Porque yo lo canto

Cantar es la pasión de estos cinco jóvenes guipuzcoanos que aúnan calidad, experiencia, ilusión y la ambición por llegar a lo más alto

UNAI MARAÑA| SAN SEBASTIÁN.
Santi Romano y Mikel Antero, Maverick, suelen actuar en el Tenis donostiarra. /MICHELENA/
Santi Romano y Mikel Antero, Maverick, suelen actuar en el Tenis donostiarra. /MICHELENA

DV. «Cantar es la mejor forma de expresarse. Para mí, además, es una forma de crecimiento personal, de encontrarme a mí misma. El canto es una búsqueda de lo bello, que al final es una búsqueda de tu yo, de algo que ya tienes pero que tienes que sacar. Gozo cantando, pero además expreso emociones. Cuando cantas, eres tú mismo», convence Marifé Nogales. La soprano de Andoain comparte con Mikel San José, Miren Urbieta, Santi Romano y Mikel Antero tres cualidades: juventud, ilusión y calidad. Ellos son algunos de los muchos jóvenes que nutren la rica cantera vocal guipuzcoana.

MARIFÉ NOGALES

Soprano de Andoain

La niña que cantaba por las escaleras

Marifé Nogales ha vivido el canto con pasión toda su vida. Mirar hacia atrás le supone una catarata de emociones. «Son tantas experiencias...». No se olvida de nadie, menciona a todos sus profesores. Y también tiene un recuerdo agradecido para sus vecinos, su primer público fuera de casa, de cuando, muy niña, bajaba por las escaleras cantando.

En cuarto de EGB, su profesor de música, José Ramón Arteta, creó una orquesta de instrumentos entre xilófonos y flautas dulces, con 60 niños. Marifé considera esa experiencia «magnífica» su introducción en la música. Fue Arteta quien descubrió sus cualidades para el canto y la seleccionó, junto con tres niñas más de Andoain, para la coral Eresoinka de Tolosa, a donde comenzaron a ir a diario para ensayar. Al mismo tiempo, Marifé estudiaba sorfeo y acordeón, instrumento del que completaría el grado superior.

Dio su primer concierto como cantante solista con la orquesta de acordeones del Conservatorio de San Sebastián. Posteriormente, con 18 años, entró en un grupo de verbenas y bodas, «un trabajo muy duro». A los 20, ganó el concurso de ETB 1. Enseguida le llamaron para cantar una vez por semana en el programa de la misma cadena . Adquirió tablas y aprendió mucho en los cinco años que duró esa experiencia «genial». Todavía echa en falta la sensación del directo televisivo y el momento en el que la presentaba Xabier Euzkitze.

Durante esa etapa, Marifé también cantaba en un grupo pop y en el coro Eresbil, dirigido por Nekane Lasarte, quien le animó a encauzar su carrera por lo lírico. Marifé quería «experimentar qué podía hacer» con su voz. «Enseguida vi que era lo que realmente me gustaba. Le sacas más partido a tu voz, empleas más registros y otra forma de proyectarla, aprendes a utilizar todo tu cuerpo para cantar», describe. Entró en Musikene hace seis años y ha cantado varias veces con su orquesta. El pasado enero, debutó con la Asociación de Amigos de la Ópera de Bilbao (ABAO) en la ópera , de Handel. En Irun, gracias a la asociación Luis Mariano, ha interpretado el Querubino de de Mozart.

A sus 33 años, Marifé conserva intacta su ilusión. «Ya no tengo 20, pero todavía soy joven y tengo muchas cosas por hacer y un montón de ganas». Le encanta Mozart y sueña con encarnar a Carmen. Tampoco olvida que el canto es su trabajo, ha apostado por ganarse la vida así y eso supone «superación y dar lo mejor» de sí misma «siempre».

Está «muy feliz» con lo que está haciendo. Hoy canta en el Arriaga con la soprano Naroa Intxausti y la pianista María Vega. En verano, actuará en los festivales de Peralada y Santander en la ópera , y en agosto grabará la ópera de Verdi junto con Ainhoa Arteta. Ha colaborado en dos discos del cantautor Gontzal Mendibil. Y sigue cantando cuando baja las escaleras de su casa de Andoain, para disfrute de sus vecinos.

MIKEL SAN JOSÉ

Voz del dúo gospel The Upper Room

El Elvis de Amara

El pasado mes de enero, el donostiarra Mikel San José cantó el de James Brown en el concurso de Cuatro . Y volvió a entonarlo cuando el coro dirigido por Mikel Erentxun logró una victoria inesperada. «Fue un impresionante». Ahora, su madre asegura que, cuando sale a la calle en su barrio, Amara, «no puede ni andar» porque le paran los vecinos.

El tiene cuerda para rato. Ya les han salido tres conciertos en Gipuzkoa, y el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, les prometió que para actuar en Semana Grande no tenían más que decir fecha y lugar.

La música negra es el fuerte de Mikel San José y su gran pasión desde pequeño. Ha luchado «mucho» en pos de su sueño, vivir de la música, y todas las tardes, después de su trabajo de media jornada en una asesoría, recibe clases de canto y piano. Empezó a cantar en grupos hace 16 años, y hace siete entró en The Croppers, donde conoció al pianista Iñaki Miguel.

En un concierto en el Bukowski, mientras el guitarrista cambiaba las cuerdas, Iñaki y Mikel se animaron con un gospel, . Fue un éxito y además se dieron cuenta de que, como dúo piano-voz, se compenetraban todavía más que con el grupo, por lo que se animaron a crear The Upper Room, «la única formación de gospel en Euskadi».

Han promovido el ciclo de gospel de San Sebastián, del que se han celebrado tres ediciones. Mikel recuerda que, en la primera, el dúo consiguió llenar de público la iglesia de San Vicente. Los templos «lo tienen todo» para un cantante de gospel. «Es donde nació el género y donde más a gusto me siento». Mikel es creyente y lo considera un requisito para cantar este estilo. «Si cantas a Jesús, tienes que creer en él; si no, no sé de dónde vas a sacar el sentimiento».

Otra condición es la voz, porque el gospel «no es fácil». Precisa potencia y un timbre bonito, más aún si el canto debe destacar sobre el piano, como es el caso de The upper room. «Además, en este género, el público siempre te compara con los grandes cantantes negros y, si no tienes voz, se va».

Pero el gran ídolo de Mikel es Elvis Presley, y le dicen que su voz recuerda a la de . «Mi timbre se parece, salvando las distancias, porque ya me gustaría a mí ser como él».

SANTI ROMANO Y MIKEL ANTERO

Maverick

'Romantero' donostiarra

Santi Romano y Mikel Antero, Maverick, se definen con humor como «un matrimonio extraño» que ha sabido fusionar las influencias y las voces de ambos. Mikel juega con la potencia; Santi, con el detalle y la sutilidad. Como dúo de voces, guitarra y piano, versionean a, entre otros, U2, Bon Jovi, Sting y los Beatles, aunque cada vez meten más temas propios. También siempre cae alguna de Queen, aunque Mikel le tiene «mucho respeto» porque ha «crecido» con su cantante, Freddie Mercury, y su guitarra, Brian May, como «madre y padre, respectivamente». Fue el primero de los grupos de rock de los ochenta que le marcaron. Tras él vendrían Van Hallen, Bon Jovi.

Las influencias de Santi, en cambio, son de voces femeninas: Kelly Clarkson, Beyoncé, Christina Aguilera, Mecano... Romano y Antero se conocieron a finales de 2006 cuando Santi hacía de técnico de sonido en un musical producido por los Golden Apple Quartet, , en el que actuaba Mikel, quien ya era un rostro conocido por la serie . El primer concierto del dúo fue en el pub donostiarra Molly Mallone.

Maverick siempre actúa en ése pub o en el Wimbledon del Club de Tenis de San Sebastián. En este último, tocan una media de una vez al mes. Repetir escenario con un público cada vez más fiel al que cuidan les obliga a variar el repertorio, en el que también incluyen clásicos de la televisión.

Atienden a las peticiones que deja su público en su blog, . Ahora, Mikel actúa en el segundo musical para público joven de los Golden, . «Sobrevivo de la música», informa, pero le gustaría vivir de Maverick. En ello están. Santi lleva un mes en el paro en el que ya ha compuesto «dos o tres canciones. Siempre se saca algo bueno de lo malo», celebra.

MIREN URBIETA

Soprano donostiarra

Alumna y maestra

Miren Urbieta (San Sebastián, 1983) empezó a cantar con seis años, cuando entró en la escolanía del Corazón de María, de la que, al crecer, pasó a la coral del mismo colegio. A los ocho años, comenzó a estudiar música con el txistu, pero cuatro años después lo cambió por el clarinete, del que hizo el grado medio a la vez que estudiaba Magisterio en Educación Musical.

Descartó hacer el grado superior de clarinete porque «tenía muy claro» que le gustaba más el canto. Hizo la prueba para entrar en Musikene, donde se especializa en ópera y zarzuela. No ha abandonado el mundo de los coros, ya que dirige tres: la escolanía y la coral en las que cantaba y el Orfeoi Txiki, la agrupación de niños del Orfeón Donostiarra. En los tres ve «mucho talento» y siempre trata de animar a los más aptos y dispuestos para «que no se desenganchen».

Desgraciadamente, «la música se ve como algo secundario entre todo lo que hacen los niños ahora, como un hobbie, algo que no lleva a ninguna parte». Además, «requiere mucha disciplina, lo que tal vez no esté muy de moda». Pero «merece la pena, porque da muchas satisfacciones».

Miren ya ha participado en varias óperas. La última, , de Sorozabal, estrenada por Musikene el pasado sábado en el Kursaal y anteayer en Madrid. «Ha sido toda una experiencia» en la incipiente carrera de Miren, que tiene clara su meta: «Cantar, poder vivir de ello y disfrutar».