Jazz de cercanías

El invierno donostiarra se calienta con los conciertos de selección para las diez actuaciones que el Jazzaldia reserva a las bandas locales

ENRIQUE MINGO| SAN SEBASTIÁN.
Clausura del Jazzaldia 2007 con la Big Band de la Escuela de Música y Danza de Donostia./
Clausura del Jazzaldia 2007 con la Big Band de la Escuela de Música y Danza de Donostia.

DV. El Jazzaldia 2009 calienta el frío invierno donostiarra otorgando protagonismo a la escena músical más cercana y consolidando un 'aperitivo' muy atractivo: el de los conciertos que sirven para seleccionar a díez grupos del País Vasco para los escenarios de lujo en el mes de julio. Las quince formaciones preseleccionadas reconocen estar motivadas ya que consideran el Jazzaldia como un escaparate ideal para mostrar al gran público estival su calidad musical.

Dentro de estas quince agrupaciones que irán participando semanalmente en los directos programados en las salas donostiarras de Altxerri, Fnac, Branka y sala Club del Victoria Eugenia -los conciertos comenzaron el 9 de enero-, el abanico de estilos es muy variado y pone de manifiesto la diversidad musical que ha llegado a asimilar ese género indeterminado llamado jazz.

Así, formaciones que se presentan por primera vez al certamen como Flor Bergue + Cristina Montull Trío -todos estudiantes del Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene, en Donostia- intentan «revivir el estilo tradicional de club de jazz interpretando vocales de forma sencilla» y teniendo como referencia a músicos de la talla de Chet Baker o Billie Holiday.

También primerizo en el certamen es el trío New Mood. Los músicos, que formaron el grupo en 2007 en Pamplona, proceden de ámbitos musicales muy diferentes y reconocen influencias musicales de Astor Piazzolla, Richard Galliano, Paul Motian, Charlie Haden, Keith Jarrett o Maroco. El trío señala como su más notable peculiaridad el hecho de hacer jazz «con un instrumento como el acordeón, tan poco difundido en este género musical».

La libertad creativa del jazz también invita a la movilidad dentro de las agrupaciones. Esta es continua y fructífera, encontrando músicos que cambian con agilidad de formato o que participan en diferentes bandas a la vez. El grupo Organiks, que en años anteriores se clasificaron como Dynamic Trío y Fredi's quartet, ha ampliado la formación a quinteto «dándole mayor color con una sección de vientos» aunque mantiene el Hammon de Fredi Peláez como instrumento base y aglutinador de su «variada influencia musical que pasa por el pop-rock, blues, reagee...».

Los pamplonicas Broken Brothers Brass Band -formación compuesta por ocho músicos que ya participó el pasado año en el evento-, reivindican con humor sus influencias «de la tradición de las brass bands, el R&B, el funk, el gospel y el jazz más puro... estilos que casualmente confluyeron todos en Nueva Orleans». Los navarros, que se consideran fanáticos de bandas como Rebirth brass band, Dirty Dozen brasss band o Pothles brass band, han adecuado su formación «genuinamente de calle» y han incorporado la batería y las congas (en vez del bombo y la caja) y la guitarra eléctrica, para llevar con solvencia la fiesta callejera al escenario.

La fuerza de Musikene

La mayoría de las formaciones creadas en Donostia reconocen que Musikene es el gran motor que está dinamizando el mundo del jazz local. «Casi todos procedemos de Musikene y, de alguna manera -reconoce Fredi- ha sido el mecanismo para que muchos de nosotros, que estábamos un poco dispersos, hayamos encontrado la manera de hacer jazz, que es lo que más nos gusta».

El sexteto Altx6 podría ser un claro ejemplo de la vitalidad que ha generado esta escuela. Compuesto por músicos procedentes de diferentes rincones de España, a través de las clases de Musikene y las aperturas de las que se organizan semanalmente en la sala Altxerri, han ido consolidando un proyecto musical «orientado hacia el hard bop», comenta Roberto Lázaro, uno de sus miembros. «Es una evolución del be bop, los grandes músicos de Nueva York, en la decada de los 60, comenzaron a complicar más las armonías de los temas dando como resultado este estilo. Nuestro grupo de referencia podría ser Jazz Mesengers», comenta.

