«Tenemos que reforzar nuestra presencia en el mundo del euskera»

Emprende su segundo mandato al frente de una institución que «debe adaptarse al mundo que tiene alrededor y dar respuesta a las nuevas necesidades»

NEREA AZURMENDI|
Andrés Urrutia, ante la sede central de la Academia, en Bilbao. /MIREYA LÓPEZ/
Andrés Urrutia, ante la sede central de la Academia, en Bilbao. /MIREYA LÓPEZ

Euskaltzaindia ha vuelto a confiar la gestión de la institución al equipo directivo encabezado por el jurista vizcaíno Andrés Urrutia, reelegido presidente de la Real Academia de la Lengua Vasca para los cuatro próximos años. Tal como lo ha hecho en su primer mandato, la junta directiva en la que Beñat Oihartzabal, Xabier Kintana, José Luis Lizundia, Andoni Sagarna y Andrés Iñigo acompañan a Urrutia seguirá avanzando en el proceso de adaptación de Euskaltzaindia «al mundo que tiene a su alrededor» porque «debe ser consciente de las nuevas realidades y, sin echar por la borda todo lo que ha hecho, tiene que adaptar su funcionamiento y sus esquemas de trabajo a las nuevas necesidades que está reclamando la sociedad».

- En los primeros compases de su segundo mandato, ¿qué balance realiza de los cambios que se han producido en Euskaltzaindia en los últimos cuatro años?

- En el activo destacaría la reforma estatutaria que ha posibilitado el acceso a la Academia de nuevas generaciones de euskerólogos y de personas implicadas en la vida social del euskera, así como, desde el punto de vista del funcionamiento, una mejor financiación y una mayor concreción de programas de investigación. Y todo ello desde la perspectiva de afianzar el papel de Euskaltzaindia dentro del mundo del euskera, de reforzar su institucionalización y sus relaciones con quienes ostentan la autoridad política y administrativa en los territorios en los que se habla euskera, con las universidades, las industrias de la lengua, las asociaciones...

- ¿Y en el pasivo?

- No hemos conseguido, como deseábamos, tener una relación mucho más fluida con los miembros correspondientes de Euskaltzaindia, y es algo en lo que tenemos que seguir trabajando. Tenemos que hacerles partícipes de nuestros trabajos y decisiones y activar su participación, porque entre ellos están las nuevas generaciones, los nuevos saberes, la diversificación, y ahí está el futuro de Euskaltzaindia. Es responsabilidad nuestra estimular su interés, proporcionarles facilidades y un buen ambiente de trabajo. Creo que todavía tenemos un déficit importante en nuestras relaciones con ese mundo del euskera en las que, quizás, tendríamos que mostrar una mayor flexibilidad y, si se quiere, una mayor profesionalidad.

- Todos los pasos que están dando se orientan hacia una mayor apertura de Euskaltzaindia. ¿Se adapta bien la Academia a esa creciente exposición pública?

- Lo que Euskaltzaindia no puede pretender es seguir operando con los esquemas con los que operaba hace 30 ó 40 años. En las últimas décadas la lengua ha evolucionado de tal manera y está en una situación de tal efervescencia que es absolutamente imprescindible que la Academia se adapte a la misma y que su grado de exposición sea mayor que el actual. Sin ceder un ápice en la exigencia intelectual y científica, pero siendo capaz de responder a las nuevas necesidades. Si la Academia en su labor de normativización no es capaz de proporcionar a la sociedad un instrumento útil, dúctil y fiable desde el punto de vista lingüístico, que sirva tanto para la investigación como para la calle, su trabajo dejará mucho que desear. Quizá tengamos que profundizar en la búsqueda de mecanismos para agilizar nuestra respuesta a la sociedad. A Euskaltzaindia nadie le debe nada, tiene que luchar y trabajar todos los días por tener un papel y estar presente en el mundo del euskera.

- Un mundo en el que cuando surgió, hace 90 años, estaba prácticamente sola, pero que ahora comparte con muchísimos agentes. ¿Cómo se plantea esa convivencia?

- Desde la colaboración, y ya lo estamos haciendo en proyectos como el observatorio del léxico, que compartimos con industrias de la lengua como Elhuyar, UZEI e IXA. Euskaltzaindia tiene que seguir investigando en los campos que le son propios y que otros no van a cubrir, pero no puede hacerlo si no tiene proyectos bien definidos, con una infraestructura mínima y una dotación adecuada de medios personales, financieros y de organización. Eso nos lleva a un esquema de trabajo diferente al de las clásicas comisiones, sin desmerecerlas pero sabiendo que tenemos que ir avanzando por la nueva vía.

