El arte del maestro

EMECE

Después de 235 años de absoluto oscuro olvido, desde su estreno en Esterháza (Hungría) en 1773, el pasado 5 de julio volvió a ver la luz en el Festival de Aix-en-Provence, y anteayer, en total estreno, sobre las tablas del Teatro Arriaga, como broche del programa Bilbao Estación Barroca 08/09. Y nosotros aquí viéndolas, simplemente, pasar.

Estamos ante un divertimento escénico, ante un claro ejemplo de la comedia del arte, basado en el texto de Marco Coltellini, donde Haydn abre conceptos melódicos que pocos años después tomará, con absoluto lujo de pureza, su aventajado discípulo W.A. Mozart. La obra suena a Mozart, más concretamente a y en específico a su Despina.

La escenografía de Dell'Aeira, construida a base de módulos metálicos movibles y translúcidos, hace que esta producción, con puesta en escena contemporánea, sea de agradable visión y permita un acercamiento fresco a una música de hace tres siglos. Correcta y ocurrente la dirección escénica de Brunel, así como certera la musical de Rhorer al frente de un conjunto de cámara limitado en número pero de buena sonoridad.

Para quienes gozamos con la música del maestro de , el reparto vocal masculino presentado no fue certero, pues la voces de Paton (Filippo), de Prégardien (Nencio) y de Tatzl (Nanni), bien timbradas, carecieron de anchura y de registros graves. Excesivamente cortas.

Por contra, el elenco femenino fue otra cosa. La soprano Kringelborn, como Sandrina, tuvo una actuación digna y a veces muy acertada, con una buena técnica en los apoyos. La también soprano Melo, en el personaje central de Vespina, demostró un exacto dominio de la tesitura, con voz poderosa y un apreciable sentido escénico.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos