«La Espiga es más que un bar, por eso la rehicimos como un homenaje»

El 4 de diciembre reabrió sus puertas el Gran Bar La Espiga. Carlos Tejada, CCT Arquitectos, cuenta la reconstrucción

BEGOÑA DEL TESO
En el reservado de La Espiga con la obra de Laborde de fondo. /APREA/
En el reservado de La Espiga con la obra de Laborde de fondo. /APREA

N acido en una villa de la falda de Igeldo y afincado en Barcelona, es una de las dos partes contratantes del estudio CCT, siendo su compañero de obras Conrado Carrasco. En tiempos venideros oiremos hablar mucho de este estudio barcelonés porque estará presente en una poderosa reconstrucción. Hoy, Carlos nos cuenta La Espiga, «posiblemente la obra particular más importante y emblemática realizada en esta ciudad desde hace tiempo».

- Diablos, ¿quién ha puesto ese cartel de 'Gran Bar La Espiga'? Pelín fardón, usted perdonará.

- ¿Te has fijado que no es de plástico ni tiene neón ni fibra de vidrio ni acero reforzado?

- Ahora que lo dice... parecen madera y pintura de las de toda la vida.

- Que sea así, ¿no te sugiere nada?

- ¿Que es muy antiguo?

- ¡Bingo! Exactamente, de 1928.

- La Espiga se fundó aquel año. Ya tenía pues ambición de grandeza y permanencia.

- Estábamos pensando qué cartel poner en la nueva Espiga y, al retirar el de fondo blanco y letras negras que creíamos de toda la vida y hemos colocado en el reservado, descubrimos debajo este otro, más auténtico todavía. Y lo conservamos, sin dudarlo.

- La nueva barra es de hierro. Se diría una escultura...

- La ideamos como tal, jugando con volúmenes, espacios y formas y haciéndola, de alguna manera, prolongarse hacia las escaleras. Es hierro oxidado.

- ¿Y la normativa, cualquier normativa, permite colocar banderillas, pan y otros alimentos sobre hierro oxidado?

- ¡Mujer! Ha tenido un tratamiento de barnices que consolidan el óxido y le hacen perder totalmente su calidad de roña, si es eso lo que te disturba.

- También me preocupaba, no crea, por los dueños y los camareros. Pensaba cómo diablos se limpia el hierro oxidado.

- Déjame que aproveche tu reflexión para dar las gracias a la familia Castro, dueños desde el 28 de La Espiga, promotores de este gran cambio. Tras argumentarles cada actuación nuestra concienzudamente, han aceptado nuestras ideas dándonos total libertad. Mira que, por ejemplo, bien asustados estaban con la idea de utilizar el mismo pavimento de la calle para el suelo de La Espiga. Sabían que los ladrillos hexagonales se manchan fácil.

- ¡Es verdad! Estoy pisando la calle San Marcial. ¿Cómo se les ocurrió?

- Muy sencillo: porque en esta ciudad se va de bares por la calle, se txiquitea en la calle. Queríamos que La Espiga fuera una prolongación del pavimento donostiarra. Y, ¿sabes? ésta va a ser la acera más limpia de Donostia.

- ¿Por?

- Porque es la única que se friega diariamente.

- Touché! Oiga, puntazo absoluto la reproducción en 'veladuras de barniz coloreado sobre fondo metálico' de los lienzos de Sert presentes en el Museo de San Telmo.

- Cuando asumimos la reconstrucción de La Espiga sabíamos que íbamos a trabajar en, con y para algo que había sido, es y será más que un bar. En realidad, es parte de la historia y de la vida de esta ciudad. Sentíamos una responsabilidad tan histórica como social. Por lo tanto quisimos que esta rehabilitación fuera también un homenaje. Un homenaje al pueblo guipuzcoano. Por eso utilizamos los lienzos de Sert. Para hablar de una tierra de navegantes, armadores, ferrones... En colaboración con la empresa Druck de sistemas gráficos hemos obtenido unas telas muy especiales que ocultan la lana acústica que insonoriza el local. Un detalle, la barra bajo los lienzos es un corte de la primitiva barra de La Espiga. Como la mesa del fondo es la primera mesa de su cocina.

- El techo... aprovecha los volúmenes de la escalera de la casa y juega con maderas muy bellas.

- Queríamos reproducir, en nogal, haya, roble y cerezo, los estratos rocosos de la costa guipuzcoana, sin olvidar el toque absolutamente utilitario. Esas estrías de madera autóctona contienen las luces, el aire acondicionado...

- Las mesas se dirían un damero.

- Son algo más que eso, reproducen el modelo matemático, las proporciones con las que jugó el arquitecto Cortázar para crear el San Sebastián moderno.

- Guau! El cuadro del fondo, con una profundidad exquisita, es de Eduardo Chillida Belzunce.

- Pintado desde un balcón que desde esta manzana da al mar. Es decir, reproduce la bocana de La Concha tal como se vería desde La Espiga si no hubiera casas por medio.

- Cuadro que baja hasta la planta inferior.

- Donde hemos rescatado ya esa piedra, esa roca, típicas también de la construcción donostiarra. Y creado el suelo con 60 metros cúbicos de arena que queremos nos hagan soñar con La Concha.

- Nos quedan sólo unas líneas. Hablemos del descansillo.

- Es uno de nuestros rincones preferidos porque manifiesta que la normativa no tiene que ser una traba para el arquitecto sino que puede convertirse en acicate y provocar soluciones creativas. La ley exige un descansillo en la escalera. Nosotros lo hemos puesto pero nos sirve de punto de contemplación puesto que el cliente que baje verá desde aquí, a través de la gran cristalera, la cocina en pleno rendimiento.