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Así finalicé un artículo publicado en DV titulado «Volverá a ocurrir» el pasado 11 de mayo. Efectivamente, volvió a ocurrir. Hace poco más de un mes ETA volvió a asesinar, lo hizo en un municipio gobernado por ANV y quienes están en minoría al frente del ayuntamiento volvieron a mirar para otro lado, repitiendo la película de dependencia del terrorismo y de cobardía que tantas veces hemos visto.

En consecuencia con esta indignidad, el PNV encabezó públicamente la iniciativa para desbancar al alcalde de Azpeitia desde el primer minuto y, no sin dificultades, finalmente lo ha conseguido con el acuerdo de EA. Bien que me alegro. Y creo que, conmigo, todos los demócratas de Euskadi. Pero, tanto para que esta sociedad vaya recuperando la salud democrática que la enfermedad del terrorismo nos ha ido quitando en los últimos años, como para que no se pueda pensar que existen diferencias entre «blancos» y «negros» en pleno siglo XXI en un país próspero como el nuestro, hace falta que recapacitemos sobre lo acontecido hace unos meses en circunstancias similares para, posteriormente, enderezar el rumbo.

Cualquiera que siguiera con un poco de atención la intentona de desalojar democráticamente a la alcaldesa en minoría de Arrasate-Mondragón tras el asesinato de Isaías Carrasco, recordará como las razones que el PNV utilizó inicialmente para no apoyar la moción de censura aguantaron 24 horas. Ese fue el tiempo que tardaron en rectificar. En consonancia con lo que defendemos, reconocimos el acierto jeltzale públicamente y yo lo vuelvo a hacer hoy. Pero lo cierto es que los dos partidos socios del PNV en el Gobierno Vasco no propiciaron que la moción de censura saliera adelante, basándose en una serie de razones que, sencillamente, fueron excusas que evitaron lo imprescindible y que elevaron lo accesorio a categoría moral.

En toda democracia, en todo sistema colectivo de organización de la convivencia, hay una serie de líneas rojas que no se pueden atravesar. Son las líneas que separan la vida de la muerte, la democracia del totalitarismo, la dignidad de la indignidad. Estos principios, que han sido entendidos perfectamente por todos los partidos democráticos con representación en Azpeitia, no parecieron entenderse de la misma forma en Arrasate-Mondragón.

Hoy no sirven las excusas. Hay que centrar el debate en lo imprescindible, en los valores democráticos, en el ejemplo a la ciudadanía, en la pedagogía, en la dignidad de una sociedad, a fin de cuentas. Y a los ojos de la inmensa mayoría de la ciudadanía vasca, es incomprensible la equidistancia imposible que tratan de mantener EA y EB en Arrasate-Mondragón entre las víctimas de ETA y quienes les respaldan o entre quienes no tienen el valor de alzar la voz ante sus crímenes.

Sin restarles importancia para la vida de los arrasatearras, no importa si hay o no un programa de gobierno pactado por todos los partidos democráticos antes de presentar la moción de censura. En esta cuestión no estamos hablando ni de aceras, ni de parques, ni de tráfico. Porque, ¿qué clase de o de es aquella que prioriza los bienes materiales sobre la libertad del invidividuo? En la Euskadi del siglo XXI no sirven las excusas del pasado que mantienen a gran parte de nuestra sociedad atenazada por el silencio miedoso, que legitiman a quienes vulneran los derechos de la mayoría de la ciudadanía vasca, y que están en el origen del régimen totalitario que se ha impuesto en éste y en otros pueblos vascos, por la vía de los hechos.

Así pues, cuando disfrutamos de la mejor posición que jamás hayamos tenido en la lucha contra el terrorismo, necesitamos dar un salto cualitativo en la tarea de deslegitimación de quienes les amparan. A la sociedad le puede resultar ciertamente incomprensible la falta de una respuesta compartida por todos los partidos políticos democráticos en los ayuntamientos gobernados en minoría por ANV en general. Pero, sin lugar a dudas, estoy convencido de que a la sociedad le parece absolutamente reprochable que no pueda hacerse en el caso de Arrasate-Mondragón en particular. Sobre todo cuando sí ha sido posible en Azpeitia.

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