El más aplicado de la clase

El traspaso democrático y pacífico del poder sitúa a Ghana como un país modélico en África en el campo de las libertades públicas

GERARDO ELORRIAGA
Seguidores de Atta Mills, el nuevo presidente ghanés, muestran una pancarta en la que aparece con Obama.  /REUTERS/
Seguidores de Atta Mills, el nuevo presidente ghanés, muestran una pancarta en la que aparece con Obama. /REUTERS

El pasado miércoles se produjo la ceremonia protocolaria de traspaso de poder en Ghana. El presidente John Kufuor, líder del derrotado Nuevo Partido Patriótico, cedió el mando a John Atta Mills, dirigente del Congreso Nacional Democrático. La diferencia entre ambas formaciones fue inferior a un punto, toda una tentación para la sublevación de los vencidos, pero tan sólo se produjeron algunas amenazas y boicoteos irrelevantes. La limpieza de los comicios fue ratificada por los observadores internacionales y no se ha dado cuenta de actos de violencia.

También existía un riesgo previo, derivado de la trascendencia de estas elecciones. El nuevo gobernante ha de guiar este Estado, favorecido por una envidiable estabilidad política, pero limitado por sus modestos ingresos, por la senda que lo convertirá en una potencia regional. A partir del próximo año, este país africano, dependiente del monocultivo de cacao, exportará en abundancia tanto petróleo como gas natural desde sus plataformas marítimas.

Hasta la fecha, Ghana ha sido una entre los regímenes ribereños del golfo de Guinea. Al oeste del país se acumulan los proyectos políticos fallidos, saldados con la barbarie, caso de Liberia y Sierra Leona, o la miseria y la represión, como Guinea Conakry y Guinea Bissau, mientras que al este se suceden frágiles y pobres repúblicas como Togo o Benin.

La historia local no alentaba un mejor destino porque, tras varios golpes militares, un teniente de vuelo tomó las riendas de la nación en la mejor tradición de dictadura vitalicia. Sin embargo, lejos de convertirse en un tirano populista, Jerry Rawlings propició la instauración de una democracia que limita los mandatos personales, respeta escrupulosamente la libertad de expresión y protege los derechos humanos.

Esta situación ejemplar ha impulsado la proyección internacional de su clase política. El presidente saliente, John Kufuor, también ha asumido la dirección de la Unión Africana, desde donde ha proclamado el reto de romper con la dependencia que sufre el continente de la ayuda externa o alertado sobre la influencia del cambio climático. Además, en los últimos años, Ghana ha proporcionado miles de cascos azules a misiones de paz e, incluso, un secretario a la Organización de Naciones Unidas.

Avances sociales

Desgraciadamente, el país de Kofi Annan también cuenta con sus propios conflictos internos. Cuatro millones de sus habitantes subsisten bajo el umbral de la pobreza, existen graves carencias en el ámbito de las infraestructuras básicas y un preocupante déficit de viviendas. La corrupción administrativa y la preocupante influencia del tráfico de drogas también influyen en desarrollo.

Pero el mayor problema radica en la divergencia entre el norte, agrícola y depauperado, y el sur, urbano y favorecido por la llegada de cuantiosas inversiones extranjeras. Para luchar contra esa disparidad, el Gobierno derrotado puso en marcha iniciativas pioneras en África como el programa de descentralización administrativa y financiera, cierto plan de previsión fiscal que favorezca la transparencia y disciplina recaudatoria en un mercado emergente, o el impulso estatal de la sociedad de la información. Por su parte, Atta Mills se ha comprometido a reforzar la cobertura sanitaria universal, a pesar de que la demanda europea y norteamericana despoja al país de buena parte de sus recursos humanos e, incluso, se ha comprometido a crear un gabinete en el que el 40% de sus carteras estarán en manos de mujeres.

En cualquier caso, las expectativas generadas por este modelo político, innovador, y la honradez de los dirigentes se pondrán a prueba en 2010.

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