A pesar de que la gran mayoría de los músicos que componen estas agrupaciones han acabado sus carreras musicales -o están en ello-, casi todos ven un sueño «muy difícil de conseguir» vivir del jazz. La pianista catalana Cristina Montull asegura que «fuera de las instituciones públicas es muy difícil vivir de la música» y, tras reflexionar sobre lo poco que ayudan dichas instituciones, «salvo en fechas señaladas», y las muchas trabas que ponen a la iniciativa de los locales privados, ya que «no lo contemplan en sus leyes como una actividad cultural, sino de riesgo», se pregunta «de qué vivirían los músicos clásicos si desde las instituciones no se gastaran enormes cantidades de dinero en las grandes orquestas y programaciones de estos conciertos».

El organista de Organiks tampoco es mucho más optimista al respecto. «El panorama aquí no parece que vaya a mejorar mucho. Está el Jazzaldia y los cuatro conciertos que se organizan durante el año, que son pocos y mal pagados, ¡como para vivir de ello! Todos tenemos claro que debemos impartir clases y tocar otras cosas para ganarnos el jornal y que lo del jazz lo hacemos únicamente por amor a esta música».

Alberto Arteta -de los Broken Brothers- dice con humor, y parafraseando al poeta, que «en la actualidad ya vivimos de la música, incluso aunque comamos de otra cosa».

Aún reconociendo que no se trata de una música comercial, y que eso es un handicap para «buscarse la vida», todos coinciden en encontrar en el jazz la música «de la libertad e improvisación» con la que más disfrutan, y con «la que más creativos nos sentimos», recalca Fredi. «El día que decidimos hacer jazzno pensabamos en hacer un . Los parámetros por los que uno llega a esta música son otros. Escuchas una melodía, una armonía que te cautiva, todo lo demás es secundario».

De manera parecida se expresan los componentes de New Mood, para los que, después de haber participado de otros estilos músicales, «el jazz es el final de un camino en el que no hay vuelta atrás». Arteta, sin embargo, entiende el jazz «como una gran fiesta». De hecho su agrupación se formó un 9 de julio en Pamplona, bajo los efectos sanfermineros.

Abraham Roman, de Altx6, no tiene ninguna duda cuando dice que el jazz exige unos conocimientos y un trabajo al nivel de la música clásica. «Son muchas las horas que nos pasamos estudiando. Es con este estudio con el que conseguimos aprender un lenguaje que nos permite improvisar... pero que nadie piense que tocamos lo que nos da la gana. Encontrar un lenguaje propio es la gran meta de todo músico de jazz, algo muy difícil de conseguir».

Éxito popular

Que el Jazzaldia ha conseguido una importantísima capacidad de atraer al público a los conciertos que programa en sus diferentes escenarios es un hecho que nadie pone en cuestión y, aunque casi todos coinciden en señalarlo como uno de los mejores festivales y agradecen este tipo de certámenes paralelos, que ayudan a dinamizar la que vida del jazz local, también casi todos coinciden en afirmar que dentro de la programación se han escorado de una manera «peligrosa» hacia estilos más comerciales.

La pianista Cristina Montull cree que tanto éxito de público se ha logrado a base de programar grupos que «están lejos del jazz y que, cada vez más se acercan al pop-rock» y Fredi Peláez recalca que «si siguen en esta línea, dentro de poco, el festival va a ser difícilmente distinguible como festival de jazz». Sin embargo, «el caudal de gente es importante y supongo que al final eso es lo que prima», concluye el organista.

Los miembros de los Broken Brothers se muestran más enigmáticos en sus opiniones y zanjan la cuestión asegurando que «no tiene sentido ser un purista en nada, al menos para nosotros que somo amantes de la Gran Música Negra». Roberto Lorenzo cree que «sería bueno un mayor equilibrio entre la programación más comercial y la que pueda acercarse al jazz más díficil o de nuevas tendencias».