El reloj del Boulevard controlaba los trolebuses

JAVIER SADA
Cuando el clásico reloj del Boulevard pasó a ser un Solari./
Cuando el clásico reloj del Boulevard pasó a ser un Solari.

Corrían los primeros días del mes de diciembre de hace casi medio siglo cuando la periodista Mayor Lizarbe ya reconocía que el ritmo de vida alcanzado por los seres humanos era vertiginoso... Todos corriendo, me gusta decir, para no ir a ninguna parte y encima llegar tarde... y claro, para semejante ajetreo el reloj es imprescindible... un reloj fiable, un reloj que si no da por lo menos marque la hora son exactitud, porque las quejas por los «relojes parados» durante décadas han sido, y siguen siendo, temario habitual de las .

Primero fueron los de cuerda... que si el funcionario se olvidaba de darla, o se estropeaba... la lluvia, el viento... Luego otros más que no precisaban cuidado humano... pero que siempre adelantaban, atrasaban o sencillamente no funcionaban.

Los hubo clásicos, modernos, de diseño exclusivo y elegidos por catálogo. Los hubo anónimos, con personalidad, típicos, florales y, entre todos ellos, uno que destacó sobre los demás: el reloj del Boulevard donde .

Pero por fin, después de un siglo de andadura, llegó el reloj perfecto: el . ¿Tanto como la sirena que obliga a todos los donostiarras a mirar su reloj para ver si de verdad son las doce?... Pues sí: el nuevo reloj siendo más exacto y más claro que los anteriores «dirigiría la circulación de los transportes públicos»...

Se trataba de un nuevo sistema de la industria relojeril que ya podía verse en la fachada de algún Banco de la ciudad pero que, con carácter oficial, instaló la Compañía del Tranvía en su que era el Boulevard sustituyendo «al de toda la vida».

Se trataba de un reloj de la casa Solari, ubicada en Trieste (Italia), inventado en 1946 y de , es decir, que ¡gran novedad! marcaba la hora directamente sin necesidad de saber leer ... Las 15,40... las 18,42... no era necesario calcular la hora porque la pantalla lo decía todo.

Su representante en San Sebastián era el señor Rubio, con establecimiento en la letra E de la calle Zubieta, y a quien quisiera oírle decía que se trataba de un reloj de tan grande precisión que era perfecto para la salida de trenes, aviones... o, como en caso donostiarra, trolebuses.

Y así fue como San Sebastián se incorporó al de las más avanzadas ciudades de Francia, Suiza, Inglaterra, Bélgica... aunque no faltaron críticas sobre el modernismo de su diseño que contrastaba con el reloj del Boulevard que había venido a sustituir.

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