- En esas nuevas fórmulas de trabajo colaborativo, ¿en qué es especialmente fuerte Euskaltzaindia?

- Yo creo que es fuerte en su visión de toda la realidad del país, algo que con frecuencia se olvida, y es fuerte también desde el punto de vista institucional en cuanto a la seriedad de su trabajo en los procesos de normativización en campos como la gramática, el diccionario, la onomástica, la toponomia, la dialectología... En cualquier caso, creo que tenemos que incidir mucho más en lo social, en el estatus de la lengua, y ser capaces de volcar en la defensa del euskera como valor colectivo nuestra fuerza moral como institución alejada de la política y de los gobiernos.

- ¿Ejercer una cierta diplomacia en torno al euskera, por ejemplo?

- Prefiero el término institucionalización porque soy jurista y tengo ese defecto profesional, pero sí, también se le puede llamar diplomacia. Euskaltzaindia, por su centralidad, ¿no podría realizar esa labor de diplomacia del euskera que, por otra parte, considero necesaria? La institución tiene casi un siglo de trayectoria en defensa de la lengua, desde una posición libre de ataduras ideológicas y políticas. Eso no significa que Euskaltzaindia sea apolítica y neutral, o que esté por encima del bien y del mal, porque sí tiene una política en relación a la lengua, pero no es deudora de ninguna ideología política concreta. Yo creo que no viene nada mal que en el ámbito del euskera, en los distintos territorios en los que se habla la lengua, exista una institución como Euskaltzaindia que puede hablar y trabajar con gobiernos de distintas ideologías porque su único interés es la defensa de la lengua, una defensa razonada y razonable, ordenada y coordinada con los que están trabajando a favor del euskera en cada uno de los territorios. En ocasiones, se ha puesto en solfa la labor que Euskaltzaindia puede realizar en ese terreno, pero yo creo que le pueden corresponder funciones importantes, como servir de foro amplio, de sitio de acogida a las distintas posiciones que puedan existir y explicitarlas ante al sociedad. Le puede corresponder también un cierto papel institucional o diplomático a través el cual transmitir a la sociedad que el euskera es un valor de todos.

- En los últimos meses se está produciendo en la CAV un debate sobre el futuro del euskera promovido por la Viceconsejería de Política Lingüística. ¿Cómo lo valora?

- En ese debate han participado varios miembros de la Academia y va en la línea de la convivencia entre lenguas y personas de cuya necesidad, al final, nos hemos convencido todos. En materia de lengua, mal lo tiene el que quiera implantarla a base de boletines oficiales, porque es la sociedad la que va haciendo su camino.

- ¿Y cómo valora, en general, el trabajo que se está realizando en materia de política lingüística?

- Creo que a veces lo que faltan son criterios, objetivos claros. A veces tengo la sensación, y lo digo a título personal, no como presidente de Euskaltzaindia, de que falta una cierta continuidad en el ámbito de la política de la lengua. Da la impresión de que cada político quiere poner su granito de arena sin acordarse de lo que ha puesto el anterior. A la hora de establecer una política lingüística falta también la configuración de la lengua como un elemento que debería permanecer un poco más ajeno al puro debate político, un elemento que todos deberíamos reconocer como valor, aplicando políticas coherentes y continuas por encima de las diferentes ideologías.

- ¿Una especie de pacto en torno al euskera que deje a la lengua al margen de los rifirrafes políticos?

- Esa puede ser una línea de trabajo, porque lo que tengo muy claro es que la lengua es una cuestión fundamental en la organización social, en la convivencia de la sociedad en su conjunto.

- ¿Podría realizar Euskaltzaindia alguna aportación en ese sentido?

- Podría, y probablemente no sería una mala idea hacerlo, no sólo desde la perspectiva de la legítima pugna electoral en la CAV sino desde la perspectiva de todos los territorios del euskera. Quizás no ahora, sino en un momento posterior... Euskaltzaindia ha vertebrado el euskera desde una perspectiva lingüística, pero también podría contribuir a hacerlo desde una perspectiva social. De momento, lo que tenemos que hacer es reforzar nuestra presencia en el mundo social del euskera.