«Las personas muestran más de sí mismas con lo que hacen que con lo que dicen»

El periodista donostiarra recopila en un libro reportajes sobre esas personas extrañas que se dedican a mejorar una parcela del mundo

ALBERTO MOYANO
El autor, en Donostia, con un ejemplar de . /USOZ/
El autor, en Donostia, con un ejemplar de . /USOZ

El vecino que repartía bastones para el Camino de Santiago, el jubilado que cuida con mimo el Monte Ulía, el hombre que hablaba con las raíces o el último pastor trashumante son algunos de los veinticinco protagonistas de . El periodista y escritor Ander Izagirre (Donostia, 1976) recopila en este libro, publicado por la editorial Altair, veinticinco reportajes publicados en 2007 en el suplemento de este periódico . Partidario del periodismo de la experiencia, Izagirre no se limitó a charlar con los protagonistas de sus historias, sino que les acompañó en sus quehaceres diarios. El resultado fue que, tal y como reza un viejo dicho, el periodista acudió a cubrir el paisaje, pero fue el paisanaje el que le cubrió a él.

- ¿Cómo surgió la idea de realizar este trabajo?

- Fue un encargo de DV para hacer una serie de reportajes destinados al suplemento del verano. En principio, se planteó hacer unas visitas y recorridos, típicas excusiones veraniegas, pero fui buscando gente que conociera bien esas zonas para sacar alguna historia diferente a la que ya se cuenta en guías y folletos y, poco a poco, me fui dando cuenta de que esa gente a la que recurría era más interesante que el propio lugar. Era gente con una dedicación absoluta a cuidar o conocer un lugar. Pensé que quizás era más interesante contar estas historias humanas que describir un escenario.

- Lo fácil quizás hubiera sido caer en el tópico y presentarlos como locos geniales.

- La reacción de todo el mundo -también la mía- al conocer a alguien que está todos los días del año desde hace veinte cuidando los caminos de Ulía es pensar: 'qué maniático. ¿No tiene otra cosa que hacer?' Hay otros casos, como el de Juan Reguillaga, que incluso tienen un componente sobrenatural, porque cuenta toda una historia de apariciones y dice que mira al sol y ve a sus padres. La primera reacción es mirar por encima del hombro o, simplemente, no tomarles muy en serio, pero luego te das cuenta de que eso también es un aprendizaje y te vas dando cuenta de que es un impulso personal muy fuerte que probablemente los demás no compartamos. Sin embargo, no me interesa eso, sino ver qué surge de ahí. El que ve a sus padres en el sol tiene toda una historia de cómo con las raíces muertas acaba creando un arte, muy humilde pero muy interesante. O lo que hace Joxetxo, bendita manía, cuidando los caminos de Ulía por los que hemos paseado todos. Al enfocar los reportajes procuraba no darles ese tono morboso de 'mira, te voy a presentar a un chalado' porque es una falta de respeto. No quería hacer una galería de gente rara, sino contar historias de personas que, por un impulso, hacen cosas muy buenas.

- ¿Y qué buscan estos 'cuidadores de mundos'? ¿Quizás nada?

- Le he dado vueltas al asunto y creo que la respuesta es muy sencilla: simplemente, es gente buena y humilde. Tiene ese impulso de cuidar algo por el mero hecho de que los demás lo disfruten. No alardean. La mayoría es muy humilde y no da importancia a lo que hace. No reivindica premios ni subvenciones. Es pura bondad.

- ¿Cree que este impulso es universal y que en todas partes habrá gente similar?

- Claro, es curioso, porque el libro está publicado en una colección de viajes en la que los demás libros hablan de China, de Birmania y de España en general. Sin embargo, creo que encaja ahí. Al leer el libro, a algunos se les ha ocurrido la idea de hacer lo mismo en Cataluña, por ejemplo. Esto se podría hacer en cualquier lugar del mundo. Personas así hay en todas partes. Hay que saber buscarlas y estimar el mérito de lo que hacen. Seguro que ese impulso es universal, al menos, en cierto número de gente. Esto te reconforta. Mucha gente, al leer estas historias, ha pensado que hay gente buena. Te ayuda a recuperar la esperanza en la gente.

- El protagonista de una de las historias ya ha muerto.

- Sí, desapareció hace meses, encontraron un cuerpo y lo identificaron como Luis García Vidal en vísperas de que el libro se presentara en San Sebastián. Es muy curioso porque su tema era precisamente la muerte. En muchas de estas historias veo intentos de afrontar problemas que nos comen la cabeza a todos, como la muerte. Este hombre tenía una respuesta: construir calaveras gigantes y hacer montajes de coches colisionados. A raíz de una experiencia muy fuerte con un hermano que murió de cáncer y de un accidente de tráfico, asumió que la muerte es algo natural y comenzó a hacer esas calaveras. Otra pequeña rama de un arte humilde pero muy verdadero, porque responde a una inquietud auténtica. No lo hacía para ganarse la vida ni obtener premios, sino porque quería resolver su angustia y lo hacía construyendo calaveras.

