El temporal también dejó su huella en Urretxu

Las abundantes lluvias ponen a prueba la estabilidad de muchas partes de las laderas del monte Irimo. Una espectacular avalancha de barro corta el acceso a Santa Bárbara

FCO. JAVIER AGUADO GOÑI| URRETXU.
Una avalancha corta el paso hacia Santa Bárbara en Aikur. /AGUADO/
Una avalancha corta el paso hacia Santa Bárbara en Aikur. /AGUADO

DV. El lunes por la mañana, una avalancha de barro, tierra y arboles comenzaba a desplazarse ladera abajo, a la altura del regato que hace linde entre Ipeñarrieta y Aikur. Toneladas de tierra y barro empezaron a desplazarse irrumpiendo en la carretera de acceso a la ermita de Santa Bárbara, siendo precisamente la carretera la que hizo de dique de contención.

Al mismo tiempo, en la explanada de Odriozola, unos metros más abajo, también el terreno empezó a desmoronarse valle abajo.

Por último, la carretera, justo unos metros antes de llegar al hotel Santa Kutz cedía agrietando el asfalto avisando de que el terreno amenazaba con ceder igualmente.

Ninguno de los edificios de la zona, a excepción de los situados en el terreno de Odriozola, se han visto amenazados por el corrimiento de la ladera. En el caso citado uno de los inmuebles muestra grietas en ambas paredes.

La avalancha de tierra se llevó por delante el tendido telefónico que ya ha sido repuesto provisionalmente. Igualmente se ha procedido a asegurar la zona y proceder al aviso de corte de la circulación no solo de vehículos, sino también de personas, quienes podrá acceder al área de Santa Bárbara por el acceso de Pagoeta.

Los movimientos de tierras no son una novedad en nuestra localidad, dado que cada vez que padecemos un periodo de lluvias de cierta intensidad y la tierra se empapa y pierde consistencia, se produce el efecto lógico de la erosión de las aguas que desbordan por los acuíferos, basta que estos, con el tiempo, vayan minando el subsuelo para que en un momento dado se produzca el desplazamiento de pequeñas o como en esta ocasión grandes zonas.

Interpretando geológicamente lo que ocurre en la zona afectada no resulta difícil de entender. Aún lo es más fácil si uno se sitúa desde una ventana de la residencia y mira hacia Pagoeta. Bajando la mirada desde el palacio de Ipeñarrieta hacia las piscinas se puede percibir la sensación visual de un embudo. Es decir, las aguas que caen en la ladera del monte busca el valle penetrando hasta las rocas no permeables creando luego una erosión interior que dejará colgado el material haciéndolo deslizar. Materia de preocupación y análisis pues para abordar unas laderas que se muestran inestables, tras las lluvias.

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