El molino papelero Azpikoetxea, primer monumento cultural de Legazpi

El edificio acaba de ser inscrito en el Inventario del Patrimonio Cultural Vasco. El inmueble se unirá al Espacio Chillida, enriqueciendo el discurso sobre el papel

CRISTINA LIMIA| LEGAZPI.
Alberga parte importante de la maquinaria. /LENBUR-JAVIER LARREA/
Alberga parte importante de la maquinaria. /LENBUR-JAVIER LARREA

DV. Legazpi acaba de ver como el molino papelero Azpikoetxea es reconocido como 'monumento' dentro del Patrimonio Cultural Vasco. Un hecho de especial valor teniendo en cuenta que se trata del primer monumento cultural de la localidad.

El inmueble se ubica entre los pabellones fabriles de la antigua Papelera Patricio Elorza, S.A., diferenciándose de las naves vecinas por tener un aire menos industrial. Dedicado a la fabricación del papel durante el siglo XIX, su destino será ahora bien distinto. El edificio se convertirá en foco de investigadores, excavadores y arqueólogos, que trabajarán en descifrar cientos de años de historia en sus adentros.

El edificio, propiedad de Lenbur, se convertirá además en uno de los enclaves del Museo de la Cultura Industrial, proyectado por la fundación en la antigua Papelera Patricio Elorza, S.A. Cabe recordar que la primera pieza del mismo está cerca de convertirse en realidad con la inauguración del Espacio Chillida este verano.

Tal y como explica el director de Lenbur Aurelio González, el deseo de dar reflejo a la industrialización del País Vasco en la antigua papelera se verá reforzado con la presencia del molino, siendo éste el pilar ideal sobre el que construir el discurso en torno al papel, sector a tratar en el museo. Según informan desde Lenbur, el nombramiento de este monumento no afectará al Espacio Chillida, pero sí a la ordenación de viviendas contempladas en la zona por el Ayuntamiento, teniendo que desarrollarse un plan específico para reubicar parte de las mismas.

Historia a las espaldas

El molino data de principios del siglo XIX y es el único que existe

en la Comunidad Autónoma Vasca. Durante todo el siglo XIX y principios del XX se dedicó a la fabricación de papel. Mantiene la fachada de acceso en muro de mampostería, tratándose de un edificio de planta rectangular y dos cubiertas a dos aguas, que cuenta con planta baja, dos pisos altos y un sótano. La maquinaria que todavía guarda en su interior merece especial atención. Se conservan cuatro molinos de piedra con cuba de hormigón armado con dos piedras cada uno. Estos molinos dejaron de utilizarse en 1965, fecha en la que su trabajo pasó a ser desempeñado por un . Igualmente, el edificio alberga dos pilas de refino y dos tamices vibradores colgados con contramarcha, con motor propio que imprime el movimiento por el que la pasta de papel se desprendía de las impurezas. También encontramos una guillotina y restos de un secadero de papel entre otros. Cabe mencionar que en Legazpi, la manufactura papelera estuvo presente desde comienzos del siglo XIX, conviviendo con las pocas ferrerías que todavía trabajaban. La industria papelera nació al amparo de los molinos harineros, teniendo en Gipuzkoa una concentración importante en la zona de Tolosa. Tal y como recogen Beatriz Herreras y Josune Zaldua en el libro (editado por Lenbur), en 1805 un maestro papelero arrendó al marqués de Villalegre la recién construida Fábrica de Papel. Un arrendamiento en el que también se incluía la casa, la huerta y el propio molino Azpikoetxea. La fábrica pasó después por manos de varios arrendatarios, llegando incluso a estar abandonada. En 1865 fue a parar a Miguel Ignacio Echeverría (padre de Patricio Echeverría Elorza), que en 1892 obtuvo su propiedad. Años después pasó a Patricio Elorza y Olaverría (tío de Patricio Echeverría Elorza), yendo de generación en generación hasta convertirse en sociedad. Finalmente, cerró el 13 de marzo de 1999.

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