- Sin embargo, ese parque de calaveras situado en Estella ha quedado en estado de abandono. ¿Cree que estos 'cuidadores de mundos' tienen la batalla perdida?

- Creo que no. Quiero pensar que habrá relevos. La media de edad es bastante alta, pero es lógico porque uno tiene más tiempo cuando se jubila. Además, es probable que uno necesite tener más de cuarenta o cincuenta años para centrarse en algo así, olvidándose de otros afanes. Esta gente irá desapareciendo, pero el impulso de cuidar paisajes y cosas se mantendrá. De hecho, mi otra pequeña satisfacción es que, al morir ese hombre, me di cuenta de que su historia quedará guardada en el libro, aunque las calaveras y el parque desaparezcan.

- Empezó viajando muy lejos y ha acabado concentrándose en su entorno.

- Sí y eso es algo de lo que me doy cuenta a posteriori. Ha sido sin querer. Empecé con el viaje de , en el que estuvimos nueve meses por Australia, África, Oriente Medio y otros lugares. Fue un aprendizaje impresionante sobre el viaje y la escritura. Luego hice la vuelta a España en Vespa. El día que estaba en Ulía, me di cuenta de que estaba trabajando en el lugar al que iba dos veces por semana para despejarme. Mientras tomaba notas de lo que me contaba Josetxo Mayor me di cuenta que estaba haciendo lo mismo que en Australia: un reportaje de viajes. Soy consciente de que esto no lo hubiera podido hacer con veintitantos años porque no hubiera estado preparado. Ahora, llevo dos años trabajando sin salir de un radio de 150 kilómetros.

- El libro celebra el interés del paisaje humano sobre el arqueológico o incluso el natural.

- Claro. La pena es que al plantear estos temas parece que el resultado va a ser una historia muerta y aburrida. Lo bueno es descubrir que hay vida y que se puede relacionar con historias vitales que nos remueven. Al final, casi me parecía más interesante la persona que me enseñaba el lugar que el lugar mismo. Fui a Leitzaran a hacer un reportaje sobre el valle, pero me encontré con Xabier Cabezón, que lleva treinta años recorriéndolo y que tiene una página web con la enclopedia del valle. Leitzaran está muy bien y recomiendo la visita, pero me interesa más la historia de Xabier. De hecho, el pequeño disgusto que tengo con la foto de la portada del libro es que casi apunta más a un libro de historia o de arqueología. Yo quería que saliera alguno de los personajes entre sus trastos.

- ¿Teme encontrar a partir de ahora cuidadores de mundos a cada paso?

- Sí, pero hace falta caer en la cuenta y, luego, incidir en lo que te interesa. Tú puedes ir donde una persona y preguntarle sólo por los molinos y las ferrerías, pero si te das cuenta de que detrás hay otra historia también puedes tirar por ahí. Al hacer estos reportajes, no quedé en una cafetería para que me contaran su vida, sino que recorrí los paisajes con cada una de estas personas. El reportaje ganaba mucho si les veía actuar porque me permitía acceder a detalles que no surgen en una conversación.

- ¿Por ejemplo?

- Juan Reguillaga ya había salido en muchas entrevistas bien interesantes, pero yo le pedí que fuéramos a pasear por el bosque. Claro, no es lo mismo ver cómo se mueve entre los árboles, cómo escarba en busca de raíces y cómo luego lo tapa para que ningún animal se tuerza una pata. Todo eso da al personaje otra dimensión. Una cosa es lo que el cuenta, pero a veces las personas muestran más de sí mismas con lo que hacen que con lo que dicen. En una charla con estudiantes de periodismo, les insistí mucho en que no todo se puede hacer con el Google y que hay que hacer periodismo con botas.

- ¿Próximos proyectos?

- Tengo uno que es casi lo contrario y pasa por volver a abrir el mapa mundi. Para 2009, quiero retomar la idea de , me gustaría escoger escuelas del mundo que están en sitios muy especiales, de forma que con cada viaje se puedan explicar infancias muy distintas: desde un niño que está en el Potosí, que tiene que trabajar en la mina y luego va a la escuela, hasta otro que pertenece a una familia nómada en Mongolia. O en el Ártico, en las islas Svalvard, donde no hay hambre ni guerras, pero vives a treinta bajo cero y a oscuras tres meses. Quisiera hacer una lista con estas historias y recorrerlas.

amoyano