Y cantaron los ángeles

EMECÉ
Un momento del concierto en el que actuaron juntas las voces de los Cantores de Viena y las de la Escolanía del Easo. /USOZ/
Un momento del concierto en el que actuaron juntas las voces de los Cantores de Viena y las de la Escolanía del Easo. /USOZ

El creer que nos conocemos todos y que sabemos bien lo que hay en casa, suele llevarnos a sorpresas y a recapacitar sobre nuestra propia petulancia. Tal es el caso en relación con el concierto que aquí se comenta. Resulta que el donostiarra Javier Tros es un importante manager de eventos culturales y deportivos, muy conocido fuera de nuestros limitados ámbitos municipales y logra el impacto de que, por su contactos internacionales, ha podido tejer los mimbres necesarios para que los Niños Cantores de Viena hayan vuelto a las riberas del Urumea, con el apoyo entusiasta del proyecto global del Coro Easo.

Fue un concierto hermoso, lleno se sensibilidad y que sirvió para hermanar voces de quienes, ahora como proyectos de hombres, en un mañana cercano serán factores importantes, por su amor a la música, para hermanar afectos y tender puentes de concordia.

Abrió la velada la Escolanía Easo con el coro de niños de la ópera Carmen de Bizet, del primer acto, ejecutado con limpieza y pulcritud. Siguió, para cuatro solistas, el canto de los geniecillos del singpiel Die Zauberflöte de Mozart, para hacer una preciosidad con el Ave Maria de Guridi, cerrando sus primer bloque con la popular Agur Zaharra, armonizada por Tomás Aragüés. Los aitas y aitonas estaba felices.

Y cantaron los ángeles, tal así pareció cuando fueron entrando en el escenario los veintidós Niños Cantores de Viena interpretando el Salve Regina en un casi celestial gregoriano. Es una dimensión distinta, otra forma de cantar, con una impostación perfecta, otra técnica y, sobre todo, un especial sello de colores y de timbres. La emisión es pura, bien proyectada, claro que todo ello nace en casi veinte horas semanales de canto, cualificados estudios musicales, más disciplina -mucha disciplina-, más el prestigio para cada infante y su familia de estar en una formación que ha conocido a Mozart y a Schubert, entro otros.

Se atreven, incluso, a meterse en páginas complicadas para las voces blancas, como fue el caso de los tres fragmentos de Carmina Burana de Orff, en el que las graves tal vez requirieron un mayor apoyo en la emisión.

Qué mérito es cantar como lo hicieron seis de ellos la compleja polifonía que encierra Ego sum panis vivus de Caldara. Y qué decir de la preciosidad de voz del solista, tiple primero, cantando Anima nostra de Michael Haydn. Con la que está cayendo qué hermosa, a la par de apropiada, la canción de paz hebrea Shalom aleichem.

Tras el descanso, los pequeños vieneses volvieron a dejar patenta su incuestionable categoría, con momentos espléndidos como Vosotros que honráis al Creador Divino K 619 de Mozart y la genialidad del Widerspruch de Schubert.

Ambos coros cerraron la velada interpretando, perfectamente acoplados y mucho más que bien, el Ave María de Arcadelt. Bien por el Coro Easo. Todo un tanto que ha consolidarse con proyectos de intercambios.