contestación. Lo cierto es que le han puesto ganas, imaginación, y todo con una actitud altruista en pos del desarrollo de un deporte al que aman y que se ahogaría en Donostia de no ser por el club Tximistarri, que cada día reporta más jugadores a la selección de Euskadi.