ETA asesina en Azpeitia al constructor Inaxio Uria

Un etarra con un cómplice disparó a su víctima dos tiros en el pecho y en la frente. El empresario, de 71 años, se dirigía a un bar cerca de su empresa para jugar a cartas

JAVIER GUILLENEA| SAN SEBASTIÁN.
Responsables judiciales examinan los restos mortales de Inaxio Uria. /IGNACIO PÉREZ/
Responsables judiciales examinan los restos mortales de Inaxio Uria. /IGNACIO PÉREZ

DV. Inaxio Uria Mendizabal se convirtió ayer en el trágico destinatario del mensaje de ETA a las empresas implicadas en la construcción del Tren de Alta Velocidad. La organización terrorista, que durante meses ha amenazado y ha atentado contra las constructoras que participan en las obras de la infraestructura,

dio un paso hacia el abismo en su estrategia contra el TAV y lo hizo mostrando sus únicos argumentos.

Las razones de ETA fueron dos balas, una en el pecho y otra en la frente. Los dos proyectiles acabaron con la vida de Uria Mendizabal, azpeitiarra de 71 años, copropietario de la constructora Altuna y Uria, que participa en las obras del Tren de Alta velocidad.

Inaxio Uria, jubilado desde hace varios años, tenía varias pasiones que se hallaban concentradas en un área de poco más de doscientos metros cuadrados. Se trata de una zona muy próxima a la basílica de Loiola. En ella se ubican su domicilio, la sede de la empresa que había fundado en 1969 y el restaurante Kiruri, al que iba todos los días para jugar una partida de cartas antes de ir a comer a su casa. En esa franja de terreno, donde se reunía todo aquello que conformaba la vida de Uria, ETA asesinó al empresario.

Inaxio Uria habría cumplido 72 años el próximo 4 de enero. Tenía cinco hijos -dos mujeres y tres varones- y llevaba una existencia tranquila y rutinaria. Casi todos los días, a la misma hora, hacia la una de la tarde, el constructor se dirigía al Kiruri, donde se juntaba con un grupo de amigos con los que acostumbraba a echar una partida de mus durante media hora para ir después a comer a su casa. Antes, solía pasar gran parte de la mañana en las oficinas de su empresa o visitando alguna de las obras que tenía contratadas.

Unos treinta años

Como tantos días, Uria aparcó ayer su coche en una pequeña calle situada entre su empresa y el bar. Descendió del vehículo y sólo pudo dar unos pocos pasos antes de que dos etarras le mataran. Según el Departamento vasco de Interior, los autores del atentado fueron dos hombres de unos 30 años. Mientras uno de ellos permanecía en el interior de un automóvil robado poco antes, el otro, encapuchado, se acercó a su víctima y le disparó tres tiros.

Un amigo del empresario que caminaba varios metros por delante oyó los disparos y al volverse sólo pudo ver a Uria tendido en el suelo. Dos de los proyectiles le habían herido de muerte.

Una ambulancia de la DYA y una UVI móvil de Osakidetza acudieron a los pocos minutos y durante casi una hora estuvieron realizando maniobras de reanimación, pero no consiguieron recuperar al herido. Mientras los sanitarios trataban de salvar la vida del empresario, varios compañeros suyos sujetaban una tela a modo de paraguas para proteger al herido de la lluvia que caía.

Los testigos del atentado declararon a la Ertzaintza que los autores del crimen se habían dado a la fuga en un Alfa Romeo, por lo que de inmediato se dio la alerta y se estableció un amplio dispositivo de controles y patrullas en varios municipios del entorno para localizar a los fugitivos.

La búsqueda concluyó en el alto de Itziar, a unos 25 kilómetros del lugar del atentado, el mismo lugar donde todo había comenzado. Poco después de las nueve de la mañana, tres miembros de ETA acudieron al lugar en un coche y se dispusieron a esperar. Hacia las 9.30, lograron sorprender a un joven conductor que viajaba en un Alfa Romeo. Tras amenazarle e identificarse como miembros de ETA, lo ataron a un árbol y le vendaron los ojos.

Vigilancia

Dos de los etarras tomaron el coche y se dirigieron hacia Azpeitia mientras el tercero se quedaba vigilando a su rehén para evitar que se librara de sus ataduras y avisara a la Policía.

Como los etarras conocían las costumbres de su víctima, sólo tuvieron que esperar a que llegara la hora de su traslado habitual hasta el Kiruri para tirotearle. Una vez cometido el atentado, los terroristas volvieron hasta el alto de Itziar, al que tardaron en llegar cerca de media hora, recogieron a su cómplice y prosiguieron su huida con los dos vehículos dejando a su rehén atrás.

Varios kilómetros después abandonaron al Alfa Romeo, en cuyo interior dejaron un dispositivo para provocar un incendio, y huyeron en el coche con el que habían llegado por la mañana hasta el lugar.

Mientras los etarras continuaban su fuga, la Ertzaintza ponía en marcha una operación para tratar de capturar a los fugitivos. Un helicóptero de la Policía vasca divisó desde el aire el coche en llamas y alertó a las unidades de tierra, que enviaron varias dotaciones de expertos en desactivación de explosivos y a agentes de la Policía judicial para buscar evidencias en los restos del vehículo. Para entonces, el conductor del Alfa Romeo había podido liberarse de sus ataduras y bajó hasta un polígono industrial desde donde telefoneó a la Ertzaintza.

La Policía autónoma, que acordonó la zona del atentado, donde permaneció el cuerpo hasta pasadas las tres y media de la tarde, encontró tres casquillos de bala que fueron entregados a los expertos para averiguar si fueron disparados por la misma pistola empleada el pasado 7 de marzo para asesinar al ex concejal socialista de Arrasate Isaías Carrasco.

Los etarras que asesinaron ayer a Uria utilizaron la misma táctica que la empleada para matar a Carrasco. En ambos atentados, todavía por esclarecer, la organización ha recurrido al método de assinar con una pistola a sus víctimas. En ambos casos, se trataba de dos objetivos relativamente 'sencillos' para los terroristas, ya que carecían de escolta y llevaban una vida completamente normal, con costumbres rutinarias.

Tanto Uria como Carrasco fueron asesinados muy cerca de sus domicilios en una hora cercana a la una de la tarde. Además, Azpeitia y Arrasate distan apenas 40 kilómetros por buena carretera, apenas veinte minutos de viaje, en un zona de Gipuzkoa en la que ETA ha contado tradicionalmente con cierta infraestructura.

La Ertzaintza analiza ahora los casquillos de bala encontrados en el lugar del atentado en Azpeitia para tratar de determinar si la pistola podría haber sido utilizada en algún asesinato anterior. Sobre todo, la Policía intenta averiguar si la persona que ayer mató a Uria es la misma que asesinó al ex concejal socialista en Arrasate, a quien le dispararon cinco proyectiles del calibre 9 milímetros Parabellum.

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