El voto nulo, la otra prueba decisiva

A. S.

Las elecciones autonómicas del 1 de marzo dibujarán un abanico político vasco complejo en el que la llave de la política de alianzas podría recaer en manos de las opciones minoritarias. Si el PNV y sus socios en la anterior legislatura -Eusko Alkartasuna y Ezker Batua- no lograsen 38 escaños, la mayoría absoluta, podrían requerir los votos de Aralar, que ya ha garantizado que no apoyará a un candidato «de obediencia estatal», en referencia al aspirante del PSE, Patxi López.

Los movimientos del tablero político vasco pueden depender del peso de los partidos minoritarios aunque el eje fundamental será la relación de fuerzas entre nacionalistas y no nacionalistas y los nuevos equilibrios que puedan alumbrarse en torno a ambos bloques. Si el PSE y el PP suman mayoría absoluta, se da por muy previsible que López presente su candidatura a lehendakari en la sesión de investidura y que resulte elegido. Los socialistas se plantean en principio formar un gobierno en solitario abierto a pactos con otras formaciones, una opción que en principio no parecía contar con el aval explícito de la dirección federal del PSOE si el PSE no consigue ser la primera fuerza en número de escaños. Sin embargo, lo más probable es que tanto la ejecutiva socialista como el propio Zapatero dejen hacer al PSE en su apuesta y explore nuevas alianzas en el Congreso que garanticen la gobernabilidad.

El otro test de los comicios será la incidencia real que pueda tener el voto nulo alrededor de las listas de D3M anuladas por el Tribunal Supremo. El peso de estos sufragios no válidos será un termómetro clarificador de la capacidad de movilización y de impacto social que puede conservar el mundo de la ilegalizada Batasuna, cuya opción por acudir con sufragios a las urnas con papeletas de D3M ha sido avalada por el último comunicado de ETA, que ha considerado «antidemocráticos» tanto las elecciones como el Parlamento que resulte de los mismos